Sábado, 18 de Octubre 2025
Suplementos | “Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua”

Hombre de poca fe

La orden fue tan clara y penetrante, que Pedro ni siquiera lo pensó, cuando ya tenía ambos pies sobre el agua

Por: EL INFORMADOR

     Casi podemos ver la barca con los discípulos, sacudida por las olas, en medio de un clima adverso; también puede reconocerse la silueta del Maestro que, inexplicablemente, está caminando sobre las agitadas aguas. La voz de Jesús trata de calmarlos diciéndoles: “Tranquilícense, soy yo; no teman”. De pronto, de la boca de Pedro salen palabras que parecen no haber sido pensadas: “Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua”.

     ¿Por qué dijo eso Pedro?, ¿no se le ocurrió que podía tratarse de una visión, de un momento de ilusión colectiva?, ¿qué pasaría si no se tratara de Jesús?, ¿no se daba cuenta de que si a duras penas podrían salvarse en la barca, bajarse de ella era prácticamente un suicidio?

     Con todo, la orden fue tan clara y penetrante, que Pedro ni siquiera lo pensó, cuando ya tenía ambos pies sobre el agua. Aquí es donde el relato del evangelio se vuelve sobremanera interesante. Nos dice Mateo 14, textualmente: “Ven”, le dijo Jesús, y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.

     Yo sé que la mayoría de nosotros tendemos a pensar inmediatamente en lo que sucedió cuando Pedro comenzó a hundirse en el mar, a causa de haberse atemorizado por las olas y el viento; pero antes de pasar a esa parte de la historia, me gustaría mucho que volviéramos a revisar lo que sucedió inmediatamente antes, cuando Pedro todavía estaba de pie sobre las aguas.

     El relato nos dice sencillamente que Pedro comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Jesús. No nos dice cuántos pasos dio sobre el mar. Evidentemente Pedro no estaba muy cerca de la barca, como a dos o tres pasos, porque si de pronto sintiera que se estaba hundiendo, su impulso natural hubiera sido voltear a la barca, bracear desesperadamente y agarrarse del borde de la embarcación, para que sus amigos lo rescataran.

     Así que posiblemente estaba a una distancia de la barca desde la cual no podía regresar nadando en medio de la tormenta. Por otro lado, sabemos que ya estaba cerca de Jesús, porque el mismo relato nos dice que cuando Pedro comenzó a hundirse y pidió ayuda a Jesús, en seguida el Señor le tendió la mano y lo sostuvo. La mayoría de las personas a quienes he pedido que hagan un cálculo, de los pasos que Pedro pudo haber dado en el mar antes de hundirse, coinciden en que el Apóstol debió dar por lo menos entre diez y quince pasos sobre el agua.

     Esto es interesante, porque dar de diez a quince pasos sobre el agua no es poca cosa. Excepto que se camine sobre el hielo, no he sabido de personas que puedan dar pasos sobre el mar. Pedro lo hizo, delante de un buen número de testigos.

     Cuando he meditado sobre este pasaje, me gusta imaginar que todos tenemos una cierta medida de fe, la cual nos permite dar pasos sobre aquello que desconocemos; es por eso que se llaman “pasos de fe”. Supongo que si a todos se nos pusiera a intentar caminar sobre las aguas, algunos darían unos pocos pasos antes de hundirse; otros quizá podrían dar un pequeño paseo, mientras que otros de plano no se bajarían de la barca.

     Todos tenemos diferentes medidas de fe; sin embargo, la buena noticia es que la fe de todos puede crecer, incluso la de aquellos que piensan que su fe es tan pequeña que casi no existe. El Señor Jesús explicó en algunas parábolas que la fe se parece a una semilla de mostaza, la cual es muy pequeña, pero tiene el potencial de crecer, hasta llegar a ser una planta grande, incluso la posibilidad de albergar aves bajo su sombra.

     Te invito a asegurarte de que tu fe está creciendo, a medida que caminas con Dios.

Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com      

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