Lunes, 27 de Enero 2020
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La “fama y memoria” de Pedro de Valdivia

Hubo un hombre que no titubeó en desafiar todos los retos e ir por la conquista de Chile

Por: EL INFORMADOR

Los diferentes viajes de exploración hacia el sur del continente americano, desde el siglo XVI, fueron poco a poco aclarando el horizonte para los conquistadores españoles, de manera que estuvieran seguros de qué tierras estaban pisando. El sur de Chile fue objeto de diferentes viajes con los que la corona española pretendía el control militar y económico, y después el cultural y religioso. Aquella vasta región era compleja y de difícil acceso, con protecciones naturales que la convertían en todo un reto para quien se atreviera a internarse en ella. El país de Chile al norte tiene el amplio desierto de Atacama, al este los Andes, al oeste el mar y al sur la selva y un universo de islas que forman un complejo laberinto.
    
Pero hubo un hombre que no titubeó en desafiar todos los retos e ir por la conquista de Chile. Pedro de Valdivia nació en el valle de Serena, Badajoz, España, en 1497. Antes de viajar al recién descubierto Nuevo Mundo, había participado en distintas batallas en los ejércitos de Carlos V contra los franceses y los italianos. El ejercicio militar lo llevó a los mares y sus seductores encantos. Se informó de lo que pasaba en América, de los rincones que aún no habían sido explorados y de la gloria, fama y riqueza que les esperaba a quienes realizaran las valientes hazañas de conquista.

Preparó su viaje y en 1539 ya estaba a las órdenes del conquistador Francisco Pizarro, a quien le pidió autorización para la exploración y conquista de Chile. Pizarro le autorizó y lo nombró teniente gobernador, aunque no le facilitó apoyo económico para ello. Todo el mundo pensaba que Valdivia estaba loco, pues pretendía hacer algo en lo que sus antecesores habían fracasado, además de que estaba dejando las riquezas que ya tenía seguras, como la mina de Porco, donde obtenía doscientos mil pesos castellanos de oro anualmente. Valdivia decía a sus compañeros que lo que pretendía era “Dejar fama y memoria de mí”.

Diego de Almagro había sido el último que había intentado internarse en el territorio mapuche y había fracasado rotundamente. Incluso, ante lo complicado de financiar una empresa de este tamaño, Valdivia buscó y consiguió todos los medios necesarios para realizarla, incluso las ganancias obtenidas por la venta de sus propios bienes y los de una mujer, Inés Suárez, que al parecer fue más que amiga. También fue difícil conseguir valientes que lo acompañaran, de modo que al principio fueron sólo once soldados españoles (entre ellos su amiga Inés) y un puñado de indios yanaconas.

Partieron de Cuzco, Perú, en 1540, y se internaron en el desierto de Atacama hasta llegar al valle de Mapuche. La noticia del viaje cobró popularidad debido a que todos lo consideraban altamente riesgoso, aun así, poco a poco se le fueron sumando españoles: en Tarapacá llegaron a ser más de cien, y poco después fueron ciento cincuenta. La relación con los nativos fue amable, incluso estos al principio les ayudaron a construir sus viviendas; en febrero de 1541 fundó la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo (Santiago de Chile), y aunque estuvo a punto de fracasar como ciudad estratégica para la expansión hispana, terminó siendo la ciudad más importante de la región, actual capital de Chile.

La paz que habían logrado con los indígenas de la comarca duró poco, pues luego de levantar la cosecha de maíz, éstos decidieron expulsar a los invasores hispanos. Valdivia salió con algunos españoles a enfrentar a los nativos (Guerra de Arauco) y la ciudad se quedó desprotegida y fue arrasada, aunque los pocos hispanos que se quedaron en ella la defendieron como pudieron. Fue ese el recibimiento que tuvieron al ir internándose en la difícil zona del cono sur.

Reunidos todos los hispanos después del conflicto, restablecieron el orden y discutieron si debían continuar o regresar. Los exploradores estaban exhaustos y temerosos del lugar, pero la motivación de Valdivia los hizo considerar la posibilidad de la fama y la riqueza. Necesitaban ayuda para continuar con la exploración; en 1542 Valdivia envió a cinco emisarios a Perú para pedir apoyo, el cual llegó hasta un año después, en tanto que los que se quedaron emprendieron la reconstrucción de la pequeña ciudad e ideando la manera de continuar el viaje, lo que contaremos en nuestra siguiente entrega.

Cristóbal Durán
ollin5@hotmail.com

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