GUADALAJARA, JALISCO (05/MAR/2017).- Un misterio....eso pensé la primera vez que escuché el nombre de Brujas, ciudad al Norte de Bélgica. Confieso que durante mucho tiempo en mi mente infantil se construían toda clase de teorías para justificar la razón por las que una urbe de gallarda belleza medieval podría tener un apelativo.Con el paso de los años descubrí que el origen de su nombre poco tiene qué ver con hechiceras montadas en escobas. Su nombre en realidad deriva del noruego antiguo “Bryggia”, que significa “puente” o “atracadero”. En el idioma flamenco y neerlandés, la palabra para puente de “Brug”, por lo que Brujas en realidad viene a ser una ciudad de puentes.Es cierto que aquí no te vas a encontrar con una bruja como tal, pero abundan los escenarios sacados de un cuento medieval. De hecho, su casco histórico es uno de los mejores conservados en toda Europa, a tal punto que ya es Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco desde el año 2000. Su Plaza Mayor y el Edificio del Ayuntamiento (cuya fachada permanece inalterable desde el Siglo XIV) son fastuosos exponentes del arte gótico.Si te encuentras de visita, también vale la pena que conozcas la Torre del Campanario (remozada en 1487) y el Mercado, que fueron testigos de la pujanza económica que esta ciudad tuvo en la baja Edad Media. Otro punto para regodear la pupila es la Iglesia de Nuestra Señora, cuya torre de 122 metros ya es parte eterna del horizonte de la ciudad.Pero bueno, un paseo por Brujas no es solamente ir a ver edificios. ¿Te parecería disfrutar de una excelsa cerveza artesanal? En De Halve Maan Brewery (calle Walplein 26). Aquí no solamente te la venden, sino que también la fabrican, por la que puedes hacer un tour. A su variedad de bebidas se le suma una buena comida tradicional de Bélgica y un ambiente muy bohemio.Para comer visita el Reliva (calle Goezeputstraat 6). No es caro (aunque se recomienda reservar con tiempo). Su cocina franco/belga es algo supremo, además de que cuenta con opciones veganas. Cada plato tiene viene recomendado con al menos dos vinos para maridar y cuenta con terraza. Al ser un recinto de tamaño mediano, la atención es personalizada, algo en lo que hace énfasis sus dueños.Luego de la travesía, puedes recuperar un poco las fuerzas con un café en la Plaza Burg, rodeada de edificaciones de corte medieval, cuya silente belleza es al mismo tiempo una perfecta estampa para una ciudad nacida para unir culturas, comercio y sabores. Urbe que pese a ser una de las joyas más conocidas de Bélgica, no pierde ese aire de misterio.