Viernes, 10 de Octubre 2025
Suplementos | “Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”

No basta con decir: ¡Señor, señor!

México le ha brindado una recepción multitudinaria y muy efusiva, y una acogida sumamente cálida y cariñosa y al estilo mexicano

Por: EL INFORMADOR

Nadie podrá negar que la visita de S.S. Benedicto XVI, representa, por muchos motivos, un acontecimiento singular en la vida de nuestro país. En primer lugar porque quien nos honra con su presencia es nada menos que el sucesor de Pedro, aquel apóstol al que Jesús le dijo que sobre él edificaría su Iglesia: “Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16,18), y al que le diera las llaves de Su Reino. Y por lo tanto, y con toda la razón y el fundamento, se le llama el Vicario de Cristo, es decir, “el que hace las veces de Cristo” en esta etapa de la historia, y que, por lo tanto, posee toda la autoridad en la Iglesia y el poder que el mismo Jesús recibió de su Padre: “Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo” (id v. 19).

En segundo lugar, por el momento crucial que nuestra patria atraviesa, en el que pareciera que los valores evangélicos han perdido su aceptación, vigencia y su práctica, y son dominados por los anti valores, como son el antiamor u odio; la antipaz o violencia; la antijusticia o abuso, opresión, corrupción, impunidad; la anticaridad o egoísmo, egocentrismo, afán desmedido de riqueza, desprecio de los más necesitados; el anti-servicio o avidez de poder desmedido;  la antivida o cultura de la muerte; y Benedicto XVI, quien encarna la santidad de Dios y cumple su misión de proclamar y enseñar Su Palabra en la que están plasmados dichos valores, y por lo tanto cumple su misión de defenderlos contra viento y marea.

En tercero, por la situación que atraviesa nuestra Iglesia, con todos sus problemas internos tan difundidos por los medios de comunicación, y por la evidente pérdida de fe de muchos católicos, debido a mucha causas: antitestimonios;  engaño de alguna secta u organización religiosa auto denominada cristiana; o simplemente porque la han dejado enfriar al no mantener una relación estrecha con Dios y con Su Iglesia Y ante esto, el Papa ha dado palabras de ánimo a los alejados para que revaloricen el gran regalo de la Iglesia, la cual es Cristo mismo junto con todos los bautizados, formando Su Cuerpo Místico (Cfr. 1Cor 12, 12-14).

Pues bien, el pueblo de México le ha brindado una recepción multitudinaria y muy efusiva, y una acogida sumamente cálida y cariñosa y al estilo mexicano. Se ha desbordado el júbilo y se le ha aclamado manifestado amor y cariño de muchas maneras: se le han dado regalos muy especiales, se le compusieron cantos e himnos, y fue  una parafernalia del estilo que los mexicanos nos pintamos solos.

Sin embargo, existe un serio riesgo de que esta visita tan trascendente se quede solamente en en una excepcional fiesta, un acontecimiento social extraordinario, y cuando mucho religioso, pero no cristiano; ello sería la consecuencia de que todos aquellos que lo han aclamado, festejado, le  han dado su cariño con múltiples muestras, y aun los que no lo hayamos hecho en persona,  porque no nos ha sido posible, pero que decimos quererlo, admirarlo, respetarlo y reconocer su representatividad y jerarquía, no hayamos abierto nuestros oídos y nuestro corazón, para escuchar, más allá de sus personales palabras,  aquello que Dios nos ha dicho a través de él, y sobre todo que al final de cuentas seamos indiferentes a ellas y no las pongamos en práctica.

Y las consecuencias no quedarían ahí, porque como lo consignamos anteriormente, “quien a ustedes no escucha a Mí no me escucha”, como sentenció Jesús, y seguirá siendo una realidad, lo que Él mismo sentenció  también, que construiría su casa sobre arena, vendría la lluvia, las corrientes y la destruirían. (Cfr. Mt 7, 24) A ello seguramente, el mismo Jesús nos volvería a echar en cara: “No bastará con decirme: ¡Señor!, ¡Señor!, para entrar en el Reino de los Cielos; más bien entrará el que hace la voluntad de mi Padre del Cielo.” (Mt 7, 21).

El Evangelio de hoy pone el dedo en el renglón: es preciso seguir a Jesús, si queremos servirlo, y la mejor manera de hacerlo es escuchándolo, obedeciéndolo y siguiéndolo en Su Vicario, hoy por hoy, Benedicto XVI, en Su Iglesia, la que Él fundara hace 2000 años.

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx

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