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Suplementos | Lampart fue el primero en buscar nuestra independencia del dominio español

Guillén de Lampart ¿en el Tec de Monterrey?

Lampart fue el primero en buscar nuestra independencia del dominio español, en los años de los mil seiscientos
Leyenda. El célebre Guillén de Lampart, pintado nada menos que por Rubens. EL INFORMADOR / P. Fernández Somellera

Leyenda. El célebre Guillén de Lampart, pintado nada menos que por Rubens. EL INFORMADOR / P. Fernández Somellera

GUADALAJARA, JALISCO (18/SEP/2016).- Pues sí, ahí lo pueden encontrar, en el tercer piso de la Rectoría de nuestra Alma Mater en la Ciudad de Monterrey.

Pero, ¿Quién es ese tal Guillén de Lampart, tan importante, tan valioso y tan desconocido personaje que hasta en el Monumento a la Independencia en México, con sólo bajar unas gradas, aparece su impresionante (y bella) imagen esculpida en mármol?

Les platicaré. Si bien en esta escultura casi se pueden sentir los elevados ideales de este incomprendido, culto y malogrado ser humano que, tan temprano como en los años de los mil seiscientos, por el hecho de buscar nuestra independencia del dominio español, y solicitar la libertad y la igualdad de indios, negros y esclavos con los españoles peninsulares fue quemado vivo en una hoguera, por la infame institución católica de aquellos tiempos llamada la Santa Inquisición, quien, después de haberlo tenido prisionero nada menos que por  ¡17 años! (1642-1659) en sus siniestros calabozos. Lo quemaron vivo en la plaza, acusándolo de inconcebibles tonterías como brujería, herejía y hechicería, siendo que lo que verdaderamente incomodaba a estos siniestros personajes, era la pérdida de su poder al independizarse de la España que los cobijaba; que se lograra la igualdad de las clases sociales; y que se denunciaran las injusticias y perversidades que ellos mismos cometían pretextando supuestas herejías -curiosamente contra quienes tuvieran activos y propiedades que pudieran ser confiscadas- o quienes les molestaran en sus intereses. De hecho uno de sus párrafos lo termina diciendo “…sacrílegos engaños hechos con la sombra de la infame fe”.

Increíblemente en los pensamientos y los alegatos de su siniestro juicio -que dada su cultura y preparación él mismo llevaba- siempre argumentaba y proponía las mismas ideas y principios de que se le acusaba. O sea que Guillén padecía por lo mismo que él proclamaba. Justicia entre los hombres. Fe a toda costa y ¡Solidaridad con el Catolicismo! de aquellos tiempos (¿?)  

Sí, pero ¿Qué tiene que ver el Tec de Monterrey en todo esto?  Pues que por fortuna, algunos de los papeles -de magnífico orden y pensamiento- que habían sido garrapateados con bella caligrafía, y usando plumas de gallina, tinta lograda con restos de cenizas, chocolate, tierras y cuanto pudiera encontrar en las cercanías de su mazmorra, que trabajosamente expresaba sobre viejos papeles desechados o pergaminos que se ingeniaba para conseguir, se encuentran cuidadosamente guardados y ‘paleograbados’, ya sea en la Biblioteca Cervantina ‘Colección Conway’ del Tercer piso de la Rectoría del Tec, o en los valiosísimos registros de la reciente (2010) y admirable Biblioteca Digital Mexicana “BDMx”  donde -asombrosamente- se pueden consultar por internet.

Dichos documentos proceden del “Baúl de Mechoacán” (milagrosamente rescatado por el Sr. Conway), especie de “archivo” que con miles de trabajos (lo imaginamos) pudo guardar el increíble Guillén de Lampart ò Guillén Lombardo, durante los larguísimos años de su infame prisión.     

Este admirable hombre de origen irlandés, tan desconocido por muchos de nosotros, tuvo la visión de, allá por los años del mil seiscientos y tantos, al ver las injusticias que conquistadores y colonizadores cometían contra los naturales, logró  la grandeza de redactar un valiente y avanzadísimo escrito (que pagó con su vida) al que le llamó “Proclama por la Liberación de la Nueva España de la Sujeción de la Corona de Castilla y la Sublevación de los Naturales”, que bien pudiera ser una primer y tempranísima “Acta de Independencia de México”, en la que no sólo exigía nuestra independencia, sino la libertad e igualdad de indios, negros y esclavos con los españoles: ¡Dos siglos antes que se iniciara este mismo movimiento en México!

Al darse cuenta Porfirio Díaz de lo  valioso de los pensamientos de este personaje, que pagó con su vida los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad -que Guillén deseaba para nuestra nación- se le hiciera justicia poniendo su efigie en un monumento dedicado a la independencia que él tanto deseaba. Es por eso que -con justicia- ahí se encuentra su figura, en un merecido primer plano; y sus documentos,  igualmente resguardados en un muy digno lugar de nuestro respetable y admirado Instituto Tecnológico.

Consúltenlos por favor, vale la pena conocer nuestra ‘verdadera’ historia.

pfs@telmexmail.com

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