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Filemón Santiago, en el Musa

Artes Plásticas

Por: EL INFORMADOR

Una extraordinaria muestra de arte pictórico. M. FREYRÍA  /

Una extraordinaria muestra de arte pictórico. M. FREYRÍA /

GUADALAJARA, JALISCO (31/JUL/2010).- Una extraordinaria muestra de arte pictórico compuesta por un centenar de obras originales del maestro oaxaqueño Filemón Santiago, quien hasta ahora era casi totalmente desconocido en nuestro medio, pero que ha irrumpido aquí como un ejemplo más de la diversidad y riqueza del arte figurativo en nuestro país, y particularmente de la reconocida escuela oaxaqueña de pintura, es la que se puede apreciar en el Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara.

La parte primeriza de la obra de este expositor, cuya totalidad abarca poco más de tres décadas de labor, desde fines de los setenta hasta la actualidad, se encuentra obviamente influenciada por la ineludible presencia de los grandes iconos del arte oaxaqueño, como Tamayo, Toledo, Nieto, et ál, tal como se puede apreciar en las detalladas acuarelas y pinturas de atmósfera primitivista, de esa rupestre frescura de raigambre autóctona regional, producto de exploración de la veta de las tradiciones, mitos y leyendas zapotecas que involucran seres humanos, animales y naturaleza, para proyectar así una misteriosa y sugerente imaginería.

Sin embargo, a raíz de la inmigración y prolongada estancia en Chicago, el joven pintor, al abrir los ojos hacia lo exterior y bajo el poder de otros ascendientes pictóricos de relieve universal, principalmente grandes maestros de la pintura metafísica y del expresionismo, puede verse que su obra, ya libre de tantas adherencias fantásticas y connotaciones étnicas, adquiere solidez e individualidad; su figuración se vuelve más precisa y con ello gana en vigor y hondura expresiva.

Mas al retornar, al volver al terruño, tras 15 años de estancia norteamericana, puede apreciarse que Santiago retoma sus ancestral raigambre, pero ya convertido en un maestro dueño y señor de una obra creativa personal, lograda con imaginación, sentimiento y perfección, y enriquecida con todo un cúmulo de experiencias visuales y anímicas, y que se manifiesta a través de abigarradas y colmadas composiciones, que adquieren a veces la monumentalidad de una pintura mural transportable, o que en lienzos de menores dimensiones, no deja de poseer riqueza de contenido, variedad de temas y un magistral tratamiento de figuras humanas, que siguen siendo lo esencial de cada obra; todo ello inmerso en apretadas atmósferas, colmadas de símbolos, efectos visuales, enigmas y misterios.

En suma pues, esta exposición es una muestra cabal de la evolución de un verdadero pintor, dotado naturalmente para ejercer y sentir el color, dominar el contorno y volumen de todo género de formas y figuras; sacudido por intensos espasmos fantásticos y dueño de una capacidad para interrogar e interrogarse a través de expresiones plásticas que rezuman interioridad expresiva y atrayente belleza exterior.

FoLé en el Espacio del Arte

El cultivo de la pintura que traspasa los límites de la realidad convencional, que al impulso de la turbulenta fantasía desemboca en el campo de la irrealidad transfigurada y arbitraria, y deviene en una amplia variedad de imágenes tan extrañas cuan desconcertantes, continúa hoy, pese a haber sido convertido 100 años ha, en un sistema o corriente académica llamada surrealismo, tan vivo y actual como siempre, y así habrá de seguir, puesto que es un campo de cultivo tan ilimitado como el número de cultivadores dotados para ello quieran adentrarse en él.
Ese es el caso del joven capitalino, pero estrechamente vinculado al ambiente plástico local, Eduardo Fonseca López (FoLé) quien en estos días ha puesto a consideración del público una muestra restrospectiva de su obra como dibujante, pintor y ceramista, en el Espacio del Arte GDL (Avenida Alemania 1468) de esta ciudad.

Ahí, el visitante podrá encontrar una colección de retratos imaginarios, de invenciones fantasmagóricas, de paisajes misteriosos, de ilustraciones de cuentos de hadas, de formas y figuras en fin, afincados -como digo- en la noción de lo insólito y lo arbitrario, pero cuyos valores oníricos, están como debe de ser, respaldados y validados por una manufactura pulcra, expresada mediante el manejo hábil del dibujo, por la aplicación del color, a veces reducido a tonos sombríos, a veces de un estridente cromatismo, pero siempre igual de atinada y sensiblemente aplicado, todo lo cual hace que su obra atraiga la curiosa mirada de algunos espectadores, y a otros los induzca a acompañar al autor en ese viaje “folesco”, lúdico, mágico y misterioso, abierto, como toda pintura fantástica, a infinitas experiencias e interpretaciones.

Tapatío

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