Suplementos | Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo, el otro era un publicano Justificados delante de Dios Todo aquel que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido Por: EL INFORMADOR 23 de octubre de 2010 - 11:32 hs Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo, el otro era un publicano; uno cumplía con todas las obligaciones de la religión, el otro violaba casi todas las obligaciones de la religión. El fariseo era respetado y admirado por todos los demás por causa de su vida piadosa y ejemplar, el publicano era despreciado y juzgado por todos los demás por causa de su vida corrupta y mañosa, con la cual robaba a sus compatriotas. Curiosamente, ambos fueron al templo y se presentaron delante de Dios. Uno tenía muchas razones para sentirse satisfecho, el otro tenía todo para sentirse avergonzado; uno oraba de pie, el otro se inclinaba y golpeaba su pecho. De alguna manera, pudimos conocer el contenido de sus oraciones: el fariseo agradecía a Dios por no ser ladrón, injusto ni adúltero, lo cual además era cierto; el publicano confesaba que era pecador, que era culpable de casi todo pecado posible. El fariseo hizo una lista de todas aquellas cosas en las que obedecía a Dios, como ayunar dos veces por semana, dar el diezmo de todo lo que tenía, y por supuesto, ir al templo a orar; el publicano se llamaba a sí mismo pecador, porque no había día en que no hubiera defraudado a los demás. El fariseo esperaba ser recompensado por Dios, el publicano suplicaba misericordia y perdón; uno creía que Dios le era deudor por causa de sus obras, el otro reconocía que tenía ante Dios una deuda impagable. Uno se acercaba para ser recompensado, el otro esperaba de lejos que pudiera haber perdón para él. Dios decidió entonces justificar a uno y condenar a otro, y contra todo lo que pudiera pensarse, justificó al publicano y condenó al fariseo. El publicano bajó a su casa perdonado, con un historial limpio delante de Dios y con la oportunidad de comenzar una nueva vida, mientras que el fariseo sólo obtuvo un silencio condenatorio delante de Dios. La pregunta que surge es: ¿por qué Dios hizo esto?, y la respuesta nos la da Jesús cuando afirma: “Porque todo aquel que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. Esta es la vara con la que Dios mide a los hombres, ya que Él ha establecido que nadie podrá ser aprobado delante de Dios, si confía en sus propias obras, en sus propios méritos. No importa cuánto bien podamos hacer, y cuán celosamente cumplamos con los estándares de nuestra religión, nadie, absolutamente nadie, puede esperar que eso sea suficiente para ser aprobado por Dios. Si así fuera, entonces Dios no hubiera mandado a su hijo Jesús a morir en una cruz. Una persona que se enaltece, es aquella que supone que puede hacer cosas suficientemente buenas como para recibir la aprobación de Dios, o que por lo menos puede colaborar en parte para que sea acepto ante la mirada del Padre, pero esto va directamente en contra del mensaje del evangelio que Dios envió a su hijo para que todo aquel que crea en Él no se pierda. Baste recordar el mensaje del ángel a José, cuando le reveló que recibiera a María como su mujer, ya que lo que estaba engendrando en ella era por el Espíritu Santo. Las palabras textuales del ángel fueron: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Jesús vendría a salvar al mundo de sus pecados. Él no vendría a “ayudar” al mundo, o a “complementar” al mundo. Tampoco vendría a resolver los “conflictos” o los “problemas” de la gente. Él vendría a salvar a los pecadores, no a los que se sintieran menos pecadores que los demás, o a los que pensaran que podrían colaborar en el sacrificio de Jesús en la cruz. Angel Flores Rivero iglefamiliar@hotmail.com Temas Religión Fe. Lee También Veinticinco años Evangelio de hoy: Jesús se deja encontrar en nuestro sufrimiento Romería de la Virgen de Zapopan: “Pido que haya paz en el país” ¿Cómo llegar en camión o tren a la Romería 2025? Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones