Jueves, 16 de Octubre 2025
Suplementos | Para Lefebvre esta producción quiere decir que los seres humanos crean el espacio en el cual hacen sus vidas

La producción del espacio en la crónica urbana

Estas formas de producción se presentan en tres aspectos que son explicados en distintas maneras por Lefebvre, y el que para este caso concierne son los “espacios vividos”, en los que se producen planes utópicos

Por: EL INFORMADOR

Por: Lillian Llamas-Acosta

Primera de dos partes

Sentí, quizá con excesivo orgullo, que formaba parte de una cofradía de un grupo de hombres dispuestos a rescatar la memoria fugitiva de la ciudad, de darle un nombre a un rostro. (Villoro 1995: 60)

A diario (en la ciudad de México) cerca de cinco millones de capitalinos utilizan el sistema del Metro, en batalla álgida por el oxígeno y el milímetro (Monsiváis 2006: 111)

Esta cita de Carlos Monsiváis nos pone un dato sobre la mesa, pero ¿qué distingue a estos cinco millones de personas de los siete millones que traslada el metro de Moscú, o de los dos millones que transporta el metro de Shangai? La diferencia no reside en números o nacionalidades. Los datos están ahí y podríamos sumar más cantidades, pero el metro no es sólo cifras, es cuestión también de mapas, redes, infraestructura, flujos, sistema de transporte, ideas... y espacio.

Aquí es el espacio lo que interesa, y más importante aún, las ideas o imaginarios que se construyen alrededor de éste y que tienen el poder de influenciar nuestra concepción, percepción y experiencia de dicho espacio. Para ilustrar esto, seleccioné dos crónicas que retratan la Ciudad de México de hoy: La hora de Robinson Crusoe: Sobre el metro las coronas de Carlos Monsiváis, y La Ciudad es el cielo del metro de Juan Villoro; en estos textos el Metro de la ciudad de México es un punto de encuentro para Monsiváis y Villoro, primero, porque es uno de los componentes esenciales de la ciudad postmoderna; y segundo porque genera diversas interpretaciones y representaciones.

Pero antes de adentrarnos en los textos de Villoro y Monsiváis, pensemos qué es espacio. Nuestro común entendimiento sobre el espacio es que está simplemente ahí, intangible pero dado. Hablar del espacio es un tema delicado porque implica pensar conceptos abstractos, debido a la misma intangibilidad de este.

Hace no mucho tiempo, la palabra espacio tenía un significado estrictamente geométrico: la idea que evocaba era simplemente de un área vacía; sin embargo este concepto ha entrado en un debate filosófico de un tiempo para acá. Varios filósofos, como Michel Foucault, Giles Deleuze, Edward Soja y Henri Lefebvre, han proporcionado sus propias definiciones y teorías del espacio. El término es usado de distintas maneras en diferentes campos de estudio, y aunque es muy difícil proveer una definición clara e incontroversial, podemos detectar la emergencia de un interés común en estos cuatro autores: la concepción del espacio como un producto social. Esta idea del espacio es la que nos interesa explorar.

Así bien, el acercamiento al espacio como producto social obliga a nuevas consideraciones de los agentes del espacio como un registro no sólo de formas construidas sino también de ideologías establecidas. Esto exige una desmitificación del espacio como natural y transparente para entenderlo como una entidad social, con significados específicos y localizados.

Henri Lefebvre, sociólogo y filósofo marxista, realizó importantes estudios urbanos de los que se destaca La producción del espacio. Esta publicación proporciona una pieza clave en el entendimiento del espacio como un producto social. Lefebvre pretende que advirtamos que el espacio no es simplemente un parámetro o etapa de las relaciones y acciones sociales, sino que el espacio es operante en el “vínculo” de éstas. Él discute que las dualidades tradicionales del espacio físico y del espacio mental están conectadas por los procesos de la producción del espacio, especialmente porque éstos se determinan con la “práctica espacial” que él funda en la experiencia material de relaciones sociales en la vida diaria. Poniéndolo en palabras más poéticas, citemos a Italo Calvino:

“Las ciudades son un conjunto de muchas cosas; memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, pero estos trueques no son sólo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos”. (Calvino 1999: 16)

Pero si lo que nos concierne es cómo se produce el espacio con las ideas, entonces ¿cuál es el proceso de producción del espacio? Para Lefebvre esta producción quiere decir que los seres humanos crean el espacio en el cual hacen sus vidas; es un proyecto formado por intereses de clases, de expertos, del pueblo y de otras fuerzas opositoras. El espacio no se hereda simplemente de la naturaleza, ni es dejado por las manos del pasado, o autónomamente determinado por “leyes” de la geometría espacial según las teorías convencionales de emplazamiento. El espacio se produce y se reproduce con intenciones humanas, aún cuando también se originan consecuencias inesperadas e incluso cuando el espacio restringe e influye a ésos que lo producen.

Estas formas de producción se presentan en tres aspectos que son explicados en distintas maneras por Lefebvre, y el que para este caso concierne son los “espacios vividos”, en los que se producen planes utópicos; paisajes imaginarios; bosquejos artísticos; mitologías de espacios y lugares; espacios de deseo. Este aspecto está asociado con imágenes y símbolos sobre el espacio y sus usuarios; pero también con algunos artistas, tales como ciertos escritores y filósofos, quienes narran y aspiran solamente a describir el espacio. Éstos están más interesados en escribir sobre el espacio como un lugar para vivir, más que en los detalles físicos del espacio, por ejemplo las paredes y el piso.

Próxima entrega: La convergencia de los textos de Monsiváis y Villoro, ejemplos de estos espacios de representación donde ellos describen y exhiben la ciudad que imaginan y desean.

Tapatío

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