Suplementos | Antillas francesas Los costos y placeres de la exclusividad No es fácil llegar a Saint Barthèlemy, mucho menos barato, pero estar ahí vale cada centavo Por: EL INFORMADOR 27 de junio de 2010 - 01:50 hs Saint Barth es un paraíso natural que se encuentra entre México y Europa. ESPECIAL / GUADALAJARA, JALISCO (27/JUN/2010).- Beyoncé, Leonardo di Caprio y el millonario ruso Roman Abramovich, son sólo algunas de las celebridades que con alguna frecuencia eligen a esa pequeña isla en las Antillas francesas para vacacionar y divertirse. De hecho, Abramovich recientemente compró una “pequeña” casa por 90 millones de dólares en la isla. No es complicado entender sus motivos una vez que pasamos algunos días en este lugar donde descanso y diversión van de la mano. De hecho, es aún más sencillo entenderlos cuando vemos lo que cuesta llegar y estar ahí. Saint Barth, como la mayoría le llama, no es para cualquiera. Con 12 kilómetros de largo y 24 de ancho, esta pequeña isla del Atlántico es un diminuto territorio francés que se encuentra en la mitad del camino entre la Ciudad de México y Europa. Con ocho mil 500 habitantes, vive del turismo de altísimo nivel y por lo mismo, es un lugar constantemente frecuentado por celebridades y “paparazzis”, los fotógrafos que los siguen donde vayan para vender imágenes de sus momentos privados. Las complicaciones para llegar comienzan a marcar su personalidad esquiva. Para empezar, el aeropuerto de dimensiones mínimas no recibe aviones que transporten a más de 20 pasajeros. Arribar por aire a Saint Barth, desde México, significa volar en vuelos comerciales a Estados Unidos, luego hacer lo propio hacía otra isla algo mayor, Saint Maarten, cuyo aeropuerto es famoso por los amantes de los aviones comerciales, ya que la cabecera de su pista comienza en la playa, donde muchos están asoleándose a muy pocos metros por debajo del vientre de inmensos aviones Jumbo procedentes, casi siempre, de Europa. Por los horarios hay que salir de la Ciudad de México hacia Miami, dormir allá, luego volar a Saint Maarten, pernoctar de nuevo y sólo entonces volar a Saint Barth, a donde también se puede llegar en barco, en un trayecto de 45 minutos. Sin embargo, hay siempre el riesgo de que al viajero le toque el mar picado y con ello se aumenta la posibilidad de sufrir un desagradable mareo. Todo el viaje costará alrededor de mil 800 dólares. Sí, es más caro que ir a Europa. Quedarse allá, en la temporada alta, también lo es. El archipiélago, empero, comienza a retribuir el costo, antes mismo de aterrizar en él. La vista de las islas montañosas, circundadas por el mar vestido de un azul turquesa de ensueño y adornado por varias decenas de barcos de todos los tamaños, de por sí sería un motivo para ir allá. En tierra, por fortuna, todo es aún mejor. Saint Maarten es territorio holandés y francés, pero el aeropuerto está en Holanda. No se exige visa para los mexicanos, lo que facilita las cosas. El muelle está al lado del aeropuerto y si vamos en barco a Saint Barth, subirse a uno de ellos no tomará más que cinco minutos. Al llegar al destino final, encontramos un lugar que parece más poblado de lo que es, como consecuencia de las reducidas dimensiones de su territorio. Además, la abundancia de montañas hace que los pocos lugares planos sean muy disputados. Tanto, que hasta su pequeño aeropuerto se encuentra en las faldas de un cerro y se inclina ante el océano, como rindiéndole homenaje. Camino al hotel, cruzamos con muchos coches, la mayoría de origen oriental y casi todos chicos. Hay muchos autos eléctricos, que pueden ser rentados incluso. Como no se puede ir muy lejos ahí, su baja autonomía no representa un problema. Y ayuda a mantener el cielo impecable, lo que no es tan difícil en una pequeña isla que recibe mucho viento todo el día. Nos quedamos en el mayor hotel de la isla, el Guanahani, con 64 habitaciones, todas en forma de cabañas de madera y cuyo precio por una noche varía de 370 a mil 500 euros (la moneda local) por una con alberca exclusiva. Una cena de cuatro tiempos para dos personas, en uno de sus dos restaurantes, con una botella de vino, puede costar cerca de 400 euros. Claro que depende del menú y si nos dejamos seducir por una de las langostas que vemos vivas en su acuario particular y pueden ser asadas, por ejemplo, la cuenta puede ser mucho más alta. Claro, siempre queda la opción de ir a la ciudad, que se llama Gustavia, donde se puede comer muy bien a precios menos “salados”. Un buen restaurante puede ser el Le Bistro, en la bahía de Gustavia, donde una porción para una persona de un mundano espagueti a la boloñesa sale por 13 euros. ¿Una cerveza? 15 euros. Alrededor hay una villa pintoresca, con casas pintadas de colores alegres y rodeadas del esplendor natural de la isla, donde el verde y el azul son constantes. Para los que quieren las compras, hay algunas tiendas, la mayoría boutiques, con precios también elevados para los estándares mexicanos. Una simple playera puede costar desde 25 hasta 60 euros. Y no estamos hablando de ropa de marcas famosas, simplemente de playeras que dicen: “Saint Barth”. Si es exclusividad lo que se busca, el lugar para ir es Nikki Beach. Es una pequeña bahía, al lado del aeropuerto, con un mar cristalino y tranquilo, donde las celebridades llegan para disfrutar del calor de 32 grados, de la arena delgada, del mar limpio y de la tranquilidad suficiente para no ser importunados. Algunos ricos, no necesariamente famosos, llegan al lugar para conocer su belleza y exhibir sus senos libremente. Otros prefieren sentarse y deleitarse con una botella de champaña Dom Perignon, servida directamente en la arena de la playa, por la módica cantidad de mil 900 euros cada una. En la noche puede elegir una cena en el Tits Libs, con un ambiente iluminado de rojo cuya noche termina siempre con un desfile de un par de muy guapas modelos, con ropa extremadamente sensual, que acabarán subiéndose a una o varias mesas para el éxtasis general. Sí, decirle paraíso a Saint Barth es un lugar-común. Lo que no es nada común es la sensación de haber vivido algo único que nos queda al dejar esa isla. Mirarla desde la ventana del avión de salida es sentir un vacío en el pecho -que sólo sería llenado con un improbable regreso- causado por otro vacío, el dejado por la isla en nuestra cartera. EL INFORMADOR / Sergio Oliveira Para saber Avión Lo más caro será el avión. Éste puede salir de Miami, Nueva York , Dallas, Atlanta, Houston u otros lugares. Cuesta más llegar a St. Barth que a Europa, debido, claro, a la frecuencia de vuelos, no a la distancia. En temporada baja, de mayo a septiembre, los vuelos cuestan alredor de 800 dólares, al que hay que incluir el avión desde Guadalajara a EUA. Los aviones grandes no llegan a St Barth por el tamaño de su aeropuerto, hay que volar primero a St Martín y luego tomar una avioneta o barco a St Barth. Hotel económico Una buena opción para pagar menos por un cuarto es el Salines Garden. Limpio, cómodo y baratos para los estándares locales, una habitación cuesta desde 90 euros, lo que incluye desayuno continental e Internet inalámbrica. Red eléctrica y agua St Barth, como en Europa, tiene red eléctrica de 220 voltios, con su enchufe tífico de dos pines redondos. Hay que poner atención sobre la capacidad de nuestros aparatos de soportar esa red y conviene llevar una adaptador para el enchufe. Visa St Martín Barth pertenecen a Honda y Francia, respectivamente, por lo que no es necesario para los mexicanos, llevar una visa, pero sí un pasaporte (para los europeos, con un documento de identidad es suficiente). Empero, como se vuela a través de Estados Unidos, sí es necesaria la visa para entrar a la Unión Americana. ImperdibleEl bar y restaurante Bonito es uno de los lugares a visitar. Su noche es frecuentada por celebridades de todo el mundo, que disfrutan sentarse en la terraza junto a la bahía de Gustavia y degustar tacos de pescado -así es, tacos- y ceviches, escuchando música electrónica cuyo ritmo sube con el paso de las horas y terminan siempre con todos bailando sobre sus mesas. Temas Pasaporte Lee También Un viaje por el tiempo en Cuitzeo, Michoacán Abrazo otoñal en la Riviera Nayarit Pasaporte: la vocación de contar el mundo Cuatro imperdibles para tu primera visita a Madrid Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones