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Suplementos | El escritor norteño se ahonda en la vida de los reporteros

No le disparen a Salinas Basave

El escritor norteño se ahonda en la vida de los reporteros y ficcionaliza en seis relatos las penurias y alegrías del oficio
El librose forma de seis cuentos en los que Basave extiende el estilo que lo llevó a diferentes diarios. EL INFORMADOR / J. López

El librose forma de seis cuentos en los que Basave extiende el estilo que lo llevó a diferentes diarios. EL INFORMADOR / J. López

GUADALAJARA, JALISCO (09/ABR/2017).- A Jesús Blancornelas le dispararon un 27 de noviembre de 1997. Eran las 9:30 de la mañana en Tijuana y el cartel de los hermanos Arellano Félix organizó una emboscada contra el periodista y entonces director del Semanario Zeta. En el ataque asesinaron a su chofer y amigo Luis Valero, en la camioneta quedaron 80 disparos y en el cuerpo de Blancornelas las muescas huellas de los disparos a los que sobrevivió y la marca de leyenda en su piel.

El periodista, que acumuló los premios y reconocimientos más prestigiosos del gremio, falleció nueve años después y tras su partida su figura siguió reverberando en el ámbito periodístico de Tijuana y todo el país.

Por ello no sorprende que Daniel Salinas Basave, norteño, periodista y narrador, retome su figura en el cuento central del libro que lleva por título “Dispárenme como Blancornelas” y se ahonde en el periodismo como fuente para narrar historias a veces inverosímiles, otras tantas trágicas. El compendio de cuentos llega precedido del Premio Regional de Cuento Ciudad de La Paz.

El libro, editado bajo el sello de Nitro Press, se forma de seis cuentos en los que Basave extiende el estilo que lo llevó a diferentes diarios y agudiza el humor al retratar las carencias y falsedades dentro de las redacciones.  Y no, no trata sobre Jesús Blancornelas. “Estos son historias bastante absurdas y cómicas pero dotadas de realidad; de las seis historias que se narran, al menos en cuatro jalo las cosas que me tocaron a mí vivir.  En el primer cuento, que se llama igual que el libro, el personaje del fotógrafo está calcado de la realidad, es un personaje que existe, un fotógrafo que canta narcocorridos, que canta como Chalino Sánchez y va a las escenas criminales. En la realidad es Jesús Bustamante, un fotógrafo que compone corridos sobre la marcha mientras está tomando fotos; lo demás es una sátira a todos los narcobestsellers que atestan los aeropuertos”, menciona en entrevista Salinas Basave.

En dicho cuento, un periodista con una carrera mediocre, decide contratar a un grupo de asesinos a sueldo para que terminen con su vida convertirse en un mártir de la libertad de expresión. Con toques de ironía, el personaje está dispuesto a morir si con ello su obra se convierte en un bestseller y su nombre se asocie para siempre con la libertad de expresión.

Los cuentos que complementan el libro son “La reina de los Hielos en Maclovio Herrera”, donde una popular escritora escandinava de novela negra llega a un pueblo olvidado del Norte; “Belén Arzaluz sueña que mata a George Bush”, que plantea el asesinato del expresidente; “Cita con la historia”, retoma el magnicidio del candidato Colosio y cómo un reportero dejó pasar la nota en su afán de conquistar a una fotógrafa; además “Península Jano” y “Muerte accidental de un pasquinero”, este último de mayor extensión y casi una novela breve.

 

Violencia y crítica  

Los seis cuentos están salpicados de la violencia y la pauperización que vive Tijuana, Baja California, un escenario que le es natural al escritor. Aquí los personajes se desenvuelven en un ambiente hostil. “Son cuentos que retratan un momento particularmente violento de la historia de Tijuana, y que por desgracia están regresando, el pasado 2016 fue el año más violento después de la gran crisis del 2008; pero quise reflejar esa violencia desde el punto de vista del reportero, del reportero de calle, no idealizar tanto al periodista como un súperheroe, sino como lo que somos: personajes de novela picaresca, socarrones, tramposos, esposados a las barras de cantinas. Así lo quise retratar, muy desde el punto de vista del reportero”.  

Dentro de las historias también permea una crítica al oficio que tanto ama: el periodismo. Desde puyas filosas a los directores poco interesados en la información y ávidos de negocios alrededor de ella, hasta a los que viven del medio sin saber de qué se trata. “Es una crítica a cómo funciona el negocio y las empresas periodísticas y también se trata de reírnos de eso, de que hay medios que se dan baños de pureza y son unos mercenarios”.

Daniel Salinas Basave se forjó al calor de la nota diaria, de la prisa por entregar, de manera clara y concisa, su trabajo antes de cierre y con una extensión limitada. A diferencia de la literatura, que no exige tiempos de entrega diarios ni mucho menos una extensión de palabras delimitadas por un editor. Esos tiempos quedaron atrás, y por ahora se dedica sólo a narrar y contar las historias que le interesan, no las que marca la agenda de un diario.

“He sido muy afortunado, tuve una alineación de los astros y sé que es algo atípico y ahora tengo la fortuna de dedicarme de lleno a esto, escribir y no reportear, pero al mismo tiempo creo que ser reportero es la mejor escuela posible; ahí aprendí que la nota no espera, que debes entregar una nota en unos minutos porque tienes la pistola del cierre encima y tienes que terminar porque tienes que terminar; y por mucho que tengas que decir te tienes que limitar a teclear 500 palabras y eso, quieras o no, te genera una disciplina que a la hora de contar estas historias me ha favorecido muchísimo”.  

Y destaca que a pesar de las penurias que otorga el oficio, y que la mayoría de las veces son más que las recompensas, es una de las mejores herramientas de aprendizaje para los interesados en escribir, en aporrear el teclado para contar desde la fábula y no desde el dato duro. “Creo que con todos los rigores y todas las malpasadas, sigo firme en afirmar que ser reportero es la mejor escuela posible. Ningún doctorado en escritura creativa o el paso por alguna facultad de letras me hubiera dado lo que me dio reportear década y media. Y nunca se deja de ser reportero”.

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