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Jueves, 14 de Diciembre 2017

Suplementos

Suplementos | El prohombre mexicano Juan Pérez

Historias desde la banqueta

Donde los estudiantes nutren el movimiento del espíritu del general Cárdenas y los choferes del transporte público entran a la historia

-...Oiga doña Juanita, ¿y por qué viene usté tan angustiada?
Le pregunta una señora mayor a otra un poco menor, vecinas, encontradas a mitad de la calle entre la panadería y la tienda de abarrotes.
-Es por m’ijo... desde hace días que llega echando pestes por su trabajo.
-¿Volvieron a recortarles el personal?
-No, Juana... -doña Juanita se acerca bajando la cabeza en confidencia; levanta el brazo y en ralenti toca con el dorso de la mano el hombro de Juana- figúrese que hora a los chavos les da por pagar el pasaje con pura morrallita... y pus pa’ los choferes es una bronca...
Juanis asiente con un movimiento de cabeza y dice
-Oh... -alargando el vacío al final de la vocal y manteniendo el gesto fonético.
-...Dice que ya hablaron pues, con sus patrones edá, y que ellos los obligan a que, ire, con las bolsas llenas de pura morralla vayan a los bancos y cambien pues el dinero por billetes.
-Hasta flojos salieron oiga.
-Sí pues, no le digo...
-Y fíjese, a mí la semana pasada mi chavo también me dijo, eh, que como que se habían organizado en un no sé qué como d’esos grupos, no, de jóvenes... -Juana se quedó congelada un momento, pensando- ...como queriendo protestar...
-Eso dice m’ijo Juana: que como que quieren pues como decirles a los choferes que ya le paren a su despapaye... pero luego no ven que pus por unos que son de plano méndigos para manejar, pierden todos...
-Pus sabe... ya ve... pus ai le dejamos doña Juanita porque todavía tengo que llegar por Juanito...
-Ándele Juana, váyase con cuidado y primero Dios luego le invito unas enfrijoladas.

* * *

El espíritu del general Lázaro Cárdenas mira con una sonrisa pequeña en los labios una fotografía suya en la enciclopedia de Historia. En el salón de usos múltiples de la universidad todo está en silencio, aún faltan algunos minutos para que llegue la hora establecida para la reunión. Lázaro lee algunas frases de su propia biografía y piensa que el trabajo eficaz de un biógrafo debe ser trascender al sujeto para llegar al objeto de su obra. Cierra el libro y se pone de pie. Comienza a caminar rodeando la gran mesa que ocupa la mitad del espacio. ¿Hasta dónde llegará esto? Se pregunta.
-¡Jefe Cárdenas... ya vine y le traigo unas muy buenas jefe...! -grita el bolero Juan Pérez. Lázaro se acerca y le sonríe.
-¿Qué pasó Juan?
-Ire nomás don Lázaro: los cuidacoches pus hicieron su dinerito y se supieron administrar... y pus ya partieron el estacionamiento que tienen para hacerles una escuela a los chamacos y que no estén ahí nomás mosqueándose en el parque...
-La escuela ya no es ambulante.
-Nones mi general... ¿No le parece muy bueno?
-Más que bueno señor bolero: toda la banda de la escuela está en la onda y ahora habrá profesores voluntarios –responde sorpresivamente la misma joven que antes había criticado los métodos del espíritu del general Cárdenas entrando al salón acompañada del profesor Juan P. Pérez.
-Don Lázaro, esto se está poniendo muy bueno –los ojillos del catedrático brillan intensamente detrás de los cristales de los anteojos. Detrás de ellos se escucha un bullicio. El espíritu de Lázaro Cárdenas se asoma y lo recibe una multitud de alumnos buscando entrar.
-Tendremos que usar el auditorio don Lázaro... ¿nos acompaña?
Escoltado por el profesor, el bolero y la joven, Lázaro camina hacia el auditorio; los sigue un número considerable de estudiantes.
Los jóvenes sonrojados, la energía que se percibe, la adhesión a una causa, mantienen en una suerte no esperada de impasse al espíritu del general Lázaro Cárdenas. Siente que de pronto una gran ola de voluntades intangibles que buscan materializarse, que un nacionalismo puro y sin manchas patrioteras, siente que de pronto es envuelto por esa masa... Escucha como lejana la voz del profesor detrás de un micrófono, al pie de los estudiantes, en el auditorio de la universidad:
-Hoy, jóvenes, comenzamos un día histórico. Un día que pasará por nuestras vidas como todo un siglo, que...
El espíritu de Lázaro Cárdenas cierra los ojos.
-...Que cambiará por completo nuestra visión de este país... Hoy es un día que...
Recuerda una noche borrascosa. Un sueño: andaba por montañas con una numerosa tropa libertando a la patria del yugo que la oprimía.
-...Que escribirá nuevas páginas en los libros de historia. Hoy, muchachos, está en nuestras manos participar activamente en las decisiones que se toman en el país, pero no sólo eso:
¿Acaso se realizará esto? Lázaro observa a los estudiantes y al profesor. Intuye un gran corazón que se configura en el pecho de cada uno de esos jóvenes, pero algo le inquieta.
- ...También tenemos la oportunidad de imaginar un nuevo nacionalismo, una nueva conciencia civil, ciudadana, responsable.
La joven observa al espíritu de Lázaro Cárdenas. Él abre los ojos y la mira; ella baja la mirada.
-Señor Cárdenas: ¿sería tan amable? –el profesor le señala con la palma abierta el uso del micrófono a Lázaro. Un ruido sordo de varias personas llega hasta él justo cuando se disponía a saludar a la concurrencia. La puerta principal del auditorio se abre abruptamente y entran dos decenas de hombres con el rostro enfurecido. A la cabeza del grupo un sujeto mira retando hacia Lázaro Cárdenas. Los estudiantes se ponen de pie y en guardia.
-¿Usted es el espíritu de Lázaro Cárdenas?
El General cierra los labios y con toda serenidad baja del escenario para quedar a la misma altura del recién llegado.
-Sí señor. ¿Quién es usted?
-Me llamo Juan Pérez, señor, y nosotros somos choferes del transporte público. Necesitamos hablar con usted.
Los estudiantes miden la distancia con los choferes y los van rodeando. El general Cárdenas camina los metros que lo separan de Juan Pérez. El bolero se llena los bolsillos de piedras halladas bajo las butacas.

(Continuará en el número 60 de Tapatío)


Por: alejandro silva

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