Suplementos | Lo que en el Evangelio Jesús manda u ordena, se interprete como un consejo “No se preocupen...” Lo que en el Evangelio Jesús manda u ordena, se interprete como un consejo Por: EL INFORMADOR 27 de febrero de 2011 - 09:55 hs Aunque a raíz del Concilio Vaticano II, y de todos los movimientos y comunidades que el Espíritu Santo ha suscitado en el seno de nuestra Iglesia, se ha venido a dar a las Sagradas Escrituras --conocidas también como “La Palabra de Dios”, “La Santa Biblia” y de otras maneras-- su auténtico valor y un gran impulso para que sean leídas, reflexionadas, meditadas y estudiadas, es una realidad que muchas familias no sólo no las conocen, sino que ni siquiera tienen un ejemplar de ellas; o si lo tienen está por ahí empolvado, o de simple adorno en la sala o en un librero de la casa. Es por ello que todavía abundan los católicos que lo poco que han escuchado del Mensaje divino --ya sea porque van a misa los domingos o de vez en cuando, o bien porque usan mucho en el lenguaje coloquial los dichos que surgieron de alguna máxima bíblica--, no lo disciernen debidamente, o lo tergiversan, quedando muy lejos de su debida interpretación y significado. Ello se manifiesta de muchas maneras, entre ellas el hecho de que lo que en el Evangelio Jesús manda u ordena, se interprete como un consejo, una sugerencia, algo optativo, o como un “tómalo o déjalo: si lo tomas, te beneficiará; si no, ofenderás a Dios, pero Él te perdonará”. Desde luego que en principio, lo sabemos, Dios no obliga a nadie a nada; Él siempre respeta la libertad del ser humano, de elegir el camino que él quiera y decida seguir. Sin embargo, para aquellos que han decidido seguirlo, obedecerlo, creer, creerle y confiar en Él, y finalmente depender de Él, en Jesucristo, el Señor, los que por tanto ya han hecho su elección, Su Palabra es regla de vida y sus indicaciones son mandatos, son órdenes en toda la extensión de la expresión, y como tales habrán de recibirlos y cumplirlos al pie de la letra. Algunas de esas órdenes nos las recuerda el Evangelio que la Iglesia nos propone para este octavo domingo del tiempo Ordinario --Ordinario no significa de poca importancia, sino que con este nombre se le quiere distinguir de los “tiempos fuertes”, que son el ciclo de Paula y el de Navidad. Es el tiempo más antiguo de la organización del año cristiano, y además ocupa la mayor parte del año: 33 ó 34 semanas, de las 52 que hay--, cuando Jesús nos dice en cuatro ocasiones que no nos preocupemos por varias cosas. (San Pablo también lo dirá en una forma amplia: “No se preocupen por nada; antes bien, en toda ocasión presenten sus oraciones a Dios y junten la acción de gracias a la súplica” (Fil 4, 5b.6). Ahora bien, el diccionario de la Real Academia de la Lengua define a la preocupación como: “Estado de desasosiego, inquietud o temor, producido ante una situación difícil, un problema, etc.”. Recordemos que todos los mandamientos y órdenes que Dios nos da, no son por un capricho, ni por hacer valer su autoridad, ni nada por el estilo, sino que todos ellos, y siempre, son y serán buscando el bien terrenal y la salvación eterna de sus hijos (¿quién mejor que Él sabe qué es lo mejor para su bien y salvación?). Por lo tanto, lo podemos deducir: si Jesús nos está ordenando esto, es porque sin duda en el ser humano las preocupaciones resultan dañinas, tanto para su cuerpo como para su alma y su espíritu. En el cuerpo provocan enfermedades, muchas de ellas graves y hasta mortales; en el alma llegan a suscitar desequilibrios emocionales y hasta enfermedades mentales, y en el espíritu provocan la más seria enfermedad: la desconfianza en Dios y la pérdida de la fe en Él. De forma tal, para vencer las preocupaciones se necesitan por lo menos dos acciones: una de parte de Dios y otra del ser humano. En ambas se requiere el concurso de este último: la primera dejando a Dios que actúe, para lo que es indispensable que ponga toda su confianza en Él, pidiéndosela como don que es. La segunda es ocuparse en lugar de preocuparse, lo cual implica enfrentar los problemas, las dificultades y todo tipo de obstáculos con esa confianza, lo que llevará a su solución. Por lo demás, los problemas y las dificultades nos deben hacer fuertes, y de ellos debemos sacar éxitos, porque no somos perfectos, y porque es deber en la vida el aprender de los errores y fracasos. Finalmente habremos de tener siempre una visión triunfadora, no pesimista, pues confiamos en quien triunfó contra los peores enemigos del ser humano: Satanás, el pecado y la muerte; confiamos en Jesucristo resucitado, quien, como ser humano, siempre se ocupó y jamás se preocupó de las adversidades, y por ello pudo cumplir con la misión que el Padre le encomendó; esa misión de la cual los bautizados formamos parte, y para poder cumplirla necesitamos erradicar de nuestro corazón y de nuestra vida todas las preocupaciones. Francisco Javier Cruz Luna cruzlfcoj@yahoo.com.mx Temas Religión Fe. Lee También ¿Cómo llegar en camión o tren a la Romería 2025? La gran reunión mágica Romería: Los kilómetros al ritmo de la fe ¿Qué día es la Romería 2025 en Guadalajara? Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones