Sábado, 11 de Octubre 2025
Suplementos | Los que quieran ver y escuchar a Jesús encontrarán en los sacerdotes a quienes los lleven a Cristo

Homilía para el Día del Seminario

La Arquidiócesis de Guadalajara celebra este domingo, desde hace sesenta años, el Día del Seminario, para dar a conocer la labor y la importancia de esta institución que es el corazón de la Arquidiócesis

Por: EL INFORMADOR

     La Arquidiócesis de Guadalajara celebra este domingo, desde hace sesenta años, el Día del Seminario, para dar a conocer la labor y la importancia de esta institución que es el corazón de la Arquidiócesis.
     Día de “el Seminario”, con el artículo determinado, porque como hay una sola catedral, debe haber un solo Seminario, el de la diócesis, el del obispo, pastor, sucesor de los apóstoles.
     Las comunidades religiosas de varones tienen también sus escuelas de formación y se les puede llamar seminarios (semillero), porque ahí cultivan las semillas de la vocación. Pero, por excelencia, el Seminario es el de la Arquidiócesis. En tres puntos desarrollaremos nuestro tema.

¿Qué es el Seminario?

     Es una institución formada por jóvenes que se sienten llamados al sacerdocio ministerial, y que son encomendados por el obispo a un grupo de sacerdotes para que los acompañen, los guíen y los preparen en su largo caminar hacia la ordenación, cuando el obispo les confiere el sacramento del orden, uno de los siete sacramentos que los consagra a Cristo para el servicio de sus hermanos, “tomado de entre los hombres al servicio de los hombres” (Hb 5, 1).
     Es un camino largo, de doce a quince años de preparación. Quienes llegan niños se inician con los tres años de secundaria, y luego tres de preparatoria junto a los estudios humanísticos propios del Seminario. Sigue el curso introductorio al Seminario Mayor, donde se le da mucha importancia a la oración y al discernimiento vocacional. Desde hace tiempo, los alumnos cursan este año de formación en Tapalpa.
     Después siguen tres años entregados al estudio de la Filosofía y otras ciencias auxiliares, con el fin de profundizar en el conocimiento del hombre y de las diversas corrientes de pensamiento que han marcado la historia de la Filosofía.
     Terminada la Filosofía vienen los cuatro años de Teología, que constituyen los estudios propiamente sacerdotales: Teología fundamental, Teología dogmática, Teología moral, Sagrada Escritura, Derecho canónico, Oratoria sagrada y algunas otras materias que mantienen ocupados a los futuros sacerdotes. Tras el estudio de la Teología se tiene un año de ejercicio del diaconado, antes de la ordenación presbiteral.
     Formación humana, Formación cristiana espiritual, Formación intelectual y Formación pastoral, son las cuatro áreas en las que se trabaja en las distintas etapas: Seminario Menor, con sus seminarios auxiliares de Totatiche, La Barca, Cuquío y Ahualulco y secundaria “Anacleto González Flores” en nuestra ciudad, y Seminario Mayor.  

¿Qué da el Seminario?

     Da pastores al pueblo de Dios. Ésta es la respuesta precisa. Todos los sacerdotes sirven al pueblo de Dios en la ciudad, en los pueblos, en las aldeas. Todos son regalo de Dios a través del Seminario. Por ejemplo, hay una parroquia que pertenece a nuestra Arquidiócesis, La Yesca, en el Estado de Nayarit, con cuarenta y siete rancherías donde el pastor, montado en su caballo, apacienta a sus ovejas.
     Más amplia será la respuesta si la pregunta es distinta: ¿Qué ha dado el Seminario? El de Guadalajara, con trescientos trece años de vida, pues fue fundado en 1696, ha dado abundantes frutos maduros para el Reino, para la Iglesia. Gloria de este seminario es la corona de quince sacerdotes mártires, elevados a los altares en año 2000 por el Papa Juan Pablo II. Y muchos otros, incontables, aunque sin el reconocimiento oficial, que fueron testigos fieles en su ministerio. Fueron confesores, porque confesaron su amor a Cristo y a sus hermanos mediante su entrega silenciosa. Esos que nada extraordinario hicieron, pero todo lo hicieron con amor y por amor.
     Ha dado también cuatro cardenales a la Iglesia de Dios, más de ochenta obispos; muchos, pero muchos sacerdotes, y además patriotas; dos presidentes de la República, varios gobernadores de Estados, escritores y maestros ilustres, porque el Seminario no sólo ha derramado las aguas para los sacerdotes, sino también para los que no llegaron a ordenarse.

¿Qué pide el Seminario?

      Primero, que nunca falten vocaciones. De este siglo XXI envuelto en una atmósfera de materialismo, de consumismo, de hedonismo, en el que los jóvenes se sienten atrapados por modas y son conducidos a un paganismo práctico, debemos sacar muchachos limpios, generosos, que quieran servir a Dios y a su Iglesia.
     Segundo, que los ya llamados, los escogidos, los ya ungidos y enviados, vivan con alegría y generosidad el don de su sacerdocio. No hay mejor predicación que la del ejemplo, pues “bien predica quien bien vive”.
     El Seminario también necesita de la oración del pueblo cristiano para que nunca falten vocaciones; y más todavía, para que el sacerdocio ministerial sea un camino de santidad para muchos jóvenes. Y como el Seminario vive de generosidad y el apoyo del pueblo cristiano, también les pedimos su ayuda económica, ya que son muchas las necesidades y los gastos para sostener a una institución donde viven centenares de alumnos.
     Día del Seminario, día de oración por la santificación de los sacerdotes, por la abundancia de las vocaciones y para que los seminaristas tengan lo necesario para formarse integralmente y puedan, el día de mañana, responder a las grandes nedesidades de la humanidad actual.

Queremos ver a Jesús

     Fue la súplica de algunos griegos que habían llegado a Jerusalén. Le rogaron a Felipe, éste se lo dijo a Andrés y los dos se lo dijeron al Señor. Esa es la misión del sacerdote: acercar a los hombres a Dios.
     Muchos en la actualidad no conocen a Jesús. Ésta es una desgracia mayor que la crisis económica de la que tanto se habla. Para dar a conocer a Cristo el Salvador, son necesarios los discípulos-misioneros que lo anuncien, los sacerdotes llenos de fe y de caridad pregoneros del amor de Cristo.
     El sacerdote, por el don de la unción sacramental, es configurado íntima y personalmente con Cristo Cabeza y Esposo de la Iglesia, y tiene la misión de hacerlo presente en medio de sus hermanos, para lo cual ha de vivir una profunda amistad con Él, cultivada diariamente en la oración y en la entrega a Jesucristo, a quien ha de buscar y encontrar en cada hermano.
     Los que quieran ver y escuchar a Jesús encontrarán en los sacerdotes, como en los apóstoles Felipe y Andrés, a quienes los lleven a Cristo.

Pbro. José R. Ramírez       

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