Martes, 14 de Octubre 2025
Suplementos | Se encuentran desde finales del siglo XIX o principios del XX

Misteriosos hombres verdes resguardan casonas tapatías

Están en los muros de algunas añejas construcciones de la ciudad

Por: EL INFORMADOR

Los hombres verdes representan la entidad masculina de la naturaleza y se encuentran en diversos edificios de la ciudad.  /

Los hombres verdes representan la entidad masculina de la naturaleza y se encuentran en diversos edificios de la ciudad. /

GUADALAJARA, JALISCO (18/FEB/2012).- Desde finales del siglo XIX o principios del XX están ahí, seres que emergen de los muros de algunas construcciones de la ciudad de Guadalajara –aunque aparentemente habitan también en otras poblaciones mexicanas–, quizá por el instinto de cuidar a quienes por ahí pasan o tal vez para cerciorarse de que no dañen los inmuebles que ocupan.

Las suposiciones sobran y seguramente podrían desarrollarse muchas historias más; lo cierto es que no existe una explicación clara sobre por qué algunas edificaciones de la Perla tapatía poseen en sus fachadas rostros de hombres, al parecer cubiertos por plantas, que miran desde lo alto a quienes transitan (a pie, en bicicleta o algún vehículo de motor) por las calles.

Sin embargo, Jaime Lubín, diseñador, filósofo, maestro en comunicación y especialista en semiótica, ha dedicado una parte de su vida a estudiar a estas figuras: Hombres verdes que representan la entidad masculina de la naturaleza y cuyo origen puede tener dos versiones: una, relacionada a San Jorge, santo patrono de Inglaterra, Portugal y distintas comunidades de España; la otra, derivada de los precristianos, una figura proveniente de la mitología celta.

Lo cierto es que independientemente de cuál sea su origen, se tiene la certeza de que ésta llegó a estas tierras con el proceso de la conquista, aunque aún faltaría definir si existe una razón para que estén ahí, es decir, como elementos de decoración o protección, como las gárgolas que protegían del mal a las iglesias.

Estos hombres verdes, que –dicho sea de paso– ni siquiera son verdes, sólo pueden verse cuando se miran con detenimiento los edificios; entre los adornos de las antiguas casonas ahí están ellos, personajes sin cuerpo, cabezas que parecen estar a punto de gritar o simplemente tomar una bocanada de aire para seguir resistiendo el paso del tiempo, como observadores silentes de lo que sucede a su alrededor.

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