Suplementos | Estas son cuatro postales de mujeres que enfrentan el último trecho de su vida Las que son y las que fueron Estas son cuatro postales de mujeres que desde sus particulares circunstacias enfrentan con alegría, o no tanto, el último trecho de su vida Por: EL INFORMADOR 14 de julio de 2013 - 03:56 hs Marisa dice que está mejor en la casa hogar que con su hija. ESPECIAL / GUADALAJARA, JALISCO (14/JUL/2013).- A Marisa, María y las Celias, las protagonistas de estos retratos, las alcanzó la edad de diferentes maneras. Sus circunstancias de vida les permitieron, a unas, llegar a la casa de descanso para adultos mayores que eligieron y sentirse plenas; a otras, el destino no les ha sido tan benevolente. Ser adulto mayor y carecer de recursos lleva a las personas a terminar en asilos modestos y con poca infraestructura, como es el caso del Asilo Juan Pablo Segundo. Este espacio ha visto desfilar a mujeres que en algún momento tuvieron una buena condición social o y económica, como el caso de Conchita, viuda un ex Secretario de Educación en Jalisco, cuyo hijo único dilapidó la fortuna paterna y las vecinas llevaron a la mujer a vivir a este asilo. De tener tres o cuatro asistentes domésticas y una casa enorme en la colonia Chapalita, terminó durmiendo en una cama compartida con mujeres en extrema pobreza. Anacleta una comerciante que tenía varios puestos en un mercado, también fue ingresada al asilo por sus hijos para quedarse con su dinero, pero como ella se negó a firmarles , terminaron por sacarla de ahí. En cambio, hay otros asilos, que por ejemplo, ofrecen suites alrededor de un jardín, con dieta variada y convivencia son amplios. Los hay sólo de mujeres y mixtos, donde se puede ver a las señoras jugar cartas o dominó cubano, y cuentan con enfermera las 24 horas del día. Les ofrecen a los ancianos clases de yoga, cine club, baile, aerobics entre otras actividades recreativas. El costo de algo así va de los 22 mil a los cerca de 30 mil pesos mensuales, algo que muy pocos se pueden dar el lujo de pagar. Hay opciones desde 550 pesos, previo estuduio socioeconómico. El camino de todos De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía e Informática (INEGI), la esperzanza de vida en México es 75.7 años. En 2050, México tendrá más de 27 millones de adultos mayores de 60 años. La mayoría de los que hoy tienen entre 25 y 45 años estarán pobres y enfermos, según el Consejo Nacional de Población. En Jalisco, más de nueve por ciento de la población tiene 60 años o más, según el censo de población de 2010. Entre 2012 y 2013, la población del Estado se incrementó en 94.6 mil habitantes, es decir, creció a una tasa de 1.3 por ciento. No obstante, de 1990 a 2010, el aumento de personas de 60 años y más fue de 3.1%; con este ritmo de crecimiento el número de adultos mayores pasó de 362.5 mil a 671.3 mil en dicho periodo, según datos del INEGI, que dio a conocer esta semana con motivo de la celebración del Día Mundial de la Población. >Casa Hogar Margarita González , a un costado de Casa Jalisco, en la Avenida Manuel Acuña 2560, en Providencia. La cuota que pagan es de acuerdo a un estudio socioeconómico, la más baja es de 550 pesos y la más alta de 10 mil pesos mensuales >Casa para Grandes Mujeres. Se ubica en la calle Sol 288 entre Firmamento y Paseos del Sol, Col Jardines del Bosque. El costo va de 18 mil en habitación compartida y 27 mil en privada. >Asilo Juan pablo Segundo. Nicolás Romero 1358, Colonia Mezquitán Country. Fue fundado por el padre Pedro Castro. Se sostiene de las donaciones, ya que las personas que viven ahí pagan cuotas simbólicas que van de los mil a tres mil pesos. MARISA IGLESIAS GONZÁLEZ, 92 años En una ocasión, Wendy, la psicóloga de la casa hogar “Grandes Mujeres”, llevó a un grupo de adultas mayores a un parque cercano, en Jardines del Bosque. Pasó un grupo de adolescentes y uno de ellos dice de manera despectiva: “Ah, mira las viejitas que nos están robando el oxígeno”. Marisa Iglesias, la mayor de ellas, una mujer de 92 años, le llama y le pregunta: “¿Sabes para que sirve el oxígeno?” El muchacho le dice: “Claro para que el cerebro y los pulmones funcionen.” Marisa sin perder la compostura y con una sonrisa le dice “¿Entonces para qué quieres tú el oxígeno, si ni cerebro tienes?” Los chicos se retiraron un poco avergonzados, pero la señora, que pese a su pequeña estatura es una mujer fuerte y empoderada fue felicitada por el resto del grupo. Marisa llegó a esta casa de descanso hace seis meses, la trajo su hija que vive en la misma colonia, pero que por sus múltiples ocupaciones no puede hacerse cargo de ella. Marisa dice que está mejor en la casa hogar, que con su hija. Que tiene amistades y varias actividades, así como salidas al cine, talleres, y sobre todo no está sola como en casa de su hija. Sin embargo, recuerda que antes de venir a Guadalajara ella vivía en un rancho que le heredó su segundo marido en el Estado de México. Allá se sentía feliz, si bien no tenía familia con ella, vivía con empleados que la habían acompañado en los últimos 25 años. Marisa llegó a México cuando el entonces presidente Lázaro Cárdenas abrió la frontera a los exiliados españoles que habían peleado contra Francisco Franco. El papá de Marisa fue el primero que llegó al país y luego mandó a traer a su esposa y a sus cuatro hijos. Tres mujeres y un hombre. Como la situación de la familia era precaria el papá les explicó que tendrían que trabajar para sacar los gastos y que sólo habría dinero para pagar la escuela del hijo menor. Marisa piensa que la decisión de su padre fue adecuada y empezó a trabajar en una panadería como cajera. Cuando tenía 21 años se casó con un francés amigo de la familia. “Me casé de negro porque en España solo la realeza tenía derecho al blanco”. Recuerda que había ido a varias tiendas de novia en la ciudad de México, ya tenía apartado un vestido blanco, pero su papá el dijo que esas no eran sus costumbres, que debería respetar. Estuvo felizmente casada por cuarenta y cinco años, tuvo cinco hijos, una de ellas murió al nacer y otra en un accidente de tránsito. De los tres que le sobreviven uno vive en Francia y otra en Guadalajara, que fue la que la convenció de vender el rancho y venir a esta ciudad, que apenas si conoce. Cuando quedó viuda, un español amigo de la familia la cortejó hasta que ella aceptó y les dijo a sus hijos: me voy a casar, no estoy pidiendo permiso, solo informo. Así fue como a los 72 años volvió a contraer matrimonio. El gusto le duró 8 años, vivían en un rancho y allí se quedó 8 años más, hasta que fueron por ella sus hijos. Dice que ella es mexicana aunque haya nacido en España, de aquel país sólo tiene recuerdos desagradables. Una de sus diversiones desde que era muy joven era ir al cine, desde que vivía en España le gustaban las películas mexicanas, en especial las de Pedro Infante y Jorge Negrete. Ahora le gusta ver telenovelas, aunque digan que es para personas sin cultura, porque salen actores guapos, pero su preferido sigue siendo Pedro Infante, y no pierde la esperanza de encontrarse un novio que se parezca a él. Marisa camina sin ayuda, está un poco encorvada, y goza de excelente salud. Le gusta mucho leer y le molesta sobremanera que algunas personas la quieran tratar como menor de edad, o que les digan a las ancianas “pobrecitas”. Ella dice: “pobrecita tu abuela, que te tiene a ti.” Espera llegar a los 100 años, y suele ser muy servicial con otras mujeres de la casa hogar que no tienen tan buena salud como ella. CELIA DELGADO DE OROZCO, 87 AÑOS Al entrar a la Casa Hogar Margarita González, a un lado de casa Jalisco, la puerta de una de las habitaciones, en lugar de tener el nombre de la inquilina como el resto, anunciaba: “No se admiten visitas”. Gaby, la psicóloga encargada, ofreció que hablaría con la señora Celia Delgado para ver si quería ser entrevistada. La señora de 87 años de inmediato aceptó, se encontraba muy bien peinada y maquillada. Contó que se había recostado un poco porque se estaba recuperando de una enfermedad y acababa de regresar del salón de belleza, a donde acudía todos los lunes. Celia fue durante 30 años directora de la Biblioteca Benjamín Franklin, del consulado estadounidense. Es una mujer culta con dos maestrías, una en biblioteconomía y otra en psicología pedagógica, así como una licenciatura en trabajo social. El gobierno de Estados Unidos, la envió a tres universidades en aquel país. Es madre de cuatro hijos, un varón y tres mujeres, que “gracias a Dios y a la Universidad de Guadalajara, me salieron muy estudiosos y muy trabajadores al igual que mis nueve nietos.” Lleva doce años viviendo en esta casa, aunque tardó nueve en ser admitida. Recuerda que desde más joven pasaba por el lugar y decía aquí es donde quiero terminar mis días. Anteriormente vivía en una residencia ubicada en Av. México y Miguel Gallardo, un palacio de mil metros, dice Celia. Sin embargo los problemas de salud que afectaban su movilidad la hicieron tomar la decisión de buscar un espacio en donde recibiera atención. La idea de irse a vivir con alguno de sus hijos no la sedujo, ya que entiende que cada familia tiene su propia dinámica, y no quería invadir su espacio. Pero “sigo siendo la directora de orquesta”, señala orgullosa, “y todavía me consultan, me llaman por teléfono todos los días, me visitan y nos juntamos a comer algunos domingos.” Celia ha sido jefa de familia desde que sus hijos eran pequeños, su marido no cooperaba en los gastos de la casa, ni en la atención de sus vástagos, así que “me convertí en autoviuda, es decir, le pedí que se fuera y no estorbara”. Por esa razón sus hijos le festejan el día del padre y de la madre, porque eso he sido para ellos. Cuando le avisaron que por fin había sido admitida en la casa hogar, tuvo que hacer varios arreglos para donar sus más de tres mil libros de poseía. Y que cada uno era como un hijo, tenía que ser entregado a personas que realmente lo apreciaran. Celia usa la computadora para escribir y comunicarse con sus amistades, en casi todo el mundo. El único país que le faltó conocer fue Australia, pero piensa que algún día irá. Internet le permite mantenerse en contacto con su familia y amistades aunque añora los días en que le llegaban cartas por el correo normal. En el tiempo que lleva en la casa produjo dos libros sobre botánica, tema que le interesa. Pertenece al Colegio de Jalisco, y acude a sus conferencias y juntas. “Sólo aviso que voy a llegar más tarde”. Pasa por ella Fernando, un taxista que lleva años de conocer y es de toda su confianza. Asegura que su vida sigue siendo muy activa y con muchos intereses, que sale a comer con sus amigas, va al cine, a conferencias, al teatro.Fue nadadora profesional por 21 años. Se levantaba a las cinco de la mañana para poder mantener a sus hijos, ya que además de de trabajar en la biblioteca, daba clases en la prepa dos. Tiene un montón de libros y videos que la están esperando, le gusta la música clásica, la de Agustín Lara y el mariachi, así como asistir a las salas VIP del cine, y tomarse unas margaritas. Sus gastos los sufraga con la pensión que le paga el gobierno de Estados Unidos. Se imagina en el futuro como una viejita apachurradita, jorobadita, leyendo o que le lean. Haciendo las mismas cosas que ahora. Sentencia: “Si te gusta la lectura, ya estás acompañada todo el tiempo.” MARIA ÁVILA ALCALÁ, 65 años María llegó al asilo Juan Pablo Segundo después de haber sufrido un infarto cerebral que le dejó semiparalizado la mitad del cuerpo. Ella se siente muy contenta en aquí; dice que la comida es buena y que las trabajadoras preparan menudo y tamales para vender afuera del templo y poder allegarse recursos, para mantener a las personas que viven en la casa de descanso. María está muy entusiasmada escribiendo una telenovela. Ya lleva 100 páginas y asegura que tiene un contacto que le ayudará a venderla. Lo hizo porque no le gustan las telenovelas actuales, que siente que no tienen inventiva y son repetitivas. María dice que está feliz de tener un techo donde dormir, que sabe que su antiguo patrón paga 2 mil pesos mensuales porque la dejen vivir aquí, se desplaza en silla de ruedas pero se siente libre para pasear por todas las instalaciones. Invita a las persona que lean esto, a cooperar para que el asilo siga funcionando, ya que las carencias son muchas. CELIA JÁUREGUI GUÍZAR, 84 años Celia Jáuregui está asilada en el Juan Pablo Segundo desde hace dos años; dicen que era prima del cantante Tito Guízar. Celia cuenta que ella vivía en un pequeño ranchito de su propiedad en Zacatecas, que tenía ulceradas las piernas y su hermana menor la trajo a Guadalajara a curar. El problema es que la internó en el asilo contra su voluntad y ahora no puede salir. Reconoce que el trato que recibe es bueno, pero se siente presa, perdió su libertad. Desde que llegó no ha pasado ni una sola noche fuera de la casa de descanso. Cuando ingresó requería ayuda para bañarse, comer y moverse. Actualmente, aunque sigue usando la silla de ruedas, dice que ella cubre todas sus necesidades, como comer, bañarse, ir al baño... Reconoce que el trato es bueno en el asilo, pero insiste en que se siente presa. A sus 84 años , recuerda que desde muy joven trabajó en el área administrativa de la industria automotriz. Estuvo casada dos veces, pero no tuvo hijos porque sus maridos estaban imposibilitados. El primero porque había tenido un accidente automovilístico que le dejó secuelas y el segundo ya era muy mayor cuando se juntaron. Se queja de la comida, que dice, está seca y muy condimentada, y desea que sus hermanas la saquen de ahí y le renten aunque sea un cuartito, ya que compartir la cama con otra mujer es algo a lo que no ha logrado acostumbrarse. Temas Tapatío Tercera edad Lee También ¿Cómo identificar y tratar la migraña en adultos mayores? El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal ¿Cuánto dinero da el Inapam? 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