Suplementos | Muchos detractores de la Iglesia se ensañan en contra de sus ministros Levantar nuestra voz “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en plenitud” Por: EL INFORMADOR 23 de octubre de 2010 - 11:43 hs Cuando se hace a Dios a un lado de la vida personal, familiar, laboral, social y hasta política; cuando se lo ignora en todos los planes, las decisiones o acciones; o bien, cuando de plano se lo rechaza de forma abierta y descarada, como lo hacen tantos en la actualidad --entre los que destacan algunos gobernantes y políticos--, es imposible entender, y menos comprender todo lo que lo a Él involucra: su Palabra, sus designios para la humanidad a la que Él creó y ha sostenido y cuidado a través de los siglos que han transcurrido desde su Plan de salvación, los cuales son dados a conocer a través de la Revelación en la Sagrada Escritura; mas no solamente a través de ella, sino de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia a la que Jesús hizo depositaria de dicha Revelación. Suena lógico, ¿no? Esa es la razón por la que muchos detractores de la misma se ensañan en contra de sus ministros y/o voceros, usando argumentos por demás fuera de lugar y de contexto, porque están fundamentados ya sea en corrientes de pensamiento ajenas o francamente contrarias al pensamiento cristiano, como lo es la corriente del marxismo ateo, que aunque muchos piensen lo contrario, aún está vigente en algunas grandes naciones que la sostuvieron por décadas, ello porque la mantienen viva muchos trasnochados que la utilizan como bandera para conseguir sus propios intereses de poder y dominio. Todo ello, amén de que en los planes de la mayoría de los movimientos internacionales que promueven este tipo de filosofías ateas, tienen en sus miras acabar con todo lo que sea y todos los que sean cristianos. De ahí que cada vez más se multipliquen los ataques a los representantes de la Iglesia Católica que, cumpliendo con su cometido profético que por el bautismo y su unción como pastores ostentan, tienen la valentía y el arrojo de oponerse y denunciar públicamente todo lo que vaya en contra de la doctrina de Jesucristo y de la misma Iglesia, no en nombre propio, sino en el nombre del autor de la misma, que es el Espíritu Santo, el Espíritu del mismo Cristo, quien permanece con la Iglesia, iluminándola, conduciéndola, protegiéndola y fortaleciéndola. Doctrina que, por lo demás, va de la mano con una ley natural, de origen también divino, fundamento del derecho que rige en todo el mundo. Sin embargo, pareciera ser que esas denuncias, esa proclamación de la verdad ante el mundo, se están convirtiendo en “voces que claman en el desierto”, y ya no tanto para los detractores, sino preocupantemente para muchos de los propios miembros de la Iglesia, de cristianos que permanecen al margen, sin asumir su compromiso bautismal y ser también, por la unción del Espíritu, profetas con Cristo y ejercer esa función que consiste en anunciar la Buena Nueva, el Evangelio a toda creatura, y denunciar todo aquello que va contra de éste. Este domingo la Iglesia celebra el “Domingo Mundial de las Misiones”, el cual suscita la oportunidad de reflexionar acerca de nuestra responsabilidad como difusores de esa Buena Nueva, como profetas y misioneros, y de cómo estamos cumpliendo el mandato de Jesús que nos recuerda el Evangelio de hoy y que nos dice: “Me ha sido dada toda autoridad en el Cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia (Mt 28, 18-20). Si todos los bautizados --fundamentados en una vida coherente con nuestra fe, que ofrezca un testimonio auténtico y creíble-- levantáramos nuestra voz para denunciar las injusticias, la corrupción, las corrupciones amorales, ilegales y antievangélicas, en pocas palabras todo lo que encierra la cultura de la muerte, y en contrapartida anunciáramos la Buena Nueva de Jesucristo --en la que se nos enseña precisamente cómo vivir de acuerdo con el plan de Dios y así contrarrestar toda la maldad que está dominando al mundo--, nuestra realidad sería diametralmente opuesta, pues en ella prevalecerían el amor, la justicia, la verdad, la vida en abundancia. El mismo Jesús lo prometió cuando afirmó: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en plenitud” (Jn 10, 10). Francisco Javier Cruz Luna Temas Religión Fe. Lee También ¿Cómo llegar en camión o tren a la Romería 2025? La gran reunión mágica Romería: Los kilómetros al ritmo de la fe ¿Qué día es la Romería 2025 en Guadalajara? Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones