Domingo, 12 de Octubre 2025
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Pa´ que vean que en Tecolotlán también hace aire…!

De viajes… y aventuras

Por: EL INFORMADOR

-Tecolotlán… Tecolotlán… Pos pa` donde está ese pueblo tan mentado que le nombran Tecolotlán, quesque está bien bonito y tiene cosas que vale la pena conocer- dijo aquel cuate que ya ni me acuerdo como se llamaba. Pero de lo que si me acuerdo es que era desos que linteresan las cosas bonitas de nuestras tierras de aquí de México.

No, no es extranjero de esos que andan buscando cosas de las que tenemos aquí, que aunque son bien bonitas ni las apreciamos. Ha de ser hasta que algún güero de los de por allá venga a decirnos oh… this is mucho bueno, y ay guan vivir aquí for ever… es la hora en que nos damos cuenta de lo valioso que es tener nuestras tierritas pozoleras, sembradas con casitas de tejita de las diantes, calles empedradas y un silencio apachurrador a lora del medio día donde todo el mundo se encierra para echar un coyotito y poder salir a media tarde a platicar mentiras a la plaza, con un sombrero arriscado como testigo fiel de las hazañas que se vivieron en el potrero al solazo del mediodía.

Vacas fueron y vinieron. Trocas de maíz se cargaron con lo que debían. Unos tratos fueron los que se hicieron, y otros más los que se deshicieron. Becerros fueron los que se fueron, y otros más los que quedaron. Mugidos se oyeron en los corrales, y mugidos fueron los que quedaron en el campo. Costales de grano se cargaron el los camiones, y milpas fueron las que quedaron amonadas en picudos montonales en el potrero esperando en silencio a que el solazo terminara su secado.

Las campanas de la iglesia, a esa hora tocan perezosas inútilmente sus cantos de inmortalidad, mientras los fieles con incredulilidad hacen oídos sordos en su plática bajo los arbolones de la plaza donde zanates, garzas y pajarracos afinan su puntería sobre los que ahí toman su descanso.

Tecolotlán, la tierra de los tecolotes así es; y por fortuna sigue siendo así pese al “progreso” que sin cesar pasa por la moderna carretera que lo cruza.
-Pos onde está el restaurant que le nombran Tropicana- le preguntamos a un sombrerudo que en una bicicleta hacía esfuerzos por cruzar la mentada carretera.

-Ah… pus ay de las dos entradas que siguen, pa`delante y luego a la derecha. Ay síganle… y unas diez cuadras y a mano derecha no lo pueden perder- dijo subiéndose en los pedales mochos para apresurarse a cruzar entre los veloces coches que pasaban a mil por hora valiéndoles los topes que a propósito habían sido puestos para disminuir su velocidad al pasar por el pueblo.

Naty. Hombrón grandote, franco y sincero, nos estaba esperando a la entrada de su restaurant. Era el día de su cumpleaños y se rodeaba de toda su familia, porque para ellos ¡Qué mejor!  Y no sin razón, era su mero día de fiesta.

Naty. José Natividad Cueva se llama el maravilloso Chef de Cuisine (de los meros buenos) que regentea el restaurant. Y no solo esto hace, sino que además de ser pintor y artista consumado, su principal misión es el guiar en las artes y en la vida misma, a los inquietos chavos de la preparatoria regional en donde es un muy querido maestro, impulsor de las artes y reconocido propagador de los valores que un pueblo, tan perdido en la geografía de nuestro estado como lo es Tecolotlán, tiene en sus entrañas.

Los valores de nuestro pueblo; de nuestra raza; de nuestras costumbres; de nuestra paz; de nuestra bonhomía; de nuestro tiempo que sucede en otro tiempo… Naty: José Natividad Cueva, ahí está firme y de cuerpo presente para recordárnoslo.

Un Gliptodonte (tortuga gigantesca que en años milenarios vivió en estas tierras) que se expone en el museo regional quizás sirva -junto a las obras de arte, suyas y de sus alumnos- para poner pies a tierra de las cosas que no debemos de perder: nuestras raíces y nuestros valores propios.

Si en otras de las entregas he mencionado de lugares valiosos por visitar en nuestro estado, Tecolotlán (a menos de un par de horas de Guadalajara, pasando Cocula y yendo rumbo a Autlán) es otro de ellos.

El pueblo mismo. El restaurant Tropicana. La persona de Naty; sus obras de arte  -en la cocina y en los lienzos-  Su encantadora familia -fuertes, grandotes, bigotones y montaraces- estoy seguro que serán más que un motivador inicio para visitar la Sierra de Quila, que está por allá más arriba en los cerros de las cercanías, donde se que también la gozarán.

deviajesyaventuras@informador.com.mx

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