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Suplementos | De padres a hijos

Límites para vivir en armonía

Educar a los hijos hoy en día, está más relacionado con el diálogo que con el regaño

Por: EL INFORMADOR

Con palabras dulces y firmeza se pueden obtener mejores resultados en el comportamiento de los niños. A. MUÑIZ  /

Con palabras dulces y firmeza se pueden obtener mejores resultados en el comportamiento de los niños. A. MUÑIZ /

GUADALAJARA, JALISCO (08/JUL/2011).- Seguramente más de alguno ha sido testigo de la rabieta de un niño y la impotencia de sus padres ante tal acto. Cuando algunos pequeños no obtienen lo que desean, suele desatarse un berrinche que, en la mayoría de los casos, culmina en el suelo con patadas dirigidas a todas partes e incluso, en casos más severos, continuos golpeteos hacia sus verdugos y un alarido que resuena más allá del rincón donde se suscita tan terrible situación.

Quienes observan el espectáculo suelen ponerse del lado del niño: “pobrecito”, dicen, mientras los padres lo levantan del suelo con fuerza y empiezan a arrastrarlo hacia algún lugar menos público. Pocos son los que asumen que los papás del pequeño no son unos seres malignos que se empeñan en exhibir a la criaturita en su peor estado… y quizá menos individuos se compadecen de los papás por pasar tan amargo trago.

Enfrentar una situación como ésta no es sencilla: los chicos no llegan al mundo con un manual de uso y difícilmente se podrá acceder a un documento que instruya a los padres de “pe a pa” sobre las acciones que hay que tomar ante diversas situaciones.

Además, en algunos casos los papás asumen que sus hijos serán tan buenos como ellos lo fueron durante se infancia o que tendrán la facilidad que tuvieron sus progenitores para llevarlos por el buen camino, pero la genética a veces falla en ese sentido.

Cuando se es padre, básicamente se tiene conocimiento de que habrá que asumir una serie de compromisos en la formación del nuevo miembro de la familia; probablemente con el segundo o tercer hijo las cosas funcionen mejor, pero con el primero vienen las dudas una vez que se ha superado la etapa del bebé, en que se asume que el llanto está ligado invariablemente a la necesidad de comer o dormir.

Educar a los hijos no es tarea fácil, hay quienes piensan de entrada en determinar a grosso modo cuáles son los valores que se inculcarán en el pequeño, pero lo más importante –y difícil– será mantener la firmeza en las reglas a seguir y encontrar la paciencia para poder comprender las necesidades básicas de los pequeños.

Poner un “hasta aquí”

Los especialistas en educación infantil aseguran que los límites se deben establecer desde temprana edad, a fin de fortalecer conductas y lograr un sano crecimiento personal del individuo.

La psicóloga Natalia Calderón advierte que “los niños necesitan ser guiados por los adultos para que aprendan cómo realizar lo que desean de la manera más adecuada. Los límites deben basarse en las necesidades de los niños y fijarse de manera que no afecten su respeto y autoestima”.

Los límites se establecen con firmeza, sin ser agresivos, con tranquilidad, empleando un tono de voz fuerte, pero sin gritar. “La disciplina da buenos resultados cuando los adultos son firmes, observadores y afectuosos, nunca si estos se muestran superficiales. La disciplina debe ser firme –nunca grosera–, respetuosa y no hiriente, o sea debe controlar, pero nunca lastimar al niño”.

Por otra parte, no respetar los límites, debe traer consecuencias, las cuales tienen que ser proporcionales, directas y, en la medida de lo posible, inmediatas a la situación que las provoca. Por ejemplo, cuando un niño experimenta una frustración, tiende a solucionar el problema con un berrinche, el cual muchas veces hace sucumbir a los padres hasta que éstos le otorgan aquello que deseaba. En casos como estos, se aplica el tiempo fuera, explicando al pequeño el porqué de una negativa e invitándolo a continuar en soledad con su drama, entonces llegará a un momento de paz habiendo entendido la situación y en busca de recuperar la atención de sus papás con una actitud más positiva.

Aprender a enseñar

Lo primero que se debe aprender, y que se deja en claro en diversos materiales didácticos para padres, es que los niños son diferentes, como lo son también sus capacidades de desarrollo cognitivo y físico, por ello los libros suponen solamente una guía y no una receta a seguir al pie de la letra.

Además, hoy en día existen en algunos centros escolares programas para educar a los padres, proveyéndoles de algunas herramientas para lograr establecer límites y mejores hábitos en sus hijos.

Juan Pablo Arredondo, autor del libro Límites y berrinches, asegura que se debe educar a los niños con reglas y hábitos desde que son muy pequeños, preparándolos para enfrentarse a la vida.

“Se cree que los límites están peleados con el amor, y eso no es cierto. Es mucho más amoroso manejar a un niño dentro de un esquema de límites, porque lo estás preparando para la vida, y la vida es con límites, con reglas, estructuras, autoridad, consecuencias”.

Pero los límites deben establecerse de manera positiva, es decir, hacer a un lado el “no” rotundo y cambiarlo por una explicación que haga entender a los pequeños las razones de por qué es más conveniente evitar un comportamiento determinado. Por ejemplo, hay que eliminar el “¡no grites!” y decir “habla bajito”.

Según diversos especialistas en educación infantil, lo primordial es acentuar lo positivo, tomando en cuenta que los niños son más receptivos al “hacer” lo que se les ordena sin hacer uso de represiones directas.

Ciertamente no se trata de una tarea fácil, los padres deben aprender a comunicarse de otra forma, a ser más pacientes ante el comportamiento de sus hijos, a contar no hasta 10, sino hasta 100 o mil hasta encontrar las palabras adecuadas para comunicarse con los pequeños.

¡Cuidado!

Aunque a lo largo del tiempo diversos padres han formado a sus hijos a través de nalgadas, psicólogos y pedagogos se oponen en la actualidad a métodos como éste.

Al respecto, Juan Pablo Arredondo señala: “La nalgada es un recurso, es una estrategia y como tal, es una estrategia que sí sirve, se utiliza; es efectiva, pero no es recomendada bajo ninguna circunstancia, los precios que se pagan por su utilización son muy elevados, transgreden la integridad física, psicológica, emocional de los niños, genera enojo, coraje, resentimiento, afecta la autoestima, confianza, seguridad. Evidentemente no es un tema recomendado”.

Consejos básicos

Charles E. Schaefer, profesor de Psicología y director del Centro de Servicios Psicológicos en la Universidad de Fairleigh Dickinson, presenta 10 recomendaciones esenciales para educar con límites en su libro Teach your child to behave disciplining with love from 2 to 8 years (Enseña a tu hijo a tener disciplina con amor, de dos a ocho años).

  1. Objetividad. Un límite bien especificado con frases cortas y órdenes precisas suele ser claro para un niño.
  2. Opciones. La libertad de oportunidad hace que un niño sienta una sensación de poder y control, reduciendo las resistencias.
  3. Firmeza. Los límites firmes se aplican mejor con un tono de voz seguro, sin gritos, y un gesto serio en el rostro.
  4. Acentúa lo positivo. Los niños son más receptivos a hacer lo que se les ordena cuando reciben refuerzos positivos.
  5. Guarda distancias. Una buena estrategia es hacer constar la regla de una forma impersonal.
  6. Explica el porqué. Cuando un niño entiende el motivo de una regla como una forma de prevenir situaciones peligrosas para sí mismo y para otros, se sentirá más animado a obedecerla.
  7. Sugiere una alternativa. Siempre que apliques un límite, intenta indicar una alternativa aceptable. Sonará menos negativo y tu hijo se sentirá compensado.
  8. Firmeza en el cumplimiento. Una regla puntual es esencial para una efectiva puesta en práctica del límite.
  9. Desaprueba la conducta, no al niño. Deja claro a tus hijos que tu desaprobación está relacionada con su comportamiento y no va directamente hacia ellos.
  10. Controla las emociones. La disciplina consiste básicamente en enseñar al niño cómo debe comportarse. No se puede enseñar con eficacia si somos extremamente emocionales.

Lecturas recomendadas

  • Límites y berrinches, de Juan Pablo Arredondo. Javier Vergara Editor.
  • Los padres perfectos no existen, de Isabelle Filliozat. Editorial Urano.
  • Los padres son maestros: El método Bowdoin. Royce Editores.

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