Viernes, 10 de Octubre 2025
Suplementos | La vida de cada ser humano empieza con llanto y termina con gemidos

La cruz en las encrucijadas de la vida

Cristo, el gran Maestro, con su ejemplo y sus palabras ha dejado luminosa enseñanza para saber llevar el sufrimiento

Por: EL INFORMADOR

Ser cristiano significa seguimiento. Es creer en Cristo, tomar la propia cruz y seguir a Cristo. ESPECIAL  /

Ser cristiano significa seguimiento. Es creer en Cristo, tomar la propia cruz y seguir a Cristo. ESPECIAL /

     Ese afán de engañar a los jóvenes, a los ingenuos y a los incautos, al proclamar una sarta de mentiras por esos vendedores de felicidad; esos anunciadores de formas para suprimir los sufrimientos y gozar y gozar los bienes presentes, que engañan y tal vez ocultan sus propios problemas íntimos.

     Es un nuevo epicurismo; es, sólo en parte, el programa del filósofo griego Epicuro: “Comamos y bebamos, que mañana moriremos”, pues su filosofía no era solamente gozar, sino entender la vida con amplitud y sentido.

     Ahora, siglo XXI, singularmente la publicidad con la dirección hacia promover objetos y servicios para encontrar compradores, halaga, miente, promete y siempre usa el señuelo de “sea usted feliz”.

     Mas la vida ofrece los dos extremos: dicha y sufrimiento, como la imagen misma de las veinticuatro horas del día con luz y oscuridad, o como los fenómenos de días con sol y días de tempestades.

     En la ciudad está un estadio deportivo con una multitud de rostros radiantes de alegría, entre gritos, aplausos y tal vez cantos de triunfo; y en contraste, no lejos está un centro médico en donde el dolor ha sentado sus reales y allí abundan los rostros adustos, allí los gemidos, allí las lágrimas.

     La vida de cada ser humano empieza con llanto y termina con gemidos.

Cristo, el gran Maestro, con su ejemplo y sus palabras ha dejado luminosa enseñanza para saber llevar el sufrimiento, y Él le ha dado el nombre de cruz.

La cruz, antes signo de muerte, es ahora signo de victoria, de vida

     Para exhibir en alto, atados o clavados, a los malhechores, fue inventada  la cruz como el último y más penoso suplicio para darles muerte.

     Horror causaba causaba la imagen de esos dos palos en postura perpendicular.

     En la plenitud de los tiempos, el Hijo de Dios fue levantado en alto en la cruz más gloriosa que han visto y verán los hombres, transformada en imán prodigioso. Jesucristo había dicho: “Cuando yo sea levantado en alto atraeré a todos hacia mí”.   

     El ahora llamado Pablo --que antes fue el temido fariseo Saulo, perseguidor de cristianos-- predica a los habitantes de Corinto y su estilo es valiente y desafiante: “Los judíos piden milagros, los griegos sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo, este crucificado. Escándalo para los judíos, locura para los griegos, para nosotros es Cristo fuerza de Dios, sabiduría de Dios”. Así Pablo les abre los ojos a “la locura de la cruz”.

     Profunda sabiduría ya con veinte siglos de ser norma de vida para muchas generaciones de cristianos, que con esa locura han llegado a ser santos.

“El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí”

     Ser cristiano significa seguimiento. No es que crees, sino en quién crees. Es creer en Cristo, tomar la propia cruz y seguir a Cristo.

     Las rápidas transformaciones en los últimos años han producido también un sinnúmero de cambios en la vida, singularmente de los adolescentes y los jóvenes.

     Las migraciones internas y externas; el conocimiento universal de todos los pueblos del globo, aunque sea superficial; el paso de un estrato social a otro; las diferentes condiciones y relaciones de la vida de familia, y el impactante influjo del internet, de la televisión, han producido sensación de desarraigo, de pérdida de identidad y hasta del sentido de la existencia.

      En muchos hasta un desarraigo en la fe, en todo lo que no esté cercano a sus sentidos y a lo inmediato.

     Difícil, mas no imposible, es el encuentro del hombre con Cristo; si lo encuentra, lo seguirá y sabrá llevar con sabiduría de Dios la propia cruz, sus propios sufrimientos, y éstos se volverán un tesoro de vida interior, de santidad.

      Los grandes santos, seguidores de Cristo y unidos a Él como el sarmiento a la vid, han sido vigorosos ejemplos de grandes virtudes: la caridad, la humildad y la fortaleza, para llevar la cruz incluso entre tribulaciones y angustias.

“Quien los recibe a ustedes me recibe a mí”

     La segunda enseñanza del evangelio de este domingo es la hospitalidad.

     En el antiguo catecismo del padre Jerónimo Ripalda, una de las siete obras de misericordia corporales era dar posada al peregrino.

     En un sentido amplio y simbólico, todo hombre es peregrino. Así de amplia, en sentido espiritual, ha de ser entendida la hospitalidad.

     Recibir, escuchar, atender, comprender, compartir, han de ser actitudes permanentes de los seguidores de Cristo.

     Primero recibir, entre la actitud cerrada del ciego y el sordo, el egoísta vive para sí mismo, no ama, y si cree amar a Dios y no ama al cercano, al prójimo, entonces miente. El amor a Dios se manifiesta no en ayunas y largos rezos, sino en una actitud de apertura y servicio a los demás.

     Luego el arte de saber escuchar. El hombre es un ser en sociedad con imperiosa necesidad de ser escuchado. Y Dios premia la caridad no sólo por unas monedas echadas en el platillo del pobre, sino por el tiempo sabiamente empleado en escuchar al prójimo. Atendido, comprendido, consolado, el enfermo recupera en parte su salud.

     Además, compartir. “El verdadero amor --dice San Pablo-- es paciente, servicial y sin envidia; no presume, no busca el propio interés; no lo mueve la ira; olvida las ofensas, perdona; no se alegra del mal; le agrada la verdad; disculpa todo; todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Un vaso de agua fría a uno de esos pequeños no quedará sin recompensa”.

José R. Ramírez Mercado

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