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Viernes, 15 de Noviembre 2019
Suplementos | (Primera de dos partes)

Jenofonte y la Expedición de los diez mil

La monumental epopeya realizada por el ejército de Ciro, gobernante de Sardes, hacia el año 401 adC

Por: EL INFORMADOR

La monumental epopeya realizada por el ejército de Ciro, gobernante de Sardes, hacia el año 401 adC., ha sido estudiada desde diversos enfoques: político, económico, militar, tecnológico y demás, y ahora la comentaremos como una travesía que en aquellos tiempos era simplemente algo impensable. Llevar a cabo una expedición con un numeroso contingente pocas veces visto anteriormente, e ir al corazón del territorio enemigo, “meterse a la boca del lobo”, como diríamos ahora, y salir vivo, aunque derrotado, fue algo que sólo a un guerrero persa pudo habérsele ocurrido, hace más de 2mil años.

    Todavía había muchas regiones del mundo que faltaban por conocer y explorar; incluso algunas zonas desérticas, rodeadas de núcleos completamente habitados, seguían sin ser conocidas y solían ser inspiración para infinidad de historias sobre “monstruos” y rincones llenos de misterios que terminaban convertidos en morada de los dioses o de las fuerzas oscuras.

Al morir el emperador persa Dario II, le sustituyó su hijo Artajerjes II, en el año 404 adC. El hermano menor, Ciro, protestó contra la sucesión del trono y lo reclamó enérgicamente con un plan que pocos esperaban. Para deponer a su hermano, Ciro reclutó a 10 mil mercenarios griegos, entre espartanos, peloponesios y demás. Clearco, ex gobernante espartano fue el brazo de derecho de Ciro en la expedición. Al parecer, éste convocó a los soldados haciéndoles creer que se trataba de ir a sofocar a los rebeldes de Pisidia, pero después fue imposible ocultar el verdadero objetivo de la expedición. Reunir ese enorme ejército en realidad no fue tarea difícil puesto que la Guerra del Peloponeso había terminado y miles de soldados espartanos se encontraban “desempleados”, por lo que no tuvieron ningún inconveniente en engrosar las filas de Ciro.

Una vez reunido el contingente militar, partieron desde Sardes, Asia menor (hoy Turquía) y los más de 10 mil mercenarios iniciaron la travesía por tierra hacia el corazón de Persia. Se dirigieron hacia el golfo de Alejandreta (Zál Issijsky), en el puerto Issos, y después a Tapsaco que era la ruta obligada para tomar el curso del río Éufrates, mismo que llevaba hasta la antigua Babilonia. Justo en Thapsakos (ver mapa) tomaron la orilla izquierda del Éufrates y bordeándolo descendieron hasta Pilas, al sur de Kirkesion. En este punto se acercaban cada vez más los ríos Éufrates y Tigris, y justo poco antes de llegar a Babilonia, el grupo fue interceptado por Artajerjes II y su ejército.

La batalla fue campal y parecía que los griegos tendrían la victoria. En medio de las acciones militares y de una manera inesperada, Artajerjes mató a Ciro y perdonó a su ejército, el cual se encontraba desconcertado, sin su guía y a 2 mil kilómetros de su ciudad de origen. Fue Tisafernes quien se puso al frente del ejército huérfano, al que finalmente le jugó traición masacrando a gran parte de los que se habían salvado. Los Diez mil eran ya mucho menos que eso, tal vez sólo la mitad.

Fue necesario elegir nuevos jefes y emprender la retirada a Grecia. La discusión determinó como nuevo jefe a Jenofonte, quien también se convirtió en el cronista de esta aventura que describió con detalle en su obra Anábasis, mejor conocida como La expedición de los diez mil. El tema a resolver en ese momento era pues el regreso del grupo (que eran ya menos de 5 mil). Imaginemos a la aplastante comitiva de soldados griegos que, además de combatir a los persas de Artajerjes, tuvieron infinidad de enfrentamientos menores a lo largo de la travesía; debieron haber arrasado pueblos enteros a su paso. El abasto de alimentos debió haberlos metido en serios problemas en repetidas ocasiones. Muchos debieron haber muerto no en la guerra, sino de agotamiento.

Luego de la dolorosa pérdida de su jefe, descubrieron que no habían previsto qué hacer en caso de que fueran derrotados, estaban seguros de la victoria, es por eso que el viaje de vuelta a Grecia fue tan complicada como el viaje de venida. Estaban solos en medio de la boca del lobo Artajerjes, en el corazón de la Mesopotamia; ahora sería el río Tigris el que les señalará el regreso a casa, aventura que narraremos en la siguiente entrega.

Cristóbal Durán
ollin5@hotmail.com

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