Jueves, 09 de Octubre 2025
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Los peruanos... ¡Sí que están salados!

En Perú tienen una de las sales minerales de mesa más puras y deliciosas que existen en el mundo

Por: EL INFORMADOR

Cinco mil pozas de cinco  metros cuadrados captan las saladas aguas de un  riachuelo que brota de la montaña. EL INFORMADOR / P. Fernández

Cinco mil pozas de cinco metros cuadrados captan las saladas aguas de un riachuelo que brota de la montaña. EL INFORMADOR / P. Fernández

GUADALAJARA, JALISCO (24/ENE/2016).- ¡Y lo tienen a mucho orgullo…! Claro… ¡Cómo no! Si es que ellos son los que tienen una de las sales minerales de mesa más puras y deliciosas que existen en el mundo. Prestigiados chefs de las cocinas más sofisticadas, buscan tener entre sus estantes la cristalina, rosada, o marrón sal de grano, que se encuentra en un escondido rincón de las montañas del “Valle de los Reyes” en las tierras altas de los Andes peruanos.

La región de Kachi Raqay, en donde se sitúan las extrañas y singulares pozas que recolectan la sal que satura las aguas de un pequeño riachuelo que emerge de una cueva (para variar sagrada) llamada Qoripujio, la cual, debo de confesar que además de su atractivo culinario, es por demás atractiva para quienes interesen por los temas de geología. A nosotros por supuesto que nos causó intriga y fascinación.

Fácilmente podrán imaginar que los complicados procesos geológicos soportados por estas tierras en el curso de su historia, son los causantes de este (delicioso y salado) fenómeno geológico y costumbrista.

Para comprender todo esto, habremos de tener en cuenta que las impresionantes montañas surgidas de la nada, son las que han provocado las profundas fallas en las capas geológicas del entorno. Igualmente ha sucedido con las extraordinarias grietas, que nacidas en las zonas débiles del sistema montañoso, aunadas a las sorprendentes presiones terrestres de las profundidades, que fracturan a las rocas —intrusivas— cargadas de minerales; y los millones de veces que los subsuelos orgánicos y minerales han sido estrujados con la ayuda —por supuesto— de las aguas que se filtran entre las rocas, a quienes fragmentan y diluyen, quedando impregnadas de sus minerales y arrastrándolos en su curso siempre descendente, son los que provocan estos extraños fenómenos.

Los desniveles de los cerros que llevan los curiosos nombres de Cruz Mocco, Llully Mocco, y Chupayoq, son quienes aportan las inclinaciones necesarias para que aquel pequeñísimo inocente y calmado riachuelo de agua cristalina e increíblemente salada (al probarla me quedó la lengua de perico: seca, tiesa y gris) cargada de Cloruro de Sodio (NaCl) y otros minerales, empiece su lento descenso, para llenar poco a poco las casi cinco mil pozas de cultivo dispuestas en terrazas ingeniosamente escalonadas.

Este minucioso sistema de recolección, ha venido siendo utilizado desde el año 200 de nuestra era, en tiempos del Inca Tupac Sinchi Roca, un importante gobernante del antiguo Tahuantisuyo. Ya desde aquellos tiempos, los nativos, con técnica, ciencia y paciencia, haciendo pequeñas muescas en las paredes y poniendo o quitando piedritas en los lomos, iban distribuyendo el agua destinada a cada poza para llenarlas una a una. En la actualidad esos mismos estanques de tan solo unos cinco metros cuadrados, siguen siendo cultivados de idéntica manera, con responsabilidad individual y para beneficio de toda la comunidad.

Las aguas saladas se deben retener por un mes hasta que, con ayuda del fortísimo sol, el agua se evapore y la sal se sedimente; lográndose así unos 10 cm. de grosor de la purísima sal, rosa, cristalina o marrón, que será vendida a los dichosos que lleguen a adquirirla.

Para describir un poco el contexto de la región, debemos explicar que ya casi en la parte selvática del Perú, el Río Urubamba —primer afluente y surtidor del  Amazonas— corre impetuoso al lado de estas tierras entre sus profundas simas; y al poniente y no muy lejos, los volcanes Misti y Mismi, parecen rascar los cielos a los casi seis mil metros de altura.

Todas estas maravillas no son más que una pequeñísima y apasionante parte del maravilloso planeta en que vivimos. Un agradable hogar que se mueve, se ha movido y se seguirá moviendo durante toda su existencia; dándonos, en ocasiones, algunas sorpresas que —si se es inquieto y sensible— podrán ser tan interesantes, como este fenómeno geológico que se encuentra en un sitio tan extraño como estas salinas de los Andes de Perú.

PD: Salgan a conocer el mundo porque bien se dice que…“el que lee mucho y anda mucho, sabe mucho y goza mucho”.

Por Pedro Fernández Somellera

pfs@telmexmail.com

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