Suplementos | No cabe duda que el más severo e inhumano juez del ser humano, es el propio ser humano Jueces severos e inhumanos Hay casos que son verdaderamente inaceptables, como el de una periodista que generalizando irresponsablemente, hablaba de 'los juicios por pederastia en contra de la Iglesia Católica' Por: EL INFORMADOR 20 de marzo de 2010 - 12:19 hs No cabe duda que el más severo e inhumano juez del ser humano, es el propio ser humano. Ello lo estamos viendo fehacientemente en toda la serie de juicios que han sido emitidos en lo referente a un gravísimo problema que ha salido a la luz que involucra los actos pederastas de algunos ministros de culto. Sin duda, los juicios no sólo de los más severos, sino verdaderamente denigrantes y destructivos, los escuchamos o vemos a través de muchos –no todos- medios de comunicación social. Y es en verdad triste y causa de molestia que así sea, porque lejos de ayudar a su solución, la complican y suscitan reacciones nada concienzudas en el público, sobre todo en aquel que carece de un conocimiento de causa y de una capacidad necesaria para discernir, y que le cree todo a tal o cual comunicador. Hay casos que son verdaderamente inaceptables, como el de una periodista que generalizando irresponsablemente, hablaba de “los juicios por pederastia en contra de la Iglesia Católica”. En ese momento me cuestioné: ¿Es la Iglesia la pederasta o son algunos de sus miembros? Siendo yo miembro de esta Iglesia, ¿yo también soy pederasta? ¡Claro que no! Sin pretender querer hacer un juicio del porqué de ello, porque iría en contra de mis convicciones y de lo que hoy comparto, quiero remitirme al mensaje del Evangelio que la Iglesia nos propone para este quinto domingo de Cuaresma, que nos dice que TODOS somos pecadores, y por lo tanto todos debemos de convertirnos. El Señor Jesús les cuestionó a aquellos que querían que Él condenara a muerte por lapidación, es decir, a pedradas, a aquella mujer encontrada en adulterio, diciéndoles indirectamente que si ellos se sentían con derecho a pedir la muerte de ella, sin tomar en cuenta que esa misma pena merecían, porque ninguno estaba libre de pecado, con las palabras ya muy conocidas y usadas en muchas situaciones de la vida diaria: “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que tire la primera piedra”. Una de las más grandes tentaciones que se convierte en actitud nociva y letal para nuestra fe, es la de no reconocernos pecadores, ni aceptar nuestros pecados. Ella tiene su origen en nuestra soberbia que es el vicio, el pecado capital que está en el fondo de los que reniegan de su fe, desobedecen a Dios, a su Palabra y a su plan. La soberbia fue, precisamente, la que orilló a los primeros seres creados, Adán y Eva, a no hacerle caso a Dios en su mandato, y sí a Satanás, quien, aprovechándose de esa actitud los sedujo y engañó al decirles: «No es cierto que morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman de él, se les abrirán a ustedes los ojos; entonces ustedes serán como dioses y conocerán lo que es bueno y lo que no lo es.» (Génesis 3, 4-5). Fueron tan graves esa actitud y sus efectos, que las consecuencias de ella resultaron ser la pérdida de la amistad del hombre con Dios, la expulsión del paraíso terrenal y por tanto la sentencia a una vida encadenada al sufrimiento. Cuando nos dejamos llevar por la soberbia --a la que el Catecismo de la Iglesia Católica define como: “Una estima de sí mismo, o amor propio indebido, que busca la atención y el honor y se pone uno en antagonismo con Dios’ (CIC 1866)--, somos capaces de todo, como lo fueron nuestros primeros padres, hasta querer ser como dioses. Entonces juzgamos y condenamos a aquellos que cometen errores, que se equivocan, que caen en pecado, sin darles oportunidad de perdón, de rehabilitación, de recomenzar con una vida diferente, como Jesús lo hizo con la adúltera, a quien no sólo no condenó, sino que la perdonó y le dio la nueva vida que Él vino a traer. Vida a la que todos podemos aspirar, siempre y cuando, insistimos, nos reconozcamos pecadores y pidamos perdón; todo lo contrario a sentirnos buenos y juzgar y condenar “a los que son malos”. Francisco Javier Cruz Luna cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx Temas Religión Fe. Lee También La gran reunión mágica Romería: Los kilómetros al ritmo de la fe ¿Qué día es la Romería 2025 en Guadalajara? No habrá ley seca durante Romería 2025 Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones