Domingo, 12 de Octubre 2025
Suplementos | Por: toni Guerra

Líneas, ausencias y presencias

Mirar distinto

Por: EL INFORMADOR

A la memoria del maestro: Arturo Rivas Sáenz

Hace unos días, motivada por la exposición En torno a Orozco que se llevará a cabo el mes de noviembre de este año, busqué entre mis papeles, un escrito que había guardado celosamente desde 1984. Se trata de la presentación de una carpeta de dibujo concebida por el maestro Arturo Rivas Sáenz, jalisciense ilustre nacido en Arandas, en 1905.
Entre los propósitos que el maestro tenía, estaba la difusión de las artes plásticas, dentro de las actividades que llevaba a cabo el Ateneo Summa del cual era fundador y director.
Para Rivas Sáenz, no había materia relacionada con las artes que no le apasionara y de la cual no estuviera profundamente informado.
Durante su vida, no sólo estuvo rodeado de escritores, sino contó con la amistad y respeto de muchos artistas plásticos de su generación y de la que le seguía (de hecho su hijo, “el güero”, fue alumno de la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Guadalajara) lo que le permitió interactuar con los muchachos que por aquellos años aspiraban a ser pintores profesionales.
Don Arturo, en extremo generoso, procuró la convivencia y el intercambio de ideas entre personas que ejercían oficios diversos, entendiendo que la interacción de las disciplinas artísticas enriquece mucho la vida del hombre creativo.
Fue contemporáneo y amigo de Juan Rulfo, Juan José Arreola, Salvador Echavarría, Adalberto Navarro Sánchez, Antonio Alatorre, Alfonso de Alba, Ali Chumacero, Olivia Zúñiga, por mencionar algunos. Relaciones que no impidieron que él conservara su gran sencillez y calidad humana, que sólo los hombres sabios poseen.
En las reuniones-taller que hacía en su casa, entre 1976 y 1985, podíamos ver en primera fila, la presencia discreta de su querida esposa Anita, la cual siempre fue respetada por los asistentes. Sobre la mesa, un riquísimo queso adobera, agua fresca y café para los desvelados. Asistían desde principiantes y “oyentes”, hasta escritores y maestros con trayectoria como: Artemio González, Raúl Navarrete, Socorro Arce, Magdalena González Casillas, Amalia Guerra, Miguel González Gómez, Rafael Kuri, María Casparius, Carmen Gloria Lugo, Socorro Arce, Catalina Guerra, Tomas del Solar, Patricia Medina, Xavier Garabito, Carlos Rodríguez Betancur, Félix Vargas, por mencionar algunos que recuerdo.
Fue también amigo cercano de pintores como Matías Goeritz, Gabriel Flores, Tomas Coffeen, Carlos Coffeen Serpas, Humberto Ortiz, Alfonso de Lara Gallardo, María de la O, Fayad Jamis y muchos más. Sin embargo, muy poco se ha dado a conocer su gran capacidad de análisis y la hondura del tratamiento de temas relacionados con la plástica.
La carpeta ideada por él y realizada en 1984 por lo la UNED (Gobierno de Jalisco, Secretaría General de Unidad Editorial), no se difundió debido a que el maestro quedó insatisfecho con la presentación del trabajo (yo conservé sólo uno de los juegos, del resto, desconozco su paradero).
Lamentablemente don Arturo murió de manera inesperada unos meses después de la “edición fallida,” sin que se pudiera llevar a cabo la publicación “digna” que él deseaba, y que el proyecto ameritaba.
Los artistas invitados al proyecto fueron Gustavo Aranguren, Carlos Coffeen Serpas, Gabriel Flores, Fayad Jamis, Federico Navarra, Enrique Rico y esta servidora.

A la memoria del maestro y con profundo respeto, agradecimiento y cariño, comparto con ustedes, este documento escrito por él, hace más de 24 años.

Dibujante

... “Desde tiempo ha, sin apagarse el propósito, Summa tuvo la obsesión de entregarse a lo plástico, tan merecedor de ser difundido como las letras”...

... “El dibujo, que de las artes plásticas fue la primera, tiene un grande y valioso significado: nos da el reino de la espectralidad sui generis; es la abstracción de lo que se me ocurre llamar “pulpa” de los objetos, reducidos a sus líneas -contornos y aristas divisorias-, despojados de colores, y sin sombras, casi también sin gravedad, pues se alivianan, descansado en el vacío o en una raya.
El dibujo es como una radiografía, o esqueleto de las cosas. Tiene el encanto de la sugerencia. Invita al complemento fantasmal de lo mirado. Florea con las lías cuasi absolutas, las virtudes de sus mil posibilidades expresivas: no entorpece la quietud que produce lo tendido, ni la tensión de lo que sube, ni la molicie de lo que ondula...

La variedad de los dibujos depende, en cada caso, del medio que las recibe: piedra- muro, cuero, concha, ladrillo, madera, papel de muy diferentísimas texturas y calidades y colores, planchas metálicas, huecos... de los materiales: tierras, sustancias fíticas o minerales, pastas y aceites, tintes y barnices y pigmentos, de los instrumentos: punta de pedernal, sílex, obsidiana..., lápiz, pluma, gis, espátula, pincel, brocha, grafio...
Con frecuencia, del instrumento nace la exigencia de un modo de pintar, o en el caso de ahora, de un tecnicismo especial del dibujo: tienen fisonomías diferentes los realizados con un grafio, que los acerca al relieve, los que se hacen con pluma, o lápiz, más sugeridores del grabado, los llevados al cabo con gises...
El dibujo posee su propia identidad. Aun los que no pasan de bocetos premisorios de un cuadro, pese a su función auxiliadora, son por sí valores estéticos individuales. Se contempla el que hizo Miguel Ángel, el que trazó -mero esquetche- para la pintura de María, el Niño y Santa Ana, y no hay urgencia alguna de relacionarlo. Necesita más un cuadro del dibujo, que el dibujo de la pintura. El dibujo es o puede ser más independiente. Logra en muchas ocasiones, por no decir en todas, autonomía. Es absoluto, es decir soluto, suelto. Si se piensa en el como un esquema, recuérdese la hermosura de un árbol hiemal, seco sin hojambre ni pájaros. Nada hay que no pueda embellecer el arte.
Los dibujantes que honran a Summa son todos de poderosas alas, por no decir “de altos vuelos”.
Mas ante todo, tienen añadido a sus facultades plásticas, aliento poético. No ofrecen en las cosas que dibujan una figura encerrada en líneas, sino que estas enmallan la pesca e los sueños, con hípnicas virtudes que trasladan a un paraíso de espectros ultraterrestres.
Yo me siento, mirándolos, quíntuplemente percibiéndolos, en un paraíso sin árbol prohibido, donde mi fantasía y mi voluntad son libres del ojo avizor de un Jehová vengativo y terrible. Algo así como si una inyección de morfina, me fumara un largo cigarro de marihuana, e ingiriera una buena ración de peyote.
Admiro e idolatro a los artistas que me procuran semejante gozo, y pido al dios en el que no creo, que su cielo sea como eso, y al dios en que creo, que me deje vivir lo más posible, para seguir degustando los placeres de la poesía, y la música y de las artes plásticas, y la de la cocina y la perfumería, y las de mi piel que con todas mis partes toca”.

Tapatío

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