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Miércoles, 21 de Noviembre 2018

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Suplementos | Luvimos la suerte de “descubrir” la fábrica de hilados La Soledad Vista Hermosa

Las urdimbres de la Historia

Luvimos la suerte de “descubrir” la impresionante y antigua fábrica de hilados y tejidos La Soledad Vista Hermosa

Por: EL INFORMADOR

BELLEZA. Las Piedras urden el aire con los hilos de la historia. EL INFORMADOR / P. Somellera

BELLEZA. Las Piedras urden el aire con los hilos de la historia. EL INFORMADOR / P. Somellera

GUADALAJARA, JALISCO (27/AGO/2017).- Ahora que tuvimos la suerte de viajar por Oaxaca tratando de investigar cosas quizás ocultas para el turismo, tuvimos la suerte de “descubrir” la impresionante y antigua fábrica de hilados y tejidos La Soledad Vista Hermosa, a tan solo 17 kilómetros al norte de la Ciudad de Oaxaca en donde, además de la gran carga histórica que ahí encontramos, sumada a las vicisitudes y los trabajos que fueron empeñados, los desencantos sindicales y empresariales debidos a las circunstancias de su tiempo… creímos que quizás podíamos dilucidar algo hurgando los rescoldos de sus batallas, en el largo camino de convertirse en un digno y bello centro para el impulso y fomento de las artes. Valiosa ayuda para nuestras juventudes que navegan por el convulso mundo que vivimos hoy en día.

Las frases citadas por Emma Yanes Rizo en su ensayo sobre la historia de las fábricas San José y Vista Hermosa, tomadas de viva voz de quienes vivieron aquellos tiempos, son más que descriptivas y las aprovecho:

“Los patrones se han ido. Las fábricas enfrentan el futuro por su cuenta” decían.

“En esa casa vivieron los que aquí fincaron. En esos paredones derruidos estaban las gentes de su confianza”.

“Más alto que una paca de algodón sería el libro que se escribiera de las cosas que aquí pasaron”.

 “Los patrones fueron poderosos, pero se los acabó la revolución”.

“Hasta el gobierno estuvo aquí, pero cuando ya no les rindió, ya nos quedamos solos”.

“No señor, contra quien protestamos”.

 “Utilizan la finca como bodega, las escaleras están destruidas y los pasamanos se los comen las enredaderas”.

“Aquí acabó todo: en esos telares viejos y amontonados”.

 “Pero el casco sigue aquí con el mismo rumor de hace cien años”.

  En Etla (la tierra de los frijoles), antiquísimo asentamiento zapoteco de 300 años a.C., nos encontramos con la bella y señorial fábrica textil de claro estilo afrancesado y porfiriano fundada en el 1883. En su fachada se puede ver el nombre de “Soledad Vista Hermosa”, y un poco más abajo, con letras grabadas sobre la piedra, José Zorrilla Trapaca, fundador de la exitosa y visionaria fábrica de mantas y franelas que desgraciadamente y por vicisitudes de los tiempos por los que pasaba México, quedó en el abandono. Un siglo después, afortunadamente llegó a manos conscientes, sensibles, filantrópicas y visionarias, para ser restaurada bajo los auspicios del reconocido pintor y filántropo oaxaqueño Francisco Toledo, zapoteco nacido en Juchitán quien, habiéndola adquirido en el año dos mil, logró que en tan solo seis años, con el apoyo de CONACULTA y de distintas instituciones gubernamentales, además de algunas privadas -como las admirables que patrocina Alfredo Harp Helú- comenzó a funcionar como un ejemplar centro para el fomento de las artes.

 Textiles, bordados, papeles artesanales, gráficos, fotografía, cerámica, talleres de lo más variados, y exposiciones de todas clases; con libertad absoluta de expresión, de creencias y de ideología, albergan en su seno cuantas inquietudes artísticas puedan suceder en nuestro inquieto México. (Me aterra que el cardenal haya ido a rentar una furgoneta).

Mientras caminábamos por el soberbio edificio magníficamente restaurado, una palabra martillaba mi cabeza: urdir, urdir, urdimbre. ¿Qué es eso? me preguntaba. ¿Y por qué tanta insistencia en mi sentir? La respuesta apareció en cuanto llegamos al salón de las exposiciones. El enorme espacio estaba ocupado (desocupado, según el artista Luis Felipe Ortega) por una magnífica telaraña “urdida” con hilos que de lado a lado ataban los antiguos pilares porfirianos, sosteniendo en exquisita armonía unas pequeñas piedras sin forma particular ni característica alguna, ocupando (flotando en el espacio) la totalidad de aquel recinto, expresando en la trama de los hilos las urdimbres de nuestra propia vida, y los apegos y las realidades pétreas de nuestro vivir, haciendo énfasis en la libertad que debemos de dejar espacios vacíos para ser ocupados por la naturaleza misma. -“Las luciérnagas y las mariposas deben de poder volar entre nosotros”- decía el autor. Me impresionó. Creí comprenderla. Ojalá pueda transmitirles ese sentimiento. Dejo una foto y mil palabras. (Urdir: Disponer los hilos para tejer y empezar la trama).

Viajemos con el corazón sensible, y atentos a las cosas que solo se pueden ver lentamente, en silencio y con el alma.

No lleven sus celulares ni renten furgonetas. Dejen a la vida urdir en paz sus telarañas.

pedrofernandezsomellera@prodigy.net.mx

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