Dejada de lado la física de maravilla tan puesta a cumplir con los principios dramáticos más que con las leyes de la naturaleza, queda entonces mirar el espectáculo de imágenes manufacturadas por computadora, y escuchar pujidos y soliloquios de los personajes, acompañados de una música tramposa que está ahí rellenando el vacío, influyendo la percepción de lo que ocurre, pero queriendo aparentar que no existe.La sensación de amplitud, de grandeza, que causa la visión del espacio exterior es fascinante. La sensación de flotar, es impecable. Ambas superan en belleza y acabado el contenido de cualquier documental hecho por la NASA, el Discovery Channel, o el National Geographic. El director, consciente de las cualidades contrapuestas de ese entorno les saca buen partido. Por su apariencia, la armonía, la calma y la soledad del universo cautivan a cualquier espectador; pero ante lo que ahí ocurre, los mismos valores resultan un marco angustioso. Indiferentes a la vida humana, se tornan, espantosamente, en la perfecta contemplación del abismo imperturbable.Las imágenes del espacio también representan un reto narrativo y creativo. Al no existir la referencia del horizonte y de la posición de los personajes, dado que se encuentran en una situación donde las direcciones arriba, abajo, izquierda o derecha, son más relativas que nunca, el realizador mueve la atención y la perspectiva de la escena en una suerte de flujo visual. Tratamiento que le permite de modo continuo expandir la mirada o cerrar su ángulo, captar lo que está a cientos o miles de metros, y pasar de inmediato sin cortes hacia lo que se ve en el interior del casco de uno de los astronautas.Durante la primera parte de la película la historia se da a entender con la ayuda de una radionovela, es decir, hay cosas suspendidas en el espacio, naves, trajes espaciales, la Tierra, el Sol, y todo muy bonito, pero a nadie se le ve la cara, y lo que sucede, sucede en las palabras que se hablan por la radio entre la base en Houston y los pilotos espaciales, o entre ellos mismos. Luego ocurre algo que vuelve la trama monólogo, y el personaje entonces se pone a pensar en voz alta para interesar al público. Hacia la última parte la música se apodera de lo que pasa y termina indicando lo que conviene al repertorio de las aventuras cinematográficas, que fue una hazaña, que fue conmovedor, y que la gente se puede ir tranquila a su casa para enfrentar problemas de verdad.