Sábado, 11 de Octubre 2025
Suplementos | Por: Vicente García Remus

La Silleta, belleza cercana

Un sitio privilegiado dentro de los márgenes de la ciudad

Por: EL INFORMADOR

Inmejorable. La vista que ofrece una visita a este lugar es uno de sus atractivos.  /

Inmejorable. La vista que ofrece una visita a este lugar es uno de sus atractivos. /

GUADALAJARA, JALISCO (23/SEP/2012).- El noreste del cerro Las Mulatas se localiza el maravilloso mirador denominado, La Silleta. Un sábado familiar. Partí con mi familia rumbo a Zapotlanejo, entramos al poblado y pasando el arroyo de igual nombre, viramos a la izquierda para seguir por el camino a Matatlán, de allí nos dirigimos a Atengo, que significa: “Lugar situado al borde de la barranca” (sitio que nos recomendó Rigoberto Álvarez), donde Fabián González Arana fue nuestro guía, atravesamos un maizal, para luego brincar un lienzo y seguir el andar de Fabián entre diversas plantas, quien abría una nueva vereda. Detrás de unos árboles apreciamos la viva barranca y al fondo el sensacional Río Verde, nos detuvimos un rato ante aquel precioso paraje, donde la profundidad era el elemento más atractivo, profundidad donde corría con gracia el majestuoso río.

Caminamos por la cresta de un sensacional pliegue, que en su extremo está coronado por una hermosa peña, que por sus piedras escalonadas por doquier, se le llamó, La Silleta. Nos quedamos simplemente sorprendidos al estar sobre la insólita piedra, que mira con garbo al bello río, embellecido por su fantástico cañón, de laderas casi verticales, cubiertas por ricos follajes verdes, que contrastaban con el gran cordón beige, por los sedimentos que arrastra. Unas paredes nos delataron los lechos de abolengo, varios metros de altura los separan. Marisol apreció unos pliegues mutilados que parecían castillos. Después de gozar del insólito paisaje río arriba, con sentido noreste, y río abajo, nos sentamos plácidamente para contemplarlo en el primer sentido, el cauce era casi recto, mas hacía un ligero quiebre a la derecha para continuar su cantar, cambiamos de silla y observamos el otro sentido, que también zigzagueaba para luego perderse en el horizonte, y después serpentear cinco veces más y fundirse en el Río Grande de Santiago, sitio conocido como Las Juntas, que dio nombre a la hidroeléctrica vecina.

Llenamos nuestras pupilas de las bellas formas del cañón y abandonamos con nostalgia La Silleta. Bordeamos la siembra de milpas espigadas, vimos una finca de adobe agrietada y fuimos al borde del potrero, de donde nos despedimos del río a la sombra de unos tabachines, animados por unos ozotes aledaños y en el aire la fragancia de anís.     

A nuestro regreso nos detuvimos a mirar las capillas de Matatlán, la primitiva capilla ostenta una preciosa portada, la puerta en arco de medio punto, enmarcada por medias columnas estriadas con capiteles dóricos y una cornisa, elementos que se repiten para arropar a la ventana coral, que es arqueada, tiene columnas estriadas y remata con frontón triangular. Sobre la segunda cornisa está una balaustrada, que enseña una almena a cada costado. Del lado izquierdo se yergue el campanario, de un cuerpo y planta cuadrados, con dos vanos arqueados por cara y lo cubre una cúpula. El interior es de una sola nave y en sus muros cuelgan los santos cristeros. La puerta lateral liga con la capilla nueva, un metro y medio las separan. Se pensó tirar la añeja capilla, pero los feligreses se opusieron. La fachada principal del nuevo recinto, la forman tres puertas arqueadas y arriba ventanas arqueadas, los muros son de ladrillo aparente, las tres puertas por lo general indican, tres naves, la obra fue del vicario José Isabel Flores, quien también emprendió la fundición de las campanas. Nació en El Teúl en 1876. En 1899 se hizo cargo de la capilla y escuela de Matatlán. A caballo atendía con ánimo a todos los poblados de la región. Al amanecer del 18 de junio de 1927 iba a Colimilla a celebrar misa, y al llegar al Cascajo, fue tomado preso por unos soldados, mandados por el presidente municipal, Rosario Orozco. Fue encarcelado en el curato de Zapotlanejo, que funcionaba como cuartel. El día 21 del mismo mes fue martirizado y degollado en el panteón. Posteriormente sus restos fueron removidos de El Teúl a Matatlán. Fue beatificado el 21 de mayo de 2000, y posteriormente santificado. En 1786, se realizó la intendencia de Guadalajara, quedando dividida en 32 partidos. Uno de ellos, el No. 16, fue Matatlán y Colimilla, y su jurisdicción comprendía a Zapotlanejo y a Tepatitlán.

Saboreamos una nieve de fresa (de agua), en una de las bancas de la plaza, sombreada por palmeras.

Pasando Arenales, nos paramos a contemplar el hermoso Río Calderón, que se pavonea de centenarias sabinas por doquier. Enseguida llegamos al “Ropero de México”, Zapotlanejo, donde degustamos unos ricos tacos, tostadas y pozole, en la fonda “Doña Elvira”, después visitamos algunas prestigiadas tiendas de ropa, que hoy presumen de agradables banquetas y calles.

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