Suplementos | Personaje de una época Gabriel Paz y el tiempo, el implacable Con ese nombre Cristina Martín Berlanga decidió escribir en un tiempo en que el periodismo era cosa sólo de varones Por: EL INFORMADOR 10 de noviembre de 2012 - 20:21 hs AYERES. Cristina Martín en su primer trabajo de periodista en México en 1948. / GUADALAJARA, JALISCO (11/NOV/2012).- Su historia recuerda a muchas historias. A la de Juana de Arco o de Dorothy Lawrence, la joven inglesa quien a los 19 años adoptó la identidad de Denis Smith para poder ser corresponsal de guerra. O Ann Bulkley a quien su sueño de ser médico la llevó a adquirir el disfraz del doctor James Barry. O qué decir de Amandine Aurore Lucile Dupin, mejor conocida como George Sand, la famosa escritora francesa. Así también nació Gabriel Paz, nombre con el que Cristina Martín Berlanga decidió escribir en una época, tan lejana para estos efectos, como el siglo XX, cuando bastante más allá de la primera mitad de ese periodo las mujeres no eran bien vistas como periodistas . Gabriel Paz firmaba las letras que Cristina Martín escribía. Ella nació en Madrid el 21 de febrero de 1921 y fue refugiada de la Guerra Civil Española en el norte de Francia, donde conoció a Gabrielle, una mujer que visitaba a los refugiados llevándoles alimentos y ropa. Gabrielle pugnaba por la paz (quizá Gabrielle fue la semilla de Gabriel Paz). Como muchos otros, estaba en contra de las guerras, pero su ejemplo inspiró a Cristina para que se inclinara por las letras desde los diez años. La historia de vida de esta periodista no es una historia dramática, más bien, es una cercana a la realización y al reconocimiento. Logró desempeñarse profesionalmente desde el año 1947 y comenzó a escribir para EL INFORMADOR hace aproximadamente 50 años. Sus palabras narraron acontecimientos de actualidad en México y otras partes del mundo desde la página editorial. En una de sus primeras columnas para este diario, en febrero de 1967, recorre el Castillo de Chapultepec, imagina a Carlota y Maximiliano caminando por el mismo terreno que algún día fue fortaleza de los Aztecas y que de alguna forma sería recuperado. “En este año que estamos viviendo se cumple un siglo del fin de esta grave aventura histórica que fue tragedia, no sólo para los equivocados príncipes Maximiliano y Carlota sino para el pueblo mexicano sometido a una cruenta guerra sometida por el capricho de unos extranjeros ambiciosos.”. Viajó mucho. Gabriel Paz, en su columna de apenas el pasado 15 de octubre dice: “A veces, en los ratos de insomnio me pongo a recordar aquellos días de ayer que deberían permanecer lentos, sin huir de nosotros, para traernos aventuras que no pedimos. “No somos magos ¡Si lo fuéramos! Me esforzaría en encontrar un día del ayer y detenerme en él. Por ejemplo el primer día que viajé en tren”. Cristina Martin Berlanga gusta de leer biografías, libros de historia, novelas clásicas y modernas, así como escuchar zarzuela y ópera, donde admira a Plácido Domingo, una herencia emotiva de su marido. Hoy se encuentra en Toluca. Su pluma, que sigue fiel a sus lectores, obliga a que Gabriel Paz declare: “Tenemos un principio y un fin”. “Se me alteró el equilibrio”, “el tiempo me vence”, ha escrito recientemente. Gabriel Paz mira en retrospectiva este 2012, aquejada por problemas de salud. En sus colaboraciones aborda el paso del tiempo, la familia, los sueños y las enfermedades. Una vida construida a punta de letras y aventuras, en un mundo que le exigió desde su origen ser absolutamente convencional. A su edad, con su alma y con sus intereses, imposible. Él se detiene a recordar aquellos días de ayer que debieron transcurrir lentos, que trajeron las aventuras que conoció y lo hicieron feliz. “Larga es la línea que mide mi siempre y mi nunca. Pero en estos días siento palpablemente que se acorta. Quedarán mis hermanos. Séanlo siempre. No os envidiéis ni peleéis. Sed como en los tiempos primitivos, que todo era de todos y al final nada era de nadie. Me doy cuenta de que nada tengo. Me iré de este mundo que tan bueno y bello puede ser”. Firma Gabriel Paz. Temas Tapatío Lee También Samuel Kishi y su cine que cruza fronteras y generaciones Un museo vivo: Experiencias y arte en el Cabañas La gran estafa que nos hizo “americanos” El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones