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Jueves, 19 de Septiembre 2019
Suplementos | Estos conductores no dejan de promover por doquier la venta del vehículo

Los Vespinos: pasión por la motoneta clásica

Estos conductores no dejan de promover por doquier la venta del vehículo

Por: EL INFORMADOR

Clásicas. La Vespa se manufacturó en Italia en 1946 por la compañía Piaggio. EL INFORMADOR / J. Mendoza

Clásicas. La Vespa se manufacturó en Italia en 1946 por la compañía Piaggio. EL INFORMADOR / J. Mendoza

GUADALAJARA, JALISCO (05/OCT/2014).- Desde que se producen de manera masiva, los medios automotores de transporte han fascinado a las personas y, con el paso del tiempo, esa pasión sólo crece. Cuando se trata de motocicletas, algunos modelos llegan a convertirse con los años en verdaderos objetos de colección e, incluso, devoción; tal es el caso de la Vespa, un modelo de tipo “scooter” que se manufacturó en Italia en 1946, por la Compañía Piaggio (de Enrico Piaggio), y que nació de un diseño del ingeniero aeronáutico Corradino D’Ascanio para, justo después de terminar la II Guerra Mundial, brindar al consumidor un vehículo cómodo, barato y fácil de manejar.

Para la época, la Vespa fue considerada revolucionaria, no sólo porque el motor se ubicó sobre la rueda trasera, se ideó asimismo con un sistema de cambio de velocidades manual, controlado desde el manillar izquierdo que incluía la palanca de clutch; además, su chasis es prácticamente de una sola pieza de lámina de acero que cubre las piernas de los elementos y cubre al motor del calor, lo cual —dice la leyenda que así le pareció al propio Piaggio— la hizo semejante a “una avispa” (“vespa”, en italiano, por eso su nombre).

Nace un motoclub


Aunque su época de auge fue durante los sesenta y los setenta, cuando se volvió un símbolo para los jóvenes en diversos países europeos, el modelo se vendió también en nuestro país y, hoy día, es para muchos un objeto de culto y pretexto para la convivencia social. En Guadalajara, nacido el 12 de octubre de 2007, el motoclub Vespinos es ejemplo de ello y, como dice su presidente, Eduardo Corona, “surgió por la necesidad de reunirnos algunas personas que teníamos una motocicleta de este tipo, para intercambiar puntos de vista y apoyarnos”.

En Occidente, el culto por las Vespas a generado “toda una cultura”, apunta Corona, “por la historia de su diseño, su rentabilidad y, aunque no es tan barata como algunos modelos asiáticos, a nosotros nos gusta”; así, los Vespinos —uno de dos motoclubes de Vespa que existen en Jalisco— no se limitan a su amor por el vehículo, sino que, como grupo, participan en diferentes actividades de apoyo a instituciones educativas, en donde “fomentamos el uso adecuado de la motocicleta”.

Con 44 años de edad, el presidente de los Vespinos recuerda que fue en la secundaria cuando tuvo una moto Vespa: “Me llevó a todos lados; entonces las promovían mucho en México y no había muchas motonetas; pero fue un flechazo, y hay que enamorarse de veras de la moto para llegar a conocerla bien y darle mantenimiento correctivo y preventivo cuando sea necesario”.

Con poco más de 20 miembros, el motoclub recibe peticiones para ofrecer charlas donde fomentan el deseo y el ahorro que se necesita para poseer una moto; con todo, acepta Corona que “en estos tiempos de motoladrones, la imagen se ha desprestigiado un poco, pero nosotros cumplimos bien con nuestra responsabilidad social, hablamos con niños y jóvenes, brindamos opciones y ponemos nuestro granito de arena”.

Toque personal y colectivo

Entre las muchas ventajas que la Vespa ofrece, refiere el presidente del club, “está que es la única de su tipo con llanta de refacción y se monta desde el costado —y no a horcajadas, como los modelos convencionales— porque también se pensó para las mujeres; puede llegar a ser un objeto de colección y, algunas, han llegado a pasar de generación en generación. Si se piensa, ante un parque vehicular creciente, la moto es ya más que un medio alternativo de transporte, es una realidad y no le quitan espacio a nadie”.

Otro atractivo que ofrece este modelo, ya clásico, de motoneta es que —detalla Corona— “puede ser personalizado, existen muchísimos accesorios con que se puede ir adicionando cada motocicleta, algo que forma parte del toque personal que cada quien quiera darle a su motocicleta”; de igual forma, “no son de alta velocidad, pero sí de mucha resistencia; es la única de su tipo con transmisión directa, utiliza una flecha —no banda ni cadena— y su motor permite recorrer grandes distancias sin calentarse demasiado”.

Los Vespinos se reúnen todos los jueves a las 20:30 horas en la Rambla Cataluña, a un costado del Museo de las Artes (Musa) de la Universidad de Guadalajara (UdeG); ahora, como club “oficial” en la ciudad, toman parte en los encuentros nacionales que se realizan desde 2010 —un año después de eso, Guadalajara fue la sede—, cada primero de mayo, donde llegan a reunirse más de 300 motociclistas y en los que se hacen recorridos o actividades de apoyo a causas altruistas.

Para que las cosas salgan bien

Para Eduardo García, de 28 años de edad, desde niño tuvo su primera vespa —el modelo de pedales— y “el modelo clásico me llamó la atención porque un amigo tenía uno; con el tiempo, me uní al club por el gusto que tengo por la moto, de hecho, la mía la restauré de cero a 100%, la compré como chatarra y la arreglé poco a poco, incluso pidiendo piezas del extranjero”.

Justo por lo anterior, una reparación que le tomó cerca de un año, García sabe que su pasión por la Vespa “no es común y corriente”; además, absorbió el costo de mano de obra al realizar él mismo las composturas, “si quieres que algo salga bien, hazlo tú mismo; es algo simple y complicado, pero no se trata de una simple moto”.

Aunque joven, no es difícil notar el aprecio que tiene García por las vespas, conoce muy bien la historia de su diseño y sus especificidades estructurales de construcción, lo mismo que los diferentes accesorios que se le pueden adaptar; ha llegado a tomar cursos de mecánica de motocicletas, porque “me gusta meterles mano, a todo tipo”.

La propia obra maestra

Juan Carlos Arellano de la Torre, uno de los miembros fundadores del club, es un caso distinto de apasionamiento por la Vespa: “Yo trabajaba en cobranzas y, por decisión del patrón, debí aprender a manejar motocicleta; cuando vi este modelo, lo elegí de inmediato, me enseñé a conducir y, cuando me limitaron su uso, tuve oportunidad de comprarme una para mí”.

Es a partir de su encuentro con la Vespa que surge la inquietud de “formar un club” y, así, después de conocer a Eduardo Corona y otros propietarios de motonetas, se acercó y “con su ayuda comenzamos a reunirnos y a planear lo que íbamos a hacer; con los años, ha crecido bastante esto y se hacen hasta encuentros nacionales. Y todo por la pasión de la vespa”.

Sin embargo, para Arellano es claro que no se trata sólo de pasión, “la moto es parte de mi trabajo, me muevo todo el día en ella”, hasta ha involucrado a su familia en esta afición, porque “mi hija, por ejemplo, comparte conmigo el apasionamiento por la motocicleta; es tanto que uno desea conocerlas a fondo, repararlas y llegar a crear una obra maestra propia: tu moto”.

Es simple, para Arellano la Vespa es “un vehículo para la vida” y ofrece innumerables ventajas prácticas en la cotidianidad —para el tráfico o estacionarla, por ejemplo— y, en su opinión, “en cuatro o cinco años podríamos preferir andar en moto que en un vehículo de cuatro ruedas; una Vespa puede, a su paso, llevarte a donde quieras; puedes verla hasta en carretera. Combina funcionalidad y belleza; si estamos en este club es porque a todos nos apasiona de verdad”.

EL DATO


Para más información


Para quien desee conocer más acerca de este motoclub y sus actividades, puede visitar su sitio en facebook (Vespinos GDL).

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