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Domingo, 09 de Diciembre 2018

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Suplementos | Museo. La calle como galería

Las estatuas parlantes de Roma

En un paseo por Roma puede comprobarse cómo sus estatuas hablan, aunque hoy mucho menos que antes

Por: EL INFORMADOR

Marforio. Esta estatua fue objeto de una restauración reciente. ESPECIAL /

Marforio. Esta estatua fue objeto de una restauración reciente. ESPECIAL /

GUADALAJARA, JALISCO (19/MAY/2013).- A veces, cuando nos molestamos por algo que está sucediendo, lo primero que hacemos es abrir cualquiera de las redes sociales a las que pertenecemos y compartir nuestro descontento. Con esto, en muy pocas ocasiones se logra que la situación  mejore, desgraciadamente, pero sí que es útil para sentirnos un poco más tranquilos y, de algún modo, liberados. Así sucede hoy. Pero antes, mucho antes de la existencia de las actuales redes sociales, la gente ya venía inventando formas de expresar su descontento. Y fue por ello que en Roma nació la tradición de las estatuas parlantes.

En la ciudad eterna existen seis estatuas que, desde el siglo XVI,  sirvieron como una especie de aliviadero colectivo contra el poder. Durante las noches manos anónimas se encargaban de escribir ingeniosos carteles que colocaban en algunas estatuas situadas en lugares céntricos de la ciudad. Así pues, en las mañanas, la gente descubría estos mensajes, a veces escritos en verso y a veces prosa, pero siempre en forma de sátira contra el Papa, los políticos o los poderosos de turno. Con el tiempo, la mensajería se fue perfeccionando y hasta existieron auténticos diálogos entre las estatuas. En una plaza, una de ellas mostraba un cartel donde hacía una pregunta a otra de las estatuas y había entonces que dirigirse a esta última para encontrar la respuesta. Estas figuras de piedra se hicieron tan populares que los romanos acabaron dándoles sobrenombres y con esto las volvieron personajes protagonistas de la vida de la ciudad.

La más famosa es el Pasquino, un torso de figura masculina que probablemente fue parte de un grupo escultórico en época del Imperio. Para explicar el sobrenombre que tomó en el siglo XVI existen varias versiones. Unos dicen que Pasquino era un personaje conocido por sus mordaces versos, otros que se trataba de un profesor de gramática latina, cuyos alumnos lo notaban parecido con la estatua, otros que era el dueño de una cantina. Sea como sea, fueron los carteles que empezaron a aparecer junto al Pasquino los que dieron origen a la palabra “pasquín”.

Tan famosa se hizo esta estatua y tan peligrosas sus palabras que, en su momento, muchos de los Papas empezaron a detestarla. Adriano VI quiso lanzarla al río y otros propusieron montarle guardia día y noche para ver si de ese modo acababan con los pasquines. Pero que va, lo único que lograron fue que, en Roma, otras estatuas comenzaran a hablar.

El Marforio es una enorme figura masculina recostada que formó parte de una fuente del Foro Romano y que hoy se encuentra en la entrada del Museo Capitolino. Con frecuencia Marfolio dialogaba con Pasquino. Y cuentan que cuando Napoleón invadió Roma en el siglo XIX, sobre Marfolio apareció este cartel: “¿Es cierto, Pasquino que todos los franceses son ladrones?” A lo cual Pasquino respondió: “Todos no, apenas bona parte de ellos”.

La estatua de Madama Lucrezia es la única mujer parlante. Se trata de un busto femenino que está situado en un ángulo de la conocida Plaza Venecia. Según la tradición, debe su sobrenombre a Lucrezia d’Alagno, quien fuera amante del rey de Nápoles Alfonso V de Aragón y cuya morada se encontraba cerca del sitio donde está la estatua.

Una vez que las estatuas se iban convirtiendo en personajes de la ciudad, ejercían pequeñas influencias en la vida cotidiana, como sucedió con la del Babuino, otra figura que está recostada formando parte de una fuentecilla. En su caso representa al Sileno, divinidad de los manantiales y del vino que suele ser un viejo gordo y feo. Pero tan feo está este Sileno que, casi desde sus inicios, fue rebautizado como el “babuino”, ya que los romanos lo encontraban parecido a los monos del mismo nombre. Y así, de tanto repetirlo, no sólo la estatua, la calle donde se encuentra también acabó rebautizada como Via del Babuino.

El Abate Luigi data de época romana y representa a un orador o magistrado. Hay quienes también la llaman “estatua viajera”, porque a lo largo de su historia, al pobre abate le ha tocado cambiar varias veces de emplazamiento hasta su sitio actual junto al muro de la Iglesia de San Andrés del Valle. Pero no sólo eso, parece ser que tantas mudanzas acabaron por destruir su cabeza original que fue sustituida por otra, siempre de época romana, lo cual provocó un pasquín donde el mismísimo abate se acusaba de “haber perdido la cabeza”.

Por último está el Facchino, que decora una pequeña fuente incrustada en el muro de un edificio. Esta figura masculina lleva en sus manos un barril del cual brota el agua y está vestido como lo hacían los mozos que se ocupaban de recoger el agua y venderla puerta a puerta. De ahí su sobrenombre “facchino”, que en italiano quiere decir mozo o cargador.
 
Durante siglos estas seis estatuas sirvieron de termómetro popular y no pocos temieron a sus mensajes. Hoy, sin embargo, parece que las modernas redes sociales han ido matando la tradición. Fui a visitarlas la última vez que estuve en Roma, hace unos meses y sentí un poco de pena. En el Pasquino había muchos carteles, la política italiana más reciente merece buenos pasquines y parece que esta estatua se resiste al cambio de época. Morfolio no podía visitarse, porque estaba en restauración. En el resto el espectáculo era bastante triste. Madame Lucrezia, desde su rincón, parecía querer pedir auxilio, pero no le salían las palabras. El Babuino ya ni se acordaba de la última vez que alguien le colgó un cartel. El Abate Luigi, no sólo estaba rodeado de basura, es que la yerba casi le tocaba los pies. Y el Facchino se veía resignado a ser una simple fuentecilla más de Roma. Excepto el Pasquino, todas estaban mudas. Qué tristeza.

Todas mudas y ni siquiera tenían una placa con su nombre y una pequeña explicación para que algún turista que pasara cerca supiera que un día todas ellas hicieron temblar al poder. Quizá sea que los tiempos han cambiado o que las piedras de la ciudad eterna cargan demasiada historia. No sé. Pero me gusta imaginar que un día, al amanecer, será el mismo Pasquino quien nos contará que hubo un tiempo en que en Roma las estatuas hablaban y, sobre todo, las personas escuchaban sus palabras.

PARA SABER

Los vuelos


Las opciones para volar con destino a Roma varían entre los 760 y 960 dólares en viaje redondo. La aerolíneas que prestan el servicio son Aeroméxico y Delta Airlines, principalmente.

EL DATO

Para hospedarse


Residenza La Marchesa
168 dólares por noche

Otty’s house
161 dólares por noche

Más información:
http://www.housetrip.com

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