Viernes, 10 de Octubre 2025
Suplementos | Un grupo inolvidable de madres adoptivas tomaron la tarea de darme de comer

Madres sin maternidad

Alguien dijo que la única diferencia entre un hijo carnal y uno adoptado, es que el hijo carnal se desarrolló en el vientre

Por: EL INFORMADOR

Alguien dijo que la única diferencia entre un hijo carnal y uno adoptado, es que el hijo carnal se desarrolló en el vientre, mientras que el hijo adoptado se desarrolló en el corazón. Esto permite que haya madres que nunca experimentaron una maternidad natural, pero que han sido verdaderas madres para hijos que se anidaron en su corazón.

Recuerdo una de ellas, Socorrito, que me cuidó mientras mi madre trabajaba. Socorrito no sólo me cuidó: recuerdo a mis 5 años de edad, su sopa de fideos, los trozos de magnesia que me daba a comer, y la maravilla de escribir letras con gis su pizarrón; desde entonces, las letras fueron una de las pasiones de mi vida. También recuerdo a María Luisa, otra madre adoptiva, que pidió permiso a mi madre para llevarme a ciertos cursos de verano en donde me enseñaron de la Palabra de Dios a los 7 años de edad. Esa experiencia marcó de tal forma mi vida, que el estudio de la Biblia ha sido parte vital del resto de mis días.

Dos de mis siguientes madres adoptivas compartieron el mismo nombre: Esther. Una despertó mi pasión por los grupos de estudio, y la otra fue mi mentora mientras terminaba mis estudios (sin dejar de mencionar que despertó mi afición por el café de Veracruz). No puedo explicar su obsesión por mi desarrollo intelectual y espiritual, a menos que me hubieran hecho un hueco en su propio corazón.

Un grupo inolvidable de madres adoptivas tomaron la tarea de darme de comer, en esos difíciles años de comenzar a vivir de manera independiente, con presupuestos muy limitados, y el apetito de un joven en desarrollo: Lupita los lunes, Rosy los martes, Luisa los miércoles, Blanca los domingos y Georgina los días que faltaran. Supe que me amaban como madre, porque siempre repartieron la comida equitativamente entre sus hijos carnales y yo.

Hace 3 años, Bertha, la preciosa mujer que por 48 años me bendijo como madre, partió para estar con el Señor; pero no me quedé huérfano, porque Adriana y Yayita supieron encontrar un lugar especial que, sin tratar de remplazar a mi madre, pudo convertirse en el cariño y palabras de bendición que aún necesito escuchar de una madre.

Esta preciosa colección de mujeres (y otras que no pude alcanzar a mencionar), sólo se explica por una preciosa razón: Dios inspiró ese sentimiento, y ellas fueron obedientes. Gracias Señor, y gracias a Ti por esas maravillosas madres adoptivas.

¿Cuántas madres adoptivas tienes? Te animo a darle gracias a Dios por ellas, y si te es posible, mostrar tu gratitud a quienes aún estén vivas, porque estén cerca o lejos, de seguro sigues dentro de su corazón.

Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com

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