Suplementos | La familia es una comunidad dinámica que nace del matrimonio La familia divina Convendría preguntarnos si buscamos construir en nuestra familia una auténtica comunidad Por: EL INFORMADOR 18 de junio de 2011 - 12:34 hs La familia es ante todo una comunidad de personas, en la cual los cónyuges están de acuerdo acerca de la naturaleza y la finalidad de lo que, con el esfuerzo y el trabajo comunes, desean lograr. Es una comunidad dinámica que nace del matrimonio, y que para que se conserve unida y fecunda, debe cultivarse, crecer y madurar. ¿Cómo? -- En primer término por medio de la relación íntima de los esposos que, uniéndose para formar “una sola carne”, transmiten la vida a sus hijos y ven en ellos el fruto y la continuación de su amor. -- A través del intercambio de bienes y servicios por parte de sus miembros, sobre una base determinada, no por comercio, sino por el amor. Así todos dan según sus posibilidades, y todos reciben de acuerdo a sus necesidades, y esto es posible gracias a que en la familia rigen unas relaciones personales tan profundas y completas, como en ningún otro lugar. Esto propiciaría una comunidad de amor, la cual debe ser una llamada a la generosidad, a la entrega e, incluso, al propio sacrificio. -- Fomentando y practicando el trato diario inspirado en el amor, la comprensión, el aprecio y el respeto mutuos; ello suscita el intercambio de ideas, convicciones y sentimientos, y se crea un ambiente propicio, donde se comparten la alegría y el dolor; los éxitos y los fracasos; los tiempos de pruebas y los de bonanza. Se comparte, además, la misma fe, que hace del hogar un lugar de culto a Dios, donde cada miembro ofrece su propia vida con todas sus vicisitudes. -- Mediante la enseñanza mutua de sus miembros, por la que se transmiten conocimientos, buenas costumbres y percepciones, que son ofrecidas a los demás, con el amor más personal e intenso posible, para que luego se hagan vida y contribuyan al bien común. Ante este conjunto de vías que nos conducen al modelo idóneo de familia, como comunidad de personas, convendría preguntarnos si buscamos realmente construir en nuestra familia una auténtica comunidad, desprendiéndonos de nosotros mismos, de nuestro idealismo e individualismo, y si están nuestras acciones encaminadas a ello. Observemos muestra realidad con honestidad, y hagamos un alto en el camino para reflexionar y asumir una vez más como nuestro, si lo hemos olvidado o subestimado, el objetivo de toda comunidad familiar, el cual no consiste únicamente en estar juntos, sino en estarlo para profundizar el compromiso de solidaridad, de esfuerzo, ayuda y entrega mutua, y su responsabilidad ante Dios y ante la sociedad, de cada miembro de la familia, en orden a construir un ambiente que favorezca el encuentro con el ser humano, es decir con el hermano, como plataforma del encuentro con Dios. Hoy por hoy esta célula de la sociedad está siendo objeto de diversos ataques, ya sea malintencionados --sabedores, quienes los realizan, que destruyendo a las familias se destruye a las sociedades, y así son fácilmente manipulables y oprimibles--, o bien sin esa mala intención, por degradación de costumbres, problemas de la vida moderna, falta de formación de los padres, de comunicación, de respeto, etc. Hoy celebramos en la Iglesia Católica la gran fiesta de la Santísima Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Y con ese motivo el Evangelio correspondiente nos lleva a descubrir cómo Dios es comunidad de personas y comunidad de amor; y si el hombre fue creado a imagen y semejanza de Él, toda familia, como comunidad, está llamada a ser también como tal, imagen de Dios Trino y Uno, quien es verdadera comunidad de vida y de amor. He ahí la clave de la realización plena y de la felicidad de la familia. Si toda familia se propusiera ser imagen de la Familia Divina, otra cosa sería esta institución básica, fundamental, esta célula de la sociedad, esta “iglesia doméstica”, y por ende otra realidad privaría en nuestro ámbito social, en nuestra Iglesia y en nuestro mundo. ¿Cómo? Muy sencillo, como lo es todo en nuestra fe y relación con Dios: ¡PIDIÉNDOSELO CON FE!, pues como todo, es un don de Dios; a nosotros nos correspondería, primero, pedirlo como es debido, con humildad, pureza de intención y bajo el influjo de la gracia divina; y segundo, esforzándonos por cumplir con el plan de Dios para el matrimonio y la familia, que parte de una renuncia a nuestro egoísmo, nuestros criterios, nuestra autosuficiencia. Francisco Javier Cruz Luna cruzlfcoj@yahoo.com.mx Temas Religión Fe. Lee También ¿Cómo llegar en camión o tren a la Romería 2025? La gran reunión mágica Romería: Los kilómetros al ritmo de la fe ¿Qué día es la Romería 2025 en Guadalajara? Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones