Logo de aviso informador Logo de circulo informador Logo de gente bien
Viernes, 15 de Noviembre 2019
Suplementos | Nace la Revolución

Historia

La revisión de la Revolución Mexicana por: cristóbal durán

Por: EL INFORMADOR

Si bien hemos dicho que la Revolución desarrolló su “propia lógica” al irse sucediendo los hechos, no debemos entender por esto que la totalidad del conflicto se desarrolló de manera caótica y desordenada, sin un plan, aunque por momentos así diera la impresión. Podríamos sugerir que la caída de Díaz (1911) y la muerte de Madero (1913) pusieron al descubierto aspectos que de algún modo tensaron la relación entre gobernados, gobernantes y quienes aspiraban a serlo. Tales aspectos abarcan lo económico, político y lo social. Es decir, el conflicto se volvió “Revolución” cuando los diferentes sectores de la sociedad pusieron sobre la mesa de discusión sus intereses más inmediatos: Campesinos, tierra; empresarios, campo de acción; políticos, acceso al poder; Iglesia católica, “acción social”… y todos consideraron que podría ser un momento propicio para lograrlo.

Una vez que el movimiento estalló y se volvió fuertemente popular, tras la muerte de Madero, los intereses económicos y políticos de los distintos grupos de poder parecieron abanderar el movimiento; se descubrió que el conflicto podía llegar a tener dimensiones mucho mayores que lo que implicaba el solo derrocamiento de un presidente (Díaz), cosa que durante el siglo XIX se había vuelto una práctica bastante común.

La fuerte participación del tercero en discordia, el pueblo, quien se volvió el verdadero protagonista de la rebelión, sin duda que marcó un peculiar rumbo del conflicto. Las masas populares también levantaron la mano de protesta exigiendo lo que más le urgía: tierra y trabajo; para éstas era de poca trascendencia la guerra por el petróleo o el papel de los intereses extranjeros en el conflicto; incluso habría que revisar hasta dónde en realidad peleaban por tener tal o cual presidente del país. El triunfo para ellos podría estar garantizado en el momento en que, tras los combates, aseguraban un pedazo de tierra que les había sido arrebatado por los hacendados.

Actores, factores e intereses

La Revolución (con mayúscula) tenía entonces diversos rostros, tanto por las peculiaridades de cada región como por los intereses económicos o políticos que estaban en juego y que cada grupo pretendía, incluyendo los intereses extranjeros, que aunque no de manera definitoria, sí estuvieron presentes en el escenario revolucionario. Por ejemplo: el gobierno de Díaz había apoyado a los petroleros ingleses para atacar el monopolio de la Waters-Pierce norteamericana puesto que descubrió la inconveniencia de que un solo país explotara la industria petrolera mexicana.
La Standard Oil y el empresario norteamericano Henry Clay Pierce, afectadas por la política porfirista, decidieron apoyar a Madero para derrocar a Díaz, a cambio de recibir “ciertas concesiones”, al grado de que un hijo del Presidente derrocado llegó a culparlos, así como al empresario Pearson, de la caída de su padre. Debemos señalar que las inversiones extranjeras en el país se habían triplicado en la década de 1900-1910. La inversión alemana también era fuerte en el país, ésta llegó a tener el 20% de las acciones de ferrocarriles.
Si bien, según el historiador Lorenzo Meyer, esto fue fundamental para el “surgimiento de la revolución”, seguramente a los campesinos de Morelos, Puebla o Guerrero era otra cosa lo que les preocupaba. Estos pronto descubrieron la incapacidad de la élite gobernante para resolver problemas de “diferencia política”, lo que generó una desunión en el grupo maderista y su respectiva crisis por el prometido reparto agrario que no llegó. Precisamente fue la insistencia de los zapatistas lo que hizo de la “reforma agraria el problema social primordial de la época”. Esta era otro de los rostros de la Revolución.
Ahora bien, otro de los factores poco analizados en el conflicto revolucionario es el demográfico. Francisco de Alba nos dice que si hablamos de un movimiento popular, de grandes masas gritando por tierra y justicia, precisamente el crecimiento de la población conllevó la “disminución” de sus tierras y el respectivo colapso de la economía principalmente rural. El factor demográfico debe ser considerado en el análisis.
Por supuesto que el acceso y ejercicio del poder fue uno de los factores que dio especial fisonomía al movimiento revolucionario. Así como el prologado gobierno de Díaz puso fin a una constante sucesión de presidentes durante el siglo XIX, producto de una larga lucha por la construcción de la Nación (también con mayúscula), al momento de la derrota del régimen dio inicio otro periodo de sucesiones presidenciales frecuentes, arbitrarias y cortas (el caso más patético fue el de Pedro Lascuráin, cuyo periodo presidencial duró 45 minutos, en febrero de 1913).
Si hacemos el ejercicio de detectar a escala general lo que estaba en juego, es decir, señalar el argumento central del amplio y complejo conflicto revolucionario, lo ubicaríamos en la consolidación del Estado mexicano, en lo que también debemos considerar el papel del catolicismo. Éste se resistía a aceptar su exclusión de la esfera de poder, tal como lo había ejercido durante la colonia. Esta separación de lo civil y lo eclesiástico, con su momento más álgido durante las Leyes de Reforma (1855-1867), fue parte de un proceso de secularización que todavía en la lucha revolucionaria, y después, seguía bastante activo. De hecho, desde el discurso eclesiástico se consideró que la Revolución había sido una lucha por la exclusión de los católicos de la esfera pública, por lo que tenían que retraerse al culto privado, al interior de los templos y bajo la vigilancia y reglamentación del Estado. La persecución religiosa de los años veinte, incluido el conflicto cristero, fue, entre otras cosas, el claro “reclamo” por esa exclusión.
Durante el porfiriato, el poder presidencial era dado por la fuerza militar y las alianzas que el ejecutivo tenía con los caciques regionales, de este modo el control del país no lo respaldaba ni la Constitución ni algún partido político fuerte. Era el ejército uno de los principales artífices del dominio presidencial. En el movimiento revolucionario este organismo siguió siendo clave y garante del poder presidencial, incluso fue de la clase militar de donde surgieron algunos ejecutivos que irrumpieron en la escena revolucionaria. Precisamente la Constitución de 1917 dio al ejecutivo la posibilidad de un funcionamiento real, por lo menos mayor que el que otorgaba la Constitución de 1857, tal vez con el fin de evitar los gobiernos de carácter puramente militar.

Qué nos deja...

En el México hispano, y moderno, podríamos identificar tres movimientos de gran trascendencia: Independencia, Reforma y Revolución; estos tres fenómenos son identificados con una importante carga de participación popular y una relativa “continuidad de ideas: de nacionalismo, liberalismo…” Considerar que la Revolución representó un avance en el proceso histórico de nuestro país, sería confiar demasiado en los “modelos lineales de la historia” que parecen dirigirse siempre hacia el progreso. Desde luego que hubo cambios positivos, de los que rescatamos la “mayor presencia popular en la política”, claramente evidenciada en el corporativismo de años posteriores, aunque por su práctica haya merecido fuertes críticas. La nacionalización de ferrocarriles y la expropiación petrolera fueron muestras de una nueva distribución de la riqueza, que sin lugar a dudas son herencia directa del movimiento que marcó el rumbo político del siglo XX mexicano, y del que aún nos falta por mucho por comprender.  



Temas

Lee También

Comentarios