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Lunes, 20 de Noviembre 2017

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Suplementos | El contexto político en México empuja a la formación de bloques políticos rumbo a 2018

Fragmentación y alianzas

El contexto político en México empuja a la formación de bloques políticos y coaliciones rumbo a 2018
Una de las lecciones del Estado de México es: nadie puede solo. EL INFORMADOR / J. López

Una de las lecciones del Estado de México es: nadie puede solo. EL INFORMADOR / J. López

GUADALAJARA, JALISCO (11/JUN/2017).- En un influyente artículo publicado en la revista The Atlantic, Uri Friedman se preguntaba si la ola populista que invadía a las democracias occidentales no era simplemente mayor fragmentación política. El principal argumento del escritor era que, si analizábamos a fondo los últimos brotes de ascenso del populismo, nos daríamos cuenta que tienen su origen en la desintegración de los viejos partidos políticos y las ideologías clásicas. Holanda, España, Reino Unido, Estados Unidos y Francia se convierten en símbolos de esta pulverización ideológica.

Luego de las elecciones del domingo pasado en México, podríamos decir que la fragmentación política es un signo de nuestros tiempos. En el caso mexicano, la desintegración no obedece a una adecuación del sistema de partidos a la heterogeneidad social. Es decir, la pulverización de las preferencias políticas no es consecuencia de una transformación de las ideologías del país. Por el contrario, es el espejo de rupturas en la élite política misma. Si la transición a la democracia fue un pacto entre élites, el actual contexto político se explica por la ruptura al interior de la cúspide política. El plano cartesiano ideológico se mantiene intacto, pero la pugna entre las élites nacionales explica la fragmentación electoral que vivimos desde la elección de 2012.

En México existen tres grandes polos políticos. El primero, el nacionalista revolucionario. Que, citando a Juan Linz, “es más una mentalidad que una ideología”. Hegemónico por décadas en el PRI y en la izquierda. Ese polo es compartido por una parte del PRI, excluida de la actual dirigencia tecnocrática, un segmento amplio del perredismo y del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). En ambos partidos, tanto en el PRD como en Morena, el nacionalismo revolucionario supera a las tendencias que se alinean con una visión más de izquierda clásica. El segundo polo, es el centro-derecha tecnocrático que se divide entre las élites del PRI y un importante segmento de liderazgos en Acción Nacional (PAN). Por ello, el discurso de las reformas estructurales siempre fue un consenso entre ambos partidos políticos.

Y el tercer polo, es el conservador. Un eje ideológico que tiene mucha fuerza en el PAN, en segmentos del PRI, pero también en Morena. Lo vemos en los debates sobre los temas morales. Ideologías como el liberalismo clásico, en toda su extensión de la palabra, o la socialdemocracia, son minoritarias tanto a izquierda como a derecha del cartesiano político en México. Si nos fijamos, la fragmentación mexicana obedece a la división de estos polos políticos que explican la política mexicana desde los ochenta.

Si hacemos un promedio de lo que marcan las encuestas rumbo a 2018, veremos que la fragmentación difícilmente trastoca los equilibrios entre los polos. Si hacemos un comparativo con las preferencias electorales luego de la elección al Estado de México en 2011 y las actuales, se pone de manifiesto que el bloque Morena-PRD suma 33% (7 puntos más); el PRI 21 puntos (17 menos); y el PAN 28 (nueve puntos más). La implosión del PRI explica el fortalecimiento de sus rivales. Una parte del votante priista se movió hacia López Obrador en busca de opciones más cercanas al nacionalismo revolucionario histórico. Otra parte, también relevante, la más cercana a la tecnócrata de centro-derecha, opta por el PAN rumbo a 2018. Por lo tanto, a diferencia de 2006, cuando el enfrentamiento izquierda/derecha marcó los comicios, hoy la fragmentación invita a alianzas de otra índole.

Una de las lecciones del Estado de México es: nadie puede solo. El PRI retiene la Gubernatura con los votos de su cara franquicia, el Partido Verde. Morena no gana el Estado de México por no haber podido configurar una alianza con el PRD. Y lo mismo podemos decir del PAN, el derrumbe de la coalición con el Sol Azteca fue el prólogo de la profunda derrota de Josefina Vázquez Mota. Como sucede en otras experiencias electorales, en México la fragmentación política empuja a una primera vuelta electoral para formar coaliciones y una segunda vuelta en donde el ciudadano termine eligiendo por bloques o polos, más que por partidos.

Las alianzas en 2018 no serán optativas. Paradójicamente, la decisión que tome el PRD será fundamental. Me parece que más que una elección PRI/antiPRI, lo que veremos en 2018 es una disputa entre tres polos: el conservador; el centro-derecha tecnócrata, y el nacionalista revolucionario. Cada uno de los polos tiene su partido de gravitación-PAN, PRI, Morena-, sin embargo, de acuerdo a las encuestas, entre los tres alcanzan el 70-75% de la intención de voto. Los partidos pequeños jugarán un rol importante: PRD, MC, PVEM, Panal, PES. La fragmentación política obliga a las alianzas, a los acuerdos y a la negociación. Pasamos así del México de los partidos hegemónicos al México de los bloques políticos. Las alianzas definirán al próximo Presidente de la República.

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