Suplementos | Tiempos de cambio Motor de arranque Sergio Oliveira Por: EL INFORMADOR 20 de octubre de 2008 - 22:13 hs En las últimas semanas, hemos oído repetidamente sobre los movimientos oscilatorios abruptos de los mercados mundiales y los tipos de cambio. Hemos observado con algo de temor la devaluación del peso mexicano frente al dólar y al euro. Nos hemos enterado de aumentos poderosos y bajas vertiginosas en el precio internacional del petróleo. Todo, es normal, nos produce miedo y nos hace frenar alguno que otro impulso de consumismo que pudiéramos tener. El miedo, así como el dolor, es algo bueno en algunas situaciones, ya que nos impide hacer lo que no debemos o nos alerta, en el caso del dolor, para algún problema. La crisis económica mundial es un hecho y todos ya lo sabemos. Pero también es un momento de reflexión, de mudanza, de nuevas actitudes que nos hagan vivir mejor y más tranquilos en el futuro. Todo esto se aplica, por supuesto, al mundo de los automóviles. Desde el final de los años 80, la economía mundial ha vivido buenos tiempos. Claro que hubo sus excepciones, como el famoso “error de diciembre”, de 1994, o la crisis de los mercados asiáticos a principios de la década de los 90. Pero en general, fue una etapa de crecimiento. Para Estados Unidos, aún el principal motor económico del planeta, todo fue bastante bien. Bien lo suficiente como para que cometieran los errores que desataron en esta crisis, al conceder demasiados préstamos de alto riesgo, que ahora todos tenemos que pagarlos. En la bonanza que vivieron, crearon uno de los monstruos actuales, que infectó como un virus a muchos otros países: la SUV, o vehículo deportivo utilitario, por sus siglas en inglés. Grandes, sedientas y en la mayoría de los casos sin ningún sentido práctico (transportan al mismo número de pasajeros y de carga que un hatchback), las SUV se transformaron en una peligrosa moda. Y digo peligrosa por muchos motivos. Primero, porque son más inseguras de lo que parecen, debido a su altura y peso, que las transforman en vehículos muy propensos a las volcaduras. Luego, porque debido también a su peso, su tamaño y su gran resistencia aerodinámica, gastan demasiada gasolina, con lo que se convierten en uno de los mayores villanos de la contaminación ambiental. Por último, pero no menos importante, ocupan demasiado espacio en las calles, disminuyendo considerablemente la visibilidad de los demás, lo que provoca accidentes. Se dice que las crisis son tiempos de oportunidades y esta que vivimos lo comprueba una vez más. Primero, porque las SUV, principalmente las mayores y más problemáticas, no sólo están dejando de ser moda, se están transformando en algo políticamente incorrecto. Ser visto en una de esas, hoy en día, es señal de poca educación. Esto devuelve algo de la cordura perdida al mercado de los autos. Luego, los elevados precios del combustible, son el mayor incentivo que encuentran los fabricantes para buscar soluciones alternas de movilidad, aunque nos hagan creer que su verdadera preocupación es con el medio ambiente. Así, ya tenemos hoy en día como algo casi cotidiano, el uso de vehículos con dos motores, uno eléctrico y otro de gasolina, que ayuda a gastar menos de ésta. En un par de años más, tendremos para venta al público los primeros vehículos eléctricos, al menos en Estados Unidos, Japón y Europa. Las pruebas con autos que funcionan con hidrógeno son cada día más frecuentes y eso nos dejará —de transformarse en realidad— con vehículos cuya única emisión de sus tubos de escape es agua. Hasta nuestra piel y respiración mejorarán por la elevación de los niveles de humedad. El uso del etanol como combustible, también una opción muy interesante, podrá ayudar incluso el campo, con el sembrado de caña de azúcar, la mejor fuente natural y renovable de etanol en este momento. Pero nada de esto, es decir, el principio del fin de las vida de las SUV o el gran interés de la industria por buscar combustibles distintos a los derivados del petróleo, se haría sin la crisis en la que vivimos en este momento. Porque, repito e insisto, los fabricantes de autos están ahí para ganar dinero, no para salvar el planeta. Y como ahora la gente se inclina cada vez más hacia autos chicos, económicos, híbridos o eléctricos, ellos saben que deben tener productos para satisfacer esta demanda. Los tiempos de crisis son tiempos de cambios. Así fue en los años 30 del siglo pasado, uno de los periodos más creativos de la historia del automóvil. Así es, de nuevo, ahora. En este sentido, la crisis es hasta bienvenida. Como podemos darnos cuenta, no hay nada 100% malo. Aunque tampoco exista algo 100% bueno. 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