Domingo, 12 de Octubre 2025
Suplementos | Personaje. Bashar al Assad

La personalidad camaleónica

Es un improvisado en el poder con mil rostros. el gobernante replica las máquinas autoritarias del poder y se aferra a siria

Por: EL INFORMADOR

Jóvenes y una clase media insatisfecha, se convirtieron en el veneno que fue corroyendo las arterias de poder del régimen.  /

Jóvenes y una clase media insatisfecha, se convirtieron en el veneno que fue corroyendo las arterias de poder del régimen. /

GUADALAJARA, JALISCO (07/ABR/2012).- La vida de un joven que aspira a convertirse en heredero al trono, es un aprendizaje constante de la ciencia del poder y los menesteres de un gobernante. Lentamente y con el Príncipe de Maquiavelo bajo el brazo, el eslabón más cercano de la línea de sucesión, comienza a ver al poder como inherente a su naturaleza. Cómo diría el investigador del Colegio de México, Fernando Escalante Gonzalbo, en su ya célebre adaptación contemporánea del Príncipe o sea el oficio de los políticos, el hombre nacido y regido por el poder afianza su intuición política y se da cuenta que su administración le llevará la vida.

Sin embargo, esa no es la historia de Bashar al Assad, un fortuito más que un joven consciente de su papel en la historia. Su biografía es la narración de un odontólogo talentoso, que tuvo que cortar su formación en el extranjero para suplir la pronta muerte de su hermano mayor, heredero de la jefatura de Estado de su padre. Hombre pragmático, más atraído por la técnica que por las ideas profundas o los marcos ideológicos elaborados, Bashar dejó un futuro promisorio en las ciencias de la salud, para dar paso a sesiones longevas de administración nacional y a unos pincelazos de Ciencia Política.

La historia de la familia Al Assad se finca en la pesada figura paternal de Hafez al Assad, el arquitecto del régimen socialista baazista (surgido del Partido Árabe Socialista Baaz). Hafez, férreo estudioso de las artes militares y admirador, así como aliado de la Unión Soviética, gobernó una Siria convulsa por casi tres décadas. Una figura de bríos polarizadores, Hafez fungió como el gobernante que encaminó a Siria, durante la Guerra Fría, a la esfera soviética. Hafez instauró en Siria un régimen con características singulares: una república autoritaria, socialista y marcadamente nacionalista. Este compendio de apellidos ideológicos no son una rareza siria propiamente, el Egipto de Gamal Abdel Nasser, que popularizó el panarabismo nacionalista, también encuadró artificialmente el conservadurismo local árabe con los anhelos de igualdad presentes en el ideario socialista.

Nacido en 1965, no pasaron ni 30 años cuando su idilio sucumbió de un golpe ante la realidad. La muerte de su hermano Basel al Assad, heredero legítimo designado por Hafez, obligó a que Bashar se viera por primera vez como el heredero al trono. Sin total convencimiento de sus virtudes como gobernante, Hafez comenzó una lenta sucesión de responsabilidades, particularmente en el ámbito militar. Rápidamente, Bashar se convirtió en un personaje con arraigo al interior de las fuerzas armadas, y aquellas esperanzas de renovación política, que surgieron en la prensa occidental cuando se supo que sería el sucesor de Hafez, se disiparon como polvo. En el año 2000, un ataque al corazón de su padre, aceleró su unción, cuando solamente tenía 34 años.

Nuevo siglo y nuevo dictador. Y aunque la ley marcaba la obligación de cumplir 40 años para la Jefatura de Estado, la Asamblea Popular, órgano legislativo de la Siria Baazista, emprendió una reforma constitucional que habilitó al receptor de la voluntad de Hafez.

Una década de turbulencias no son comparables con la debilidad actual del régimen. A pesar de su lejana relación con Estado Unidos, que incluso ha buscado fortalecer a los opositores a su presidencia, y de una esquizofrénica relación con una Europa que suele mostrar dos caras cuando se sienta en la mesa con Bashar, Siria ha logrado impedir el lento aislacionismo que Occidente busca propinarle. Teniendo a Irán como uno de sus principales aliados, Siria, por mucho tiempo hogar político de los sunitas moderados, se ha radicalizado hacia doctrinas que la acercan al régimen de su aliado Mahmud Ahmadinejad.

Hasta hoy, la “Primavera de Siria” no consigue derrocar al dictador que todavía cuenta con bases de apoyo y legitimidad en ciertos sectores de la sociedad y, por supuesto, de la milicia. Siria todavía reviste importancia geopolítica para Rusia y China, que temen del avance de la Organización para el Tratado del Atlántico Norte (OTAN), hacia la zona de influencia de Irán, el indiscutido contrapeso a los designios americanos en la Península Arábiga. Ante esto, la alianza Irán-Siria (sin olvidar Hamás en Palestina y Hezbolá en Líbano), son instrumentos de defensa fundamentales  para China y Rusia. En el mismo tenor, para estos dos países, tras la caída de Gadhafi, y ahora con las revueltas en Siria, es peligroso instaurar el precedente que permita a Occidente intervenir en regímenes con ausencia notable de desarrollo democrático y derechos humanos. Ambas naciones han presenciado movimientos democratizadores al interior de sus países, por lo que “torcer la mano” en Siria no es una opción, ni en cálculos externos ni en política interna.

Detrás del rostro frío de Bashar, hay una historia de cordialidad y amistad que se despliega a diestra y siniestra por los aparatos de propaganda del régimen. Entrar al sitio de internet de la presidencia, es abrir la puerta del pasado. Con el lema “en Bashar al Assad confiamos” (en inglés), el contenido de la página es un compendio de mensajes con especial dedicatoria a la prensa occidental. Fotografías en escuelas urbanas de Damasco, estampas con su familia y de la mano con su mediática mujer, son pistas de la “humanización” que sufre Bashar en la red. Un hombre normal, vestido casualmente, posa ante las cámaras en busca del reconocimiento de la comunidad internacional.

Su lado es femenino siempre ha llamado poderosamente la atención en los medios europeos. Su mujer, Asma al Assad, inglesa y  con estudios en Economía e Informática en la misma Gran Bretaña, fue vista como la piedra angular de la transición de una Siria autoritaria a un país más comprensivo y moderado. Su talante occidental y su gusto por las modas occidentales, así como su porte de mujer independiente (nada característico en el mundo musulmán), dieron la impresión de que Bashar depositaría en ella una agenda de renovación. Fueron inevitables las comparaciones con Rania de Jordania, esposa del Rey Abdalá II. Sin embargo, la influencia fue opuesta: desde que iniciaron las protestas, Asma ha sido una defensora férrea del régimen de su marido, incluso la Unión Europea ya emprendió una serie de sanciones que le prohíben tocar suelo europeo, con excepción de Inglaterra por su condición de ciudadana.

El régimen político de Siria es la cúspide de la simulación. La organización constitucional asemeja a una democracia consolidada: un parlamento con “poderes” amplios, apertura a expresiones políticas y la necesidad de que el Presidente ratifique periódicamente su mandato. Pero en la realidad, la Siria de Bashar es una réplica fidedigna de las máquinas totalitarias que han ejercido el poder en muchas naciones de Medio Oriente y el Norte de África. Apoyado, sobre todo, en el Ejército sirio, que cuenta con un presupuesto mucho mayor a cualquier partida destinada a la educación o a la salud, Bashar gobierna con el puño cerrado y criminalizando constantemente a la oposición.

Hace algunos días, el enviado especial de las Naciones Unidas en Siria, Kofi Annan, aseguró que el régimen sirio había aceptado una serie de puntos de acuerdo tendientes a detener la matanza que ejerce el Estado sirio ante una población que reclama cambios. Sin embargo, como ha sucedido anteriormente en Libia o en Iraq, los compromisos del dictador más que efímeros, son inexistentes. Los ataques continúan, y Bashar envía el mensaje de que la apertura política, entendida como pluralidad de partidos y dispersión de poder característica de la democracia, es una “invención occidental” que no pasará por las gruesas paredes del régimen.

Jóvenes y una clase media insatisfecha, se convirtieron en el veneno que fue corroyendo las arterias de poder del régimen. La presidencia de Bashar experimenta sus vuelos más bajos y su legitimidad se ha debilitado al punto de perder aliados claves para el control interno. Sin embargo, Bashar ha demostrado que no desconoce el juego de las mil caras. Socialista, nacionalista, casado con una mujer occidental, líder mesiánico y arabista, no descartemos que se erija en el hombre de la transición ordenada, al estilo Yemen. Bashar no está terminado, y su futuro aún aguarda por muchas batallas.

Tapatío

Temas

Lee También

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones