Suplementos | La posesión demoníaca tiene una analogía con los milagros Exorcismo en el siglo 21 La posesión demoníaca tiene una analogía con los milagros Por: EL INFORMADOR 5 de febrero de 2011 - 11:58 hs En primer lugar, un milagro, en sentido estricto del término, tiene como propósito verificar la obra de Dios y para que un acontecimiento sea aceptado como milagro por la Iglesia, debe satisfacer una serie de requerimientos. El acontecimiento se somete a profundo estudio por parte de expertos teólogos, y su estudio puede durar meses o años. En el caso de la posesión, ocurre algo semejante. El caso se estudia concienzudamente y se pide el diagnóstico clínico de expertos que puedan determinar si existe un caso real de trastorno de identidad disociativo o algún síndrome asociado con experiencias traumáticas y, en caso contrario, se presume que puede existir la posesión. Y también, como en el caso de los milagros, debe estar expresamente relacionada con la religión. De acuerdo con la psiquiatría los criterios diagnósticos que debe satisfacer una persona sospechosa de posesión son: (1) Ante lo sagrado o religioso se presenta una amplia variedad de sensaciones que van desde el fastidio hasta el horror, y desde una leve expresión de molestia hasta la manifestación de ira y furia. (2) En los casos extremos, el horror lleva a accesos de furia, acompañados de blasfemias o insultos dirigidos hacia el objeto religioso que se ha situado en la proximidad. (3) El poseso, durante los episodios agudos de manifestación de ira furiosa, pierde la consciencia y cuando vuelve en sí no recuerda absolutamente nada. Sin embargo, aunque la persona presente amnesia total sobre el episodio, durante éste sufre un cambio de personalidad mientras dura el acceso de furia. Durante el trance emerge una segunda personalidad. Esa segunda personalidad siempre tiene un carácter maligno; las manos se crispan y la persona articula la voz llena de odio y rabia. Esta es la razón por la que el trastorno de identidad disociativo o la esquizofrenia se relacionan con la posesión demoníaca. Acabada la crisis furiosa, la persona vuelve lentamente a la normalidad, de manera similar en cuanto al tiempo y al modo que se observa en el regreso de un estado de hipnosis al estado normal de la conciencia. Fuera de los episodios de furia en que surge la segunda personalidad, la persona lleva una vida completamente normal, sin que esta patología afecte a su trabajo ni a sus relaciones sociales. El sujeto aparece como una persona perfectamente cuerda, no oye voces internas, ni siente que algo le corre bajo la piel. Lo verdaderamente relevante es el hecho de que en los momentos de mayor furia, aquellos en los que irrumpe la segunda personalidad, la presencia de una identidad distinta toma control de la conducta de la persona que entra plenamente en la descripción de esta patología de la disociación. Esta segunda identidad siempre aparece con unos rasgos distintivos: habla con rabia, con ira, manifestando un gran odio hacia todo lo relativo a la religión. En algunos pacientes esta segunda identidad es locuaz, en cuyo caso manifiesta procacidad y blasfemia. En otros, la segunda identidad es casi muda, habla en contadas ocasiones y de un modo extremadamente lacónico. Sus intervenciones cargadas de odio y tensión tienen en común con el tipo anterior en que la voz cambia por efecto de esa ira contenida. Los casos reales de posesión, así como los milagros, no ocurren de manera cotidiana. Lo que es un hecho evidente es que el Diablo nos ataca por medio de las tentaciones y nos incita a la concupiscencia; pero Dios nos da la gracia para resistir y vencer, por lo que no podemos culpar al maligno por nuestros pecados. Somos totalmente responsables de ellos y en el caso extremo, de que Satanás habite en nosotros pero sin poseernos. Ya Juan Pablo II nos recordó cuáles son las armas de los cristianos contra Satanás: “la oración, los sacramentos, la penitencia, la escucha atenta de la Palabra de Dios, la vigilancia y el ayuno”, pues el mundo entero está bajo el poder del maligno (1Jn 5, 19) e intenta seducirnos con sus engaños. Revistámonos de la armadura de la luz (Ef 6, 11) y pidámosle a Dios nuestro señor que nos dé la fuerza necesaria para oponernos a los demonios y hacerlos huír (Stg 4, 7) manifestándonos como verdaderos cristianos para gloria de Dios y de Jesucristo su único Hijo. Que el Señor nos bendiga y nos guarde. Antonio Lara Barragán Gómez OFS Escuela de Ingeniería Industrial Universidad Panamericana Campus Guadalajara alara@up.edu.mx Temas Religión Fe. Lee También La gran reunión mágica Romería: Los kilómetros al ritmo de la fe ¿Qué día es la Romería 2025 en Guadalajara? No habrá ley seca durante Romería 2025 Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones