Domingo, 12 de Octubre 2025
Suplementos | Durante mucho tiempo se desvirtuó el cristianismo llenándolo de tabúes y temores, de ideas falsas y de ídolos

La esclavitud del miedo

Uno de los enemigos más nocivos y peligrosos para el ser humano, para su realización como persona y como cristiano, es el miedo

Por: EL INFORMADOR

   Uno de los enemigos más nocivos y peligrosos para el ser humano, para su realización como persona y como cristiano, es el miedo. El miedo se define como “sentimiento de angustia ante la proximidad de un daño real o imaginario”, o bien, “recelo o aprensión que uno tiene de que le suceda una cosa contraria a lo que deseaba”.
    El miedo, sin embargo, como afirman algunos estudiosos de la psicología,  no es algo innato, sino adquirido, y es provocado por lo inexistente. Afirman que cuando tenemos miedo, es porque nos sentimos amenazados por algo que tenemos registrado en la memoria; todo hecho que hemos vivido con angustia, se transforma en miedo, por unas ideas que alguien nos metió en la cabeza; queda registrado dentro de nosotros, y sale como alarma en cada situación que nos lo recuerda. Así, no es la nueva situación la que nos llena de inseguridad, sino el recuerdo de otras situaciones que nos contaron o que hemos vivido anteriormente, con una angustia que no hemos sabido resolver.
    Hemos sido programados para reaccionar así, y uno de los principales factores que han contribuido a esa programación, es un falso concepto de nuestra fe cristiana y, en muchos casos, una forma manipuladora de utilizarla. Esto ha provocado que nos hayan metido muchos miedos que ahí permanecen, y que hay que enfrentar y darles solución.
    Durante mucho tiempo se desvirtuó el cristianismo llenándolo de tabúes y temores, de ideas falsas y de ídolos; y aunque sí se ha evolucionado, sí ha habido cambios, especialmente a partir del Concilio Vaticano II, todavía se arrastra con muchos de esos atavismos, pues persisten --y desafortunadamente no son pocos-- quienes utilizan el miedo para lograr sus fines, así sean éstos “muy santos y bien intencionados”.
    Por mencionar algunos: los papás que infunden miedo en sus hijos para que se porten bien y sean buenos hijos, y algunos ministros religiosos o guías espirituales que, suscitando miedos en sus feligreses, buscan que éstos cambien su forma de vivir y se apeguen más a su religión y a su Iglesia. Y, en realidad, lo que hacen no es otra cosa que proyectar sus propios miedos --de los cuales no han querido o no han podido liberarse, porque quizá ni siquiera son conscientes de ellos--, y causan en los demás, daños, heridas, traumas, etc.
    Así pues, una falsa concepción de la religión, al igual que el mundo, los acontecimientos, las personas, las circunstancias y muchos factores más, han influido para que la mayoría de los seres humanos sean presas del miedo y vivan aterrorizados permanentemente, contradiciendo al Evangelio, en el que se encuentran múltiples exhortaciones y advertencias a no tener y a no dejarse dominar por el miedo. Tal es el caso del pasaje evangélico de este domingo, en el que, ante el miedo a los fantasmas, Jesús les dice a los discípulos: “No tengan miedo; Yo soy”. De la misma manera nos lo dice para toda ocasión y para todo aquello que nos cause o provoque ese sentimiento negativo.
     Si lo afirma, es que sí podemos ser liberados de todos esos miedos. Y para lograrlo, basta con:
    1) Ser conscientes de que los tenemos, de que estamos programados para ellos y de las causas que los provocan, reconocerlos y aceptar nuestra realidad con humildad.
     2) No confiar en nuestros sentimientos, que muchas veces son engañosos, ni tampoco en aquellas personas que los suscitan en nosotros, sino confiar única y absolutamente en Dios, como lo tendría que haber hecho Pedro --según el Evangelio de hoy--, y no dudar, ya que su miedo --consecuencia de no confiar en Jesús y en sus palabras-- provocó que se empezara a hundir en el agua.
     3) Pedirle al Señor todos los días, el don de la confianza en Él y el de la liberación de todos nuestros miedos, de sus causas y consecuencias.
    De esta manera podremos atacar de raíz este tipo de esclavitud tan extendida en el mundo, la cual es muy bien capitalizada por nuestro enemigo el diablo, cuando se trata de tomar decisiones que involucran nuestra fe y nuestro compromiso con Jesús.

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx





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