Suplementos | La crisis en el mundo y en la Iglesia, es también una crisis de esperanza Nuestra esperanza: sólo en Dios Las virtudes teologales de Fe, Esperanza y Caridad, son infundidas por Dios en el alma de los fieles Por: EL INFORMADOR 15 de mayo de 2010 - 21:41 hs Ante la crisis de pérdida de valores morales y trascendentes que vive el mundo, se ha afirmado que lo que subyace en ella es una crisis de fe. El mismo Papa Benedicto XVI, hace algunos meses, y a propósito que las denuncias en contra de sacerdotes y del escándalo que se vislumbraba, en parte porque se estaba dando a conocer masivamente una realidad que siempre ha existido y en parte porque algunos medios de comunicación aprovechaban la oportunidad para difamar a unos y calumniar a otros, con una falta total de profesionalismo y de caridad, y varios con propósitos obscuros y mercantilistas (lo han afirmado reconocidos líderes de opinión y expertos comunicadores), el Papa, decíamos, declaró que en la base de todo esto estaba una falta de fe o una fe inmadura. Las virtudes teologales de Fe, Esperanza y Caridad, son infundidas por Dios en el alma de los fieles para hacerlos capaces de obrar como hijos suyos y merecer la vida eterna. Son la garantía de la presencia y la acción del Espíritu Santo en las facultades del ser humano (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica n. 1813). Están estrechamente ligadas entre sí, de tal forma que no se les puede conceptualizar de manera independiente; o se ejercitan, se ponen en práctica y se viven de manera conjunta, o no se hace en verdad y plenitud. Así, nadie puede decir que tiene una gran fe, si no tiene caridad con los demás; o bien, afirmar que tiene esperanza, si no cree y confía en Dios totalmente. Por lo tanto, basados en estos conceptos y en la afirmación del Santo Padre, podemos asegurar que la crisis en el mundo y en la Iglesia, es también una crisis de esperanza. Afirma el Catecismo en el n. 1817: “La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo. ‘Mantengamos firme la confesión de la esperanza, pues fiel es el autor de la promesa’ (Hb 10,23). Este es ‘el Espíritu Santo que Él derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador para que, justificados por su gracia, fuésemos constituidos herederos, en esperanza, de vida eterna’ (Tt 3, 6-7). Si leemos con cuidado esta definición, la meditamos y reflexionamos, caeremos en cuenta de cuánta razón tenemos al precisar que la crisis es una crisis de esperanza. Veamos. Mientras que la esperanza nos lleva a aspirar a una felicidad, a una realización plena, no en este mundo, sino en vida eterna en la presencia de Dios, viéndolo cara a cara, disfrutando de los sublimes bienes imperecederos, el mundo nos ofrece placer, poder, fama, riquezas, todos, bienes perecederos, y es tal el engolosinamiento que se llega a tener, que éstos se constituyen en su esperanza, y cuando éstos se pierden o se acaban, se derrumba la persona y con ella su vida y tal vez su salvación. Lo mismo dígase cuando se trata de los planes y proyectos que se plantean basados en los propios criterios, directrices, esfuerzos y trabajo, sin tomar en cuenta a Dios, ni al auxilio de la gracia de su Espíritu, los cuales, por lo mismo, estarán expuestos a fracasar; y cuando eso suceda, a la frustración de quienes así actúan, y tras ella a la desilusión, la desesperación y finalmente, las decisiones aun más equivocadas. El Evangelio de este domingo nos narra cómo Jesús, después de aparecerse a sus discípulos durante cuarenta días y de prometerles que enviaría el Espíritu Santo desde el seno paterno, fue elevado al cielo, desapareciendo físicamente de la tierra, y cómo éstos, lejos de desanimarse, son alentados por la esperanza de Sus promesas, de tal forma que “regresaron a Jerusalén, llenos de gozo, y permanecían alabando a Dios”. (Lc. 24, 52-53). Ellos creyeron, confiaron, esperaron y amaron al Señor Jesús; por ello su vida fue alentada y sostenida por la esperanza en el poder de Dios perfecto y eterno, y no por un la de un mundo imperfecto y fugaz. ¡Que en Dios pongamos nuestra esperanza! Francisco Javier Cruz Luna cruzlfcoj@yahoo.com.mx Temas Religión Fe. Lee También ¿Cómo llegar en camión o tren a la Romería 2025? La gran reunión mágica Romería: Los kilómetros al ritmo de la fe ¿Qué día es la Romería 2025 en Guadalajara? Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones