Viernes, 10 de Octubre 2025
Suplementos | Son muchos los síntomas, las señales y evidencias de que nuestra sociedad está enferma

Lepra social

La crisis que vivimos y que cada día se agudiza más, siendo una crisis de fe, como lo reflexionábamos hace unas semanas

Por: EL INFORMADOR

    Son muchos los síntomas, las señales y evidencias de que nuestra sociedad está enferma, de que padece una especie de lepra social, valga la redundancia, en la que está perdiendo, cayéndosele poco a poco, partes de su cuerpo, contaminado por un virus tal vez más nocivo que el de la misma enfermedad que ataca al cuerpo humano: la autosuficiencia, fruto del egoísmo, la soberbia y el orgullo, que se conjugan para dar una especie de cocktail --permítaseme llamarle así-- realmente explosivo.
     La crisis que vivimos y que cada día se agudiza más, siendo una crisis de fe, como lo reflexionábamos hace unas semanas, manifiesta muchos de esos síntomas, de esas evidencias.
     Con qué ligereza se les quita la vida a otras personas, y de una manera salvaje, que rebasa la brutalidad de muchos animales, los cuales matan por necesidad o por instinto, porque ellos no razonan. Y, lo mismo, con qué ligereza se aborda el asunto en muchos medios de comunicación, como si se tratara ahora --sí, como dice el dicho-- de “enchílame otra”; y lo que es peor y realmente alarmante, con qué ligereza y naturalidad, y con una nula capacidad de asombro, muchos ya se han acostumbrado a ver y escuchar las noticias terribles que día a día se nos dan, y ni se inmutan, porque “ni a calor les llegan”.
     De igual manera, con qué irresponsabilidad e ignorancia, ya sea culpable o no, se está manejando e influyendo en el criterio de la población, el asunto del asesinato de millones de seres humanos indefensos por medio de la práctica del aborto.
      Verdaderamente alarmante es la penetración en todos los ambientes, con personas de todas las edades, clases sociales, niveles económicos y culturales, de la distribución y venta de enervantes y drogas en general, de tal manera que están degradando física, moral, mental y espiritualmente a los pobres seres humanos que caen en sus garras, al grado de convertir a muchos de ellos en verdaderos inútiles, incapaces de valerse por sí mismos, y de tomar decisiones y hacerlas realidad, llegando a ser una verdadera carga para sus familias, sus ambientes, la sociedad y el país entero.
     La facilidad con la que los niños, adolescentes, jóvenes y adultos, acceden a todo tipo de degradación en la dimensión sexual de la persona humana: desde la pornografía --que raya también en lo brutal, en lo más indigno presentando lo más bajo y ruin que puede caer el hombre y la mujer--, hasta el poder inmiscuirse personalmente y “a todo color” en esas prácticas, ante la gran oferta de servicios  que hoy se ofrecen.
     Podríamos continuar con una larga lista, mas creemos que tenemos con esa “muestra” de la realidad, a la que hemos llamado por su nombre y no con motes que quieren disimular lo serio y grave que son esas manifestaciones de la misma.
      Las preguntas que surgen ante todo esto, también podrían ser muchas, tales como: ¿Qué se está haciendo como remedio, con bases sólidas y acciones profundas y sostenidas? ¿Se quiere en realidad atacar estos problemas o tan sólo se tienden cortinas de humo, o se dan aspirinas para el dolor de cabeza, soslayando esa lepra tan perniciosa? ¿En dónde esta la verdadera solución a todo esto y más?
     El Evangelio de este domingo nos revela no sólo la solución, sino a Aquel que es la solución y no sólo a estos problemas, a estas realidades, sino a toda la vida del ser humano: Jesucristo, el Hijo Único de Dios, Dios y Hombre verdadero, al que el Padre envió justamente para salvar al hombre de la esclavitud de todo pecado y de quien lo suscita, lo fomenta, lo prohíja, lo ofrece al ser humano de manera que lo fascina, lo atrae, cae en sus garras y lo esclaviza.
      Jesús al sanar al leproso, lo hizo integralmente, de forma tal que no sólo quedó libre de toda atadura física, mental, espiritual, sino que se convirtió en un servidor de Él, demostrando con ello, una vez más, que para Él no había imposibles.
      ¿A quién acudes tú, hermano(a) ante tus problemas, tus enfermedades, tus esclavitudes, tus angustias, tus dolores y sufrimientos? ¿A tantos espurios profetas que te ofrecen “soluciones falsas”, que lejos de ayudarte te hunden más, o al verdadero profeta  y enviado de Dios, a Jesús, quien, por lo demás ha demostrado hasta el cansancio que basta con que haya un poquito de fe en los corazones para que Él haga maravillas?

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx

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