Domingo, 12 de Octubre 2025
Suplementos | Debemos pedir que la paz de Dios gobierne nuestros corazones

¿Lo que quiero o lo que necesito?

Poco tiempo después de la resurrección de Jesús, los discípulos perderían de vista la importancia de mantenerse en la paz que les estaba ofreciendo

Por: EL INFORMADOR

    ¿Quién de nosotros no ha vivido la clásica escena en la que el niño se rehúsa a comer verduras, y en cambio quiere comer golosinas? La pregunta que hace el niño en todos los casos es: ¿por qué tengo que comer verduras, si no me gustan? La respuesta de sus padres es: "porque te hacen bien y son necesarias para que crezcas fuerte y sano".

     Evidentemente todos los que somos padres obligamos a nuestros hijos a comer cosas saludables, porque deseamos que están bien, de la misma manera que tratamos de evitar que coman comida chatarra, para que no se enfermen o suban más allá de su peso normal. En todos los casos, el dilema siempre ha sido escoger entre lo que queremos y lo que necesitamos.

     Lo mismo sucedió aquel día en el que el Señor Jesús se presentó delante de sus discípulos, una vez que había resucitado. Nos relata el evangelista San Juan 20, 19 al 23 que los discípulos de Jesús estaban encerrados por miedo de los judíos, cuando el Señor se apareció en medio de ellos; lo primero que llama la atención son las palabras con las que se dirigió a ellos: les dijo "paz a vosotros".

     Esta era la expresión común con la que la gente se saludaba en aquellos tiempos, y podría equivaler a lo que en nuestro español es decir "buenas tardes"; sin embargo, lo que Jesús estaba deseando verdaderamente en esa hora, era que sus discípulos disfrutaran de la paz que él deseaba darles.

     Aunque en ese momento era evidente que los discípulos necesitaban paz por causa del temor que estaban experimentando, muy pronto aparecerían en ellos otro tipo de inquietudes, principalmente respecto al reino venidero de Jesús, y sus posibilidades de ocupar puestos de honor dentro de ese reino. De hecho, el mismo Lucas refiere al escribir el libro de los Hechos, que una de las últimas preguntas que los discípulos hicieron a Jesús tuvo que ver con el tiempo en el que el Señor restauraría el reino a Israel.

     En otras palabras, poco tiempo después de la resurrección de Jesús, y una vez consolados de su muerte en la cruz, los discípulos perderían de vista la importancia de mantenerse en la paz que Jesús les estaba ofreciendo. Había una gran tentación en buscar otras cosas del Maestro, tales como nuevas revelaciones, mayores dosis de poder, un lugar de honor en su reino, determinar quién de ellos debería encabezar al grupo de los apóstoles, y muchas otras cosas más, pero aunque eso era lo que querían, el Señor les ofreció lo que realmente necesitaban: su paz.

     Esto se comprueba cuando leemos en la historia lo que siguió en la vida de los discípulos de Jesús en los siguientes años: fueron perseguidos, e incluso muertos, y muchos perdieron sus posesiones o sus familias; pero en medio de tantas tribulaciones, fueron cobijados por una paz que sobrepasó todo entendimiento. Nunca se habló de quién debía ser el apóstol más importante, o de un lugar especial en el reino venidero, pero en cambio, todos los discípulos de Jesús fueron reconocidos por una paz interna, en medio de todo tipo de circunstancias.

     El día de hoy hay muchas cosas que quisiéramos recibir de parte de Dios, tales como una ayuda económica, ser sanados de alguna enfermedad, o que nos ayude a resolver un problema familiar; pero por encima de todo, debemos pedir que su paz gobierne nuestros corazones, para que entonces recibamos lo que necesitamos, y no lo que pedimos.  

Ángel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com

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