Suplementos | China a los ojos de un tapatío Los contrastes del dragón de oriente Hay mucha ignorancia, prejuicio y curiosidad sobre China. Para un tapatío, visitarla es una lección de historia, compromiso social y visión de futuro Por: EL INFORMADOR 25 de julio de 2008 - 19:11 hs En las poco más de 13 horas de vuelo que separan a Tijuana de Shanghái, era difícil relajarse completamente. Todos los pensamientos eran sobre qué nos esperaba en esa nación inmensa, con una historia de más de cinco mil años y un crecimiento que ningún otro país en el mundo logra acompañar. Después de 12 días conviviendo con los chinos y sus costumbres, la sensación en el vuelo de regreso no pudo ser más que de asombro. China tiene una fuerza y una vitalidad difícilmente vistas en otros lugares y quien quiera competir contra ellos, tendrá que ponerse las pilas y prepararse mucho. La primera impresión no podía ser otra que el aeropuerto. Al aterrizar en la Terminal 2 de Pudong, las dimensiones, el orden, la limpieza, la modernidad de la terminal, eran impresionantes. Al volver a documentar para tomar un vuelo a Beijing, delante de nuestros ojos salta un letrero que dice: Salas 15 a 225 a la derecha. Así es, la T2 del aeropuerto internacional de Shanghái tiene 225 salas. Hay, por supuesto, aire acondicionado, internet inalámbrica gratis y tiendas de las marcas más prestigiosas del mundo, con los mismos precios que en la mayoría de los aeropuertos del planeta. En Beijing, la niebla o la contaminación no nos dejaron ver desde el aire el hermoso aeropuerto con techo que emula las alas de un dragón. La terminal 3 sólo será abierta poco antes de los Juegos Olímpicos, pero la T2 ya era tan moderna y eficiente, o más que cualquiera de los mejores aeropuertos del mundo. Salir es encontrarse con una autopista de cuatro carriles, con camellones adornados por flores multicolores en todos los 20 kilómetros que lo separan del centro de la ciudad. Beijing tiene avenidas amplias, edificios altos y modernos y los mayores centros comerciales del mundo, algunos con 650 tiendas. Cada una de las avenidas de las principales ciudades chinas tienen ciclovías, no de 30 centímetros como pretende hacer el Ayuntamiento tapatío, sino del ancho de un carril. Y todas son muy usadas por millones de chinos, que encuentran en las bicicletas una de sus formas de transportarse para sí mismos, la familia y la carga. Muchas son improvisadas, algunas de tres ruedas con una caja de carga y otras más con una diminuta carrocería alrededor del piloto. Hay eléctricas, de gasolina y, claro, de pedal, que son la gran mayoría. Con un mercado automotor que no para de crecer, los embotellamientos ya se perciben, pero más en Shanghái que en Beijing. El metro es también una forma muy utilizada de transporte y en muchas de las ciudades que visitamos, hay obras de ampliación de los trenes subterráneos. En Shanghái, hay el Maglev, un tren sin ruedas que camina gracias a una tecnología llamada levitación magnética. Ese tren cubre los 30 kilómetros del centro hacia el aeropuerto de Pudong en siete minutos, a una velocidad que llega a los 431 km/h. Impresionante y único en el mundo. El boleto cuesta 75 pesos de ida o 120 redondo. La vida no es barata en China. En Shanghái, rentar un departamento de 130 metros en una zona de clase media alta, cuesta 30 mil pesos. Lo que sí es barato son los restaurantes. Con 120 pesos, sin tomar bebida alcohólica, una pareja puede comer en un buen restaurante. Olvídese de comida exótica como perros, gatos, serpientes y escorpiones. Éstos existen, pero sólo en mercados populares, de la misma manera que en México podemos conseguir los igualmente exóticos chapulines o huitlacoche. La comida principal son verduras y arroz, con carne de res, pollo, pescado y cerdo como complementos. Justo lo opuesto de lo que comemos aquí. En las calles, ver un gordo es muy difícil. Olvídese también de la cuchara. Todo lo que es líquido, va del plato a la boca. Todo lo que es sólido, se come con palillos. La arquitectura es pujante. Casi ya no se ven las construcciones tradicionales que dejan lugar a edificios que buscan espectacularidad ante todo. Las casas populares tienen sus cuartos, sala y cocina alrededor de un pequeño patio central que como manda el muy seguido Feng-Shui, debe tener agua, roca y árbol. En las tiendas, la moda es de vanguardia y las chicas en las calles la usan con orgullo. Ropas que apenas han salido en Europa ya son usadas por las chinas. Al igual que en la arquitectura, la vanguardia marca la pauta y parece ser mejor traer algo que nunca fue visto, que usar lo de la temporada pasada. De nuevo, justo el opuesto de lo que hacemos aquí. Es difícil describir a China en pocas palabras, al igual que es casi imposible no asombrarse ante la que deberá ser, más temprano que tarde, la mayor potencia mundial. Con tanta riqueza en su historia y tanto poder en el presente, China está guiando el mundo hacia el futuro. texto y fotos: sergio oliveira Temas Tapatío Lee También Samuel Kishi y su cine que cruza fronteras y generaciones Un museo vivo: Experiencias y arte en el Cabañas La gran estafa que nos hizo “americanos” El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones