Logo de aviso informador Logo de circulo informador Logo de gente bien
Miércoles, 22 de Noviembre 2017
Suplementos | Los políticos buscan minimizar el costo del fracaso del combate a la inseguridad

La violencia y su relato

Los políticos buscan minimizar el costo del fracaso del combate a la inseguridad a través de la recreación de un 'thriller' de buenos contra malos
En la política es más importante imponer una narrativa que solucionar un problema. EL INFORMADOR / J. López

En la política es más importante imponer una narrativa que solucionar un problema. EL INFORMADOR / J. López

GUADALAJARA, JALISCO (16/JUL/2017).- La guerra contra el crimen organizado nos heredó más que un país sumido en una profunda crisis de inseguridad. Nos heredó, también, un relato institucional y político. Una narrativa que justificó y justifica la violencia. Felipe Calderón, como presidente del país, fue el artífice de ese estribillo que se repitió hasta el cansancio: los malos se están matando entre ellos. México vive dos realidades: la de los buenos que no tienen nada que temer, y la de los malos que se aniquilan sin compasión. Colgados, descabezados, cuerpos abandonados, ajustes de cuentas, levantones y desapariciones, todo obedecía a la misma causa: los criminales se están matando entre ellos. Los mexicanos de buena conciencia pueden estar tranquilos, la violencia nunca extenderá sus tentáculos hasta poner en riesgo su vida. Mientras andes en buenos pasos, no tienes nada que temer. Los asesinatos son patrimonio exclusivo de los criminales.

El relato se reprodujo cual metástasis. Se fue Calderón, pero la narrativa perduró. Enrique Peña Nieto o Miguel Ángel Osorio Chong explican la violencia a través del mismo espejo. El gobernador de Jalisco, el fiscal general del Estado, los presidentes municipales. Todos, al unísono, nos quieren convencer de que los miles de asesinados en México son producto de un ajuste de cuentas entre culpables, entre aquellos a los que no hay que dedicarles ni una investigación. Son malos y punto final. Un thriller en donde los buenos llevan su vida con absoluta normalidad, mientras a su alrededor, los “malos” caen fulminados. Una narrativa eficaz porque transmite una falsa paz y que, a su vez, resulta una hipótesis incomprobable e infalseable. ¿De dónde sacan los políticos que en un país donde mueren más de 20 mil mexicanos asesinados al año, sólo caen los narcos y los criminales? ¿Existe un solo dato que confirme esa hipótesis en un país, que como refería Alejandro Hope, tiene una tasa de impunidad altísima en materia de homicidios? ¿Sólo 43 mil personas pagando por homicidio, cuando ha habido de 2000 a 2015, 250 mil homicidios en México?

El relato que normaliza la violencia es preocupante por varios motivos. En primer lugar, porque viola la columna vertebral de lo que implica la presunción de inocencia y la investigación en un estado de derecho. La criminalización automática de todo aquél que es víctima de un homicidio, que tiene características de ajuste de cuentas, despresuriza al Ministerio Público de hacer una investigación consistente y dicta sentencia en un juicio sumario que no garantiza los derechos procesales del indiciado y de la víctima. Es ante todo una puesta en escena que tiene como objetivo lavarse las manos frente a la inoperancia de las autoridades.

Divide a la sociedad en buenos y malos, acentuando el carácter de “guerra” entre los mexicanos. Al ser una novela de ciencia ficción, en donde los responsables de la seguridad prefiguran una sociedad dividida en donde los buenos viven en paz y los malos en un pantano de violencia desmedida, se fortalece la idea de que el objetivo de la estrategia de combate al crimen debe ser “acabar con los malos”. No partimos de un modelo que permita la reconciliación y la paz entre mexicanos, por el contrario. En algún momento el propio presidente Felipe Calderón dijo que el incremento en los asesinatos era una consecuencia lógica de enfrentamientos entre los cárteles ante el asedio del Estado. A tal nivel llegó que incluso esbozó que el incremento en los homicidios nos acercaba al objetivo de acabar con el narcotráfico. Un razonamiento sumamente peligroso y más proveniente de un Gobierno.

Sabemos que la política tiene mucho de impostura. En la mayoría de las ocasiones, lo relevante para un gobernante no es ser preciso en su análisis o dar la respuesta adecuada a un problema particular. Sino imponer su relato; la narrativa que justifica sus acciones y le permite eludir responsabilidades. “Se matan entre ellos”, “ajustes de cuentas”, “la culpa es del nuevo sistema penal”, son explicaciones a la inseguridad que vivimos que, al repetirse de forma incesante, parece que son verdades indebatibles. Es una forma de mentirnos. En realidad, como lo demuestra “marcados para morir”, un lúcido artículo de José Merino, Jessica Zarkin y Eduardo Fierro en Nexos, los homicidios más que con los “criminales”, se ensañan con los pobres y excluidos.

Tras una década de una irresponsable guerra contra el narco, sustentada en una estrategia que sólo ha generado más violencia, es tiempo de comenzar a deconstruir el relato que ha justificado lo que vivimos todos los días. Que ha normalizado miles de muertos, el ejército en las calles, violaciones a los derechos humanos, abuso de las autoridades y una violencia cotidiana naturalizada.

Temas

Lee También

Comentarios