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Miércoles, 13 de Noviembre 2019
Suplementos | Es bueno tener en cuenta que Dios no nos da un cheque al final de la quincena, sino que tiene toda una eternidad para premiar

Las cosas que nos rodean: Dando lo mejor de sí

Estamos viviendo tiempos especiales, en los cuales percibimos desajustes, tragedias y desgracias… algo muy profundo que de pronto se sale de control

Por: EL INFORMADOR

    Estamos viviendo tiempos especiales, en los cuales percibimos desajustes, tragedias y desgracias… algo muy profundo que de pronto se sale de control. Se anuncian tiempos de crisis y los pintan con colores muy vívidos, pero a lo mejor nosotros alzamos la cabeza con altanería y señalamos con la mano a  quienes consideramos directamente culpables.
     No nos damos cuenta, o no queremos darnos por enterados, de que todos y cada uno tenemos una parte de responsabilidad en el buen funcionamiento del Reino de Dios, y que un día nos presentaremos ante el Señor y nos pedirá cuenta de lo que hicimos, de cómo vivimos y cuánto producimos. No nos preguntará cómo vimos o juzgamos a los demás, cuánto los censuramos o de qué modo los valoramos.
      Por eso hoy, en vez de considerar alguna de las cosas externas que nos rodean, vamos a meditar en lo que está muy dentro de nosotros mismos, allí donde el Señor siembra y cultiva y donde quiere recoger frutos buenos.
     Hoy consideraremos nuestro corazón y nos detendremos un momento para escuchar sus latidos y preguntarnos por todo cuanto hemos recibido de las manos amorosas de Dios, y del buen uso que estamos haciendo de ellas. Quien se conforma con ver pasar la vida, o con hacer lo mínimo, es como el que desperdició su tesoro y lo enterró en el monte. El que espera recibir, más que aportar, es ciertamente insensato, porque no aprovecha la oportunidad que se le da para enriquecer su espíritu de aquellos dones valiosos que podría adquirir con un poco de empeño y a lo mejor con algo de esfuerzo.Es muy acertado considerar lo breve que es la vida y reconocer que cuando menos lo pensemos llegará el final… y después ya no podremos recoger nada.

LA ORACION DEL CORAZÓN

Cada latido es una voz que llama,
que no se detiene nunca ni se calla jamás.

Es la palabra de nuestro Padre Dios,
con la cual anuncia fuertemente
a cada momento la esperanza;
pero es también la voz que pide
estar presentes en la vida,
y hacer la propia parte de labor
que se da a cada uno
como privilegio y compromiso.

Lo que a mí me corresponde
nadie más podrá hacerlo.
Lo que Dios me pide a mí,
sólo yo podré cumplirlo.

     Por tanto, necesitamos hoy clarificar cuál es mi don, lo específico que Dios me ha dado para configurar mi vocación y trabajar en ello sin limitantes, sin reducciones.
     Es bueno tener en cuenta que Dios no nos da un cheque al final de la quincena, sino que tiene toda una eternidad para premiar a quienes hayan sido fieles y hayan sabido hacer crecer y fructificar la semilla que, al nacer, Él mismo les sembró en el corazón.

María Belén Sánchez fsp

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