Domingo, 12 de Octubre 2025
Suplementos | Hoy es un domingo en el que la Palabra de Dios nos invita a reflexionar y a hablar

Inconmensurable amor

Si yo les pidiera a todos mis queridos lectores, en este momento, que me definieran quién es Dios, estoy cierto de que recibiría multiplicidad de respuestas

Por: EL INFORMADOR

    Hoy es un domingo en el que la Palabra de Dios nos invita a reflexionar y a hablar --en mi caso, a escribir o a intentarlo-- acerca de lo maravilloso que es el amor de Dios.
     Si yo les pidiera a todos mis queridos lectores, en este momento, que me definieran quién es Dios, estoy cierto de que recibiría multiplicidad de respuestas, todas muy bellas y algunas hasta poéticas, y todas muy válidas, a excepción de las que son fruto de un indebido  resentimiento, y desde luego las ofensivas.
     Sin embargo, la mejor respuesta la da la Palabra de Dios, obviamente, pues es la fuente del conocimiento de Dios, y ésta es: “Dios es amor”.
     Es realmente impactante cómo una frase tan pequeña, defina lo que es o quien es el ser más grande del universo, su Creador; omnipotente, omnipresente, omnisciente, etc., etc.
     Ello nos hace ver, entre otras cosas, que, precisamente, el amor es no sólo lo principal, sino lo inherente por excelencia en nuestra vida
     Ahora bien, ¿cómo se manifiesta ese amor? Dado que es infinito, no tiene límites para manifestarse de incontables manera. Hoy mencionamos tan sólo dos que son vitales para nosotros los seres humanos, especialmente los que creemos y queremos experimentar ese amor: en la obra de su creación y en nuestra vida personal.
     Con respecto a la primera, bástenos decir que en la medida en que sepamos apreciar, aquilatar, sorprendernos, maravillarnos y disfrutar la excelsa obra de la Creación en toda su extensión, en esa medida descubriremos Su amor. Pero ello no es suficiente.
     Es necesario descubrir ese amor en nuestra propia persona y en nuestra propia vida. Sin embargo, y ante la realidad y el misterio de que siendo un Dios en su naturaleza, inalcanzable, insondable, sublime, sobrenatural, que precisamente por amor se ha acercado al ser humano para darle los regalos más extraordinarios que éste puede recibir, y que en su omnisciencia o sabiduría infinita destina precisamente esos regalos, es difícil para hombres y mujeres que no están en el circulo divino, en su intimidad, reconocer dichos regalos; y, en contraparte, muy fácil desear o esperar los que son ofrecidos por el poder del mal o por el mundo que no reconoce a Dios en plenitud.
     La misma Palabra de Dios es muy clara al revelarnos en qué consiste su amor, y cómo nos lo ha manifestado de manera por demás óptima.       

     Primeramente San Juan en su primera carta nos dice: “Miren cómo se manifestó el amor de Dios entre nosotros: Dios envió a su Hijo único a este mundo para que tengamos vida por medio de Él. En esto consiste el amor: no es que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó primero y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados.” (1Jn 4, 9-10).
     Ésta es, pues, la manifestación por excelencia del amor de Dios; el mismo Jesús también lo señaló: “¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único, para que quien cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a Él. Para quien cree en él, no hay juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado, por el hecho de no creer en el Nombre del Hijo único de Dios.”
     Es muy triste ver a diario a hermanos(as) que quieren sentirse amados por Dios, cumpliéndoles Éste sus deseos, satisfaciendo sus necesidades, y hasta complaciéndolos en sus caprichos; cuando sólo Él, insisto, conoce lo que es realmente para nuestro bien, que cuando ello no se da, se decepcionan de Él, se rebelan, le reclaman y  hasta le ofenden y proclaman a todo el mundo que a ellos no los ama.
     Ante ello, la Palabra de Dios insistirá: “Pero Dios es rico en misericordia: ¡con qué amor tan inmenso nos amó! Estábamos muertos por nuestras faltas y nos hizo revivir con Cristo: ¡por pura gracia ustedes han sido salvados!” He ahí la respuesta contundente. Por ello, ¿qué más podemos pedirle a Dios, si, por lo demás, quien tiene a Cristo en su corazón y en su vida, lo tiene todo? Y para colmo de ese amor, Jesús al regresar al Padre no nos quiso dejar solos y se queda en la Eucaristía, como nos lo recuerda nuevamente el Evangelio de este domingo, en el que Él nos dice: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre.”

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx


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