Viernes, 10 de Octubre 2025
Suplementos | Nadie como la madre tiene esa gran capacidad de sacrificio y entrega por el bien de sus hijos

Mujeres de hoy y siempre

Una vez que nace, su vida se centra en el hijo, y es capaz de hacer cualquier cosa con tal de cuidarlo, protegerlo y darle lo mejor de sí misma

Por: EL INFORMADOR

     Nadie como la madre tiene esa gran capacidad de sacrificio y entrega por el bien de sus hijos, en la que la mayoría de las mamás destacan.
     Desde el momento mismo en que en su seno se empieza a formar aquella personita que un día será un hombre o una mujer hechos y derechos, se vuelca en amor, cariño y cuidados. Una vez que nace, su vida se centra en el hijo, y es capaz de hacer cualquier cosa con tal de cuidarlo, protegerlo y darle lo mejor de sí misma y de todos los satisfactores necesarios.
     Conforme va creciendo, la madre no escatima esfuerzo alguno para ofrecerle, en la medida de sus posibilidades, lo más excelente de sus conocimientos y experiencia, en su educación, formación y toda clase de ayuda para que esa persona se construya adecuadamente.
     Durante ese proceso de construcción y formación, la gran mayoría de las madres sacrifican por el bien y la felicidad de sus hijos e hijas, sus propios gustos y necesidades, muchas veces indispensables. Bastantes de ellas, hasta trabajan fuera de casa para obtener los recursos necesarios para solventar todas las erogaciones en que se incurren, por el bienestar y superación de ellos y ellas.
     Lamentable y preocupantemente, en muchas familias no sólo no se les reconoce su gran valor y maravillosa labor, sino que ni siquiera se les agradece, y se les menosprecia, se les oprime y en muchos dramáticos casos, se les ofende, se les hiere sin piedad, y, cada día en mayor número, algunos hijos llegan a sufrir hasta la violencia física.
     Habría que ver en cuántos de éstos, finalmente, la causante es la misma madre, porque, queriendo darle todo a los hijos, los ha convertido en unos atenidos, irresponsables e incapaces de valerse por sí mismos, y viven a cuestas de ellas, explotándolas, y cuando éstas ya no pueden dar más, aquéllos se desquitan recurriendo a la violencia.
     Así pues, para que existan buenos hijos, tienen que existir buenas madres; ojo: hemos dicho “buenas”, no bonachonas, ni consentidoras, etc.
     Jesús, dice la Palabra de Dios, se hizo semejante a nosotros en todo, menos en el pecado, por lo que estuvo expuesto a las contingencias de la vida humana, entre otras el tener una madre humana, expuesta a la connatural debilidad. Sin embargo María, por haber sido concebida sin pecado original, (lo que le ganó quedar exenta de todo pecado y toda imperfección y no haber tenido ninguna inclinación desordenada), por haber vivido la plenitud de la gracia, plenitud de la que recibimos todos sus hijos, y por su gran fidelidad y obediencia a la Ley de Dios, respondió a su misión de madre de manera excelente y sublime, lo que la hizo modelo para todas las madres del mundo; y no sólo eso, sino patrona e intercesora también.
     ¿Qué se podía esperar de un hijo así con una madre así, sino la perfección del amor y las relaciones filiales?
     Ahora bien, Santo Tomás afirma: “María fue llena de gracia en cuanto a la dimanación de ésta a todos los hombres”. Por lo tanto, con esa gracia en su corazón cualquier mamá estará capacitada para que, a ejemplo de María, cumpla cabalmente su misión maternal y santificarse con ello.
     El Evangelio de hoy nos recuerda la escena cuando Jesús realizó su primer milagro; en ella estaba presente María, su madre. Y aunque el mensaje central está referido a Jesús, ya que aún sin ser todavía “su hora”, la de manifestarse como el Mesías, Él lo hace a propósito de la ocasión; y para que muchos, empezando con sus discípulos, creyeran, María juega un papel importante en virtud a su intervención como su madre.
     Dicha intervención solicitándole la solución del problema del vino agotado en la boda aquella, y el hecho de que Jesús hubiese accedido a esa solicitud, manifestó todo lo que para Jesús significaba su madre, y lo que María, por sí misma valía como tal.
     En María, las mujeres de hoy y siempre encontrarán el modelo de mujer, esposa y madre, y también a aquella que, con amor maternal, las podrá enseñar, guiar, proteger, y también interceder por ellas y sus necesidades, ante su hijo.

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx
 

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