Miércoles, 15 de Octubre 2025
Suplementos | Publicidad tan invasiva del espacio público no es, más que, cosmopolitismo

La vida en shuffle

Se pretende que un nuevo derecho sea reconocido: la libertad de recepción. Corolario de la libertad de expresión, cada uno debe ser libre de recibir o no los mensajes difundidos en el espacio público

Por: EL INFORMADOR

Por: Eduardo Castañeda H

“El Colectivo de Desmontadores propone una acción de envergadura nacional contra el sistema publicitario. Se desea la apertura de un debate nacional sobre el lugar de la publicidad en el espacio público... Se pretende que un nuevo derecho sea reconocido: la libertad de recepción. Corolario de la libertad de expresión, cada uno debe ser libre de recibir o no los mensajes difundidos en el espacio público.

Se propone para ello que el tamaño de los anuncios sea ajustado a 50 por 70 centrimetros. Frente a la inercia de los poderes públicos, después de varios años de trabajo en el terreno legal, se ha escogido la desobediencia civil simbólica para alertar a la opinión y llevar a los gobernantes a hacer evolucionar la ley en el sentido del interés colectivo”.

Este llamado, por supuesto, no es de ninguna organización con base en Guadalajara, ni siquiera en el país. Se trata de un movimiento francés (www.deboulonneurs.org) que ha tenido espacio en los medios de comunicación debido a las acciones que han emprendido, marcando los anuncios espectaculares, modificándolos y por lo cual han sido detenidos y multados varios de sus militantes. Como es costumbre en este tipo de iniciativas, los involucrados asumen las consecuencias de la desobediencia civil para llamar la atención sobre temas que se busca poner en la agenda pública.

El asunto de la publicidad en los espacios públicos no es menor. Es un fenómeno mundial, urbano, que ha enfrentado desde hace varios años a los gobiernos municipales con grupos de ciudadanos organizados. Hubo un tiempo que el argumento era la contaminación visual. Ahora el debate, no en México, no en Guadalajara, no es sobre esa línea, sino que se ha agregado el elemento del derecho a recibir o no los mensajes publicitarios en la calle, que es de todos, se supone, pero que con la invasión de anuncios en algunos lugares parece que ese espacio público es de quien los pagó.

Es interesante este avance en la propuesta si se mira cómo con los avances tecnológicos, en muchos momentos del día, sí podemos decidir si queremos o no ver publicidad. Lo hacemos en el correo electrónico con los programas específicamente anti spam y con la función de bloquear tal o cual cuenta de correo; en la televisión podemos bloquear los canales que sólo pasan infomerciales; el navegador de nuestra computadora puede bloquear las ventanas emergentes, que por general son anuncios.

Y sin embargo, a la vez, cada vez se inventan más formas de colocar publicidad en los medios y en cualquier parte. (Los anunciantes están en su derecho de buscar la forma de vender los productos de sus clientes, como esos hipotéticos consumidores lo tienen para no querer atender su publicidad.)

Las narraciones de futbol por la radio llegan al límite del absurdo con frases como: “Tiro de esquina la cerveza más fina cobrado por...”; no se diga los programas matutinos en la televisión abierta.

El argumento utilizado de manera reaccionaria de que el que no quiera ver algo en la tele o en la radio que le cambie, o que si no se quiere ver en la calle los espectaculares, pues que no se volteé a verlos, es pobre y lo que busca es la no discusión del tema.

En la Zona Metropolitana de Guadalajara se han logrado avances en zonas como los corazones de los centros históricos, pero ayuntamientos como el de Zapopan, Tlajomulco, Tonalá, El Salto o el tapatío permiten en algunas áreas un grosero paisaje y por tanto el abuso hacia los ciudadanos. Quien tiene que ir más allá del periférico por López Mateos lo puede atestiguar; quien usa la carretera a Chapala también, lo mismo que quienes tienen que cruzar por la zona de la avenida Patria y Acueducto, por citar algunos lugares.

Publicidad tan invasiva del espacio público no es, como más de algunos quisieran verlo, cosmopolitismo, sino un empobrecimiento de nuestra calidad de vida y nuestro derecho a un espacio público mejor regulado, donde los intereses colectivos pesen siempre más que los particulares. Pero eso no lo van a facilitar los políticos ni los empresarios rapaces, si no es a través de la presión pública de los ciudadanos que quieren una mejor ciudad para vivir.

Tapatío

Temas

Lee También

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones