Miércoles, 15 de Octubre 2025
Suplementos | Movimientos políticos opinan que para Andrés Manuel, la tercera es la vencida

¿Es el momento de López Obrador?

No falta quien dice que los sorpresivos movimientos políticos en el mundo pueden operar a favor del tabasqueño para que la tercera sea la vencida

Por: EL INFORMADOR

López Obrador estará en la boleta presidencial en 2018. EL INFORMADOR / J. López

López Obrador estará en la boleta presidencial en 2018. EL INFORMADOR / J. López

GUADALAJARA, JALISCO (04/DIC/2016).- El año que se nos va seguramente será recordado como el de los imposibles. Murió Fidel Castro. Reino Unido decidió abandonar la Unión Europea y un racista manifiesto gobernará el país más poderoso del mundo. Colombia votó en contra de un acuerdo de paz y hasta el PRI perdió Veracruz. La política pasó de ser el arte de lo posible, a convertirse en el arte de lo impensable. La ola de indignación que recorre el mundo, y particularmente a Occidente, ha provocado que aquello que parecía una broma de mal gusto, ahora sea la más tozuda de las realidades.

Entre los escombros quedan los encuestadores, los pronósticos, los analistas políticos y media humanidad que nunca creyó en vuelcos tan improbables.

Desde la victoria de Donald Trump, la pregunta que está en el ambiente político es: ¿Será el momento para López Obrador? ¿La indignación puede permitirle llegar a Los Pinos en 2018? No es fácil responder concluyentemente a estas preguntas. Existen factores que juegan a favor del “Peje”, pero hay otros elementos que siguen constituyendo pasivos de su candidatura. Es cierto que, al día de hoy, López Obrador es el candidato antisistema mejor colocado de cara a la elección. Ni la candidata indígena zapatista, y menos algún independiente, están en condición de pelearle ese nicho electoral.

Sin embargo, el temor a un López Obrador Presidente sigue vivo en una parte de la clase media que, aunque indignada y enfurecida con los políticos, no abraza del todo el cambio propuesto por el líder del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Desde mi punto de vista, cinco elementos conspiran a favor de López Obrador. En primer lugar, un discurso simple -pero no por ello poco efectivo- que conjuga combate a la corrupción y una apuesta decidida por la austeridad. Si revisamos “los lineamientos básicos del Proyecto Alternativo de Nación 2018-2024”, nos daremos cuenta del énfasis del ex jefe de Gobierno de la Ciudad de México en aplicar medidas de austeridad, reducir burocracias alejándose de la visión tecnocrática del combate a la corrupción con frases como la siguiente (punto 10 de 50): “Ante la crisis de México, la honestidad es nuestra tabla de salvación. Vamos a convertir esta virtud en forma de vida y de gobierno.

Nuestra propuesta es acabar con la corrupción, no solo reducirla, sino erradicarla por completo”. Más que sistemas anticorrupción, contrapesos o incentivos, López Obrador habla de “honestidad”; puede estar bien o mal su diagnóstico, yo creo que es incompleto, pero la medicina suena más digerible para el común de los mortales, que la narrativa compleja y burocrática de otros candidatos. México es corrupto porque está gobernado por una clase política deshonesta, ésa es la sentencia de López Obrador.

Segundo, es el único candidato que enarbola un discurso anti-élite. En paralelo a lo que sucede en otros países, en México, el “Peje” es quien opone al pueblo con la “mafia del poder”, una trama corrupta de políticos y empresarios que saquean al país. Ni Margarita Zavala y menos el PRI, tienen una narrativa de esas características que, por su acepción populista-en sentido descriptivo y no peyorativo-, es capaz de traer hacia sí el caudal de ira e indignación acumulada en buena parte de la sociedad mexicana. Tercero, López Obrador es un sui generis candidato de izquierda. Si revisamos los 50 puntos, hay una serie de propuestas que chocan abiertamente con los postulados tradicionales de la izquierda. Por ejemplo, bajar los precios de la gasolina y el diésel (punto 24). O, ni un peso más de deuda, sin importar para qué (punto 10). Estas “contradicciones”, le permiten a López Obrador abanderar una agenda con fuerte contenido de austeridad y saltarse decisiones costosas como subir impuestos.

Cuarto, López Obrador entiende que la corrupción tiene hartos a los mexicanos, pero lo que en realidad los fustiga, son los privilegios de la clase política. El “Peje” puede ser atacado por demagógico o por incoherente, pero nunca por faltar a una vida austera, sin excentricidades de ningún tipo. Ni autos caros ni lujos que suelen ser vistos como excesos de una clase política ostentosa e insensible. Desmantelar los privilegios de la clase política, es uno de los activos que tiene López Obrador en sus manos.
 
Y quinto, la indignación puede matizar el miedo. 2016 nos ha dejado una estela de imposibles que se construyeron también ante la ineficacia del discurso del miedo. En todas las elecciones importantes del mundo, la opción antisistema ganó adeptos o, de plano, avanzó políticamente. En un clima de indignación con la política y los políticos, la estrategia de atemorizar al posible votante de López Obrador para influir en su voto, puede ser menos eficaz que en 2006 o en 2012.
 
Empero, no podemos olvidar los pasivos, todo eso que conspira en contra de sus posibilidades de ser Presidente. También, cinco. Al “Peje” le sigue faltando que las cuentas cuadren: credibilidad. Para ampliar su electorado, es fundamental que lo que promete sea coherente y tenga realización práctica. Sea factible y creíble para el común de los mexicanos. Si nos metemos a los 50 puntos que propone, parece que todo se resolverá con austeridad gubernamental y combate a la corrupción. Sin embargo, si van a bajar las gasolinas, los impuestos y no habrá ni un peso de deuda, no me queda claro cómo se financiará el proyecto alternativo que propone para 2018-2024. Uno de los grandes déficits del proyecto de López Obrador es precisamente la falta de credibilidad sobre algunos planteamientos que no están cimentados en datos duros.

En segundo lugar, su concentración geográfica le pone un techo electoral que ya conocemos. Si López Obrador no conquista a los jóvenes, a las clases medias y a las mujeres en Guadalajara, Monterrey, Tijuana, Puebla o Chihuahua, difícilmente podrá competir. Para ello, debe transitar de planteamientos de molde nacionalista-revolucionario, a programas más urbanos, liberales y de vanguardia.

Con la Ciudad de México y algunos enclaves en el Sur, López Obrador se volverá a quedar corto. Y en los lineamientos presentados el 20 de noviembre pasado, vemos escasos guiños a estos segmentos de la población, abstencionistas tradicionales, pero que bien podrían salir a votar por un candidato que hable su idioma.

Tercero, López Obrador tendrá muchas dificultades si no logra unir a la izquierda detrás de su candidatura. Por más que los desprecie, el PRD y MC son fundamentales para su coalición electoral. Excluirlos podría significar mandar al PRD y, posiblemente a MC, a los brazos del PAN. Si con la izquierda unida no ha podido ser Presidente, imaginemos con la actual fragmentación.

Cuarto, el miedo sigue vivo. Es cierto que pocos consideran que López Obrador sería Hugo Chávez o Fidel Castro, pero es innegable que las clases medias y altas tienen suspicacias sobre los límites de un López Obrador en la Presidencia. Incluso, presentar con anticipación su proyecto de Gobierno, aunque sean los lineamientos básicos, es un mensaje de certidumbre ante las dudas que despierta su candidatura en algunos sectores de la opinión pública. En los lineamientos hay matices e incluso cambios de postura.

Seguramente López Obrador y su equipo de asesores hizo un balance de la elección pasada y entendió que el discurso del amor y la reconciliación (la república amorosa) como antídoto para contrarrestar su imagen de candidato de confrontación, llegó tarde y no fue suficiente para hacerse con la Presidencia. Creo que lo que están haciendo ahora es actuar con casi dos años de anticipación para reducir lo máximo posible el escozor que causa su candidatura. Por ejemplo, punto18: “En el terreno de lo programático, actuaremos con el mayor realismo político. Nada de ocurrencias o engaños; habrá claridad de propósitos, estrategias bien definidas, prioridades y metas de corto, mediano y largo plazo.

Un gobierno debe convocar a la esperanza, pero sin caer en falsas promesas, porque perdería autoridad moral y terminaría enredado en su propia demagogia”. Que un candidato se comprometa a no caer en ocurrencias, nos dice mucho de las suspicacias que genera entre muchos mexicanos.

Quinto, y último, López Obrador tiene un proyecto muy débil en materia de combate a la inseguridad. No sabemos si ésta será la principal preocupación de los mexicanos en 2018, pero es de llamar la atención la vaguedad de sus planteamientos. Punto 49: “Cambiar por completo la estrategia para atender el problema de la inseguridad y la violencia. El eje fundamental en esta materia será la mejoría de las condiciones de vida y de trabajo. Habrá coordinación entre las corporaciones policiacas, perseverancia, inteligencia, pleno respeto a la legalidad y a los derechos humanos, se evitará el contubernio entre autoridades y delincuentes”. Puntos comunes y poco más. Podemos estar a favor o no de su proyecto de combate a la desigualdad, al desempleo o a la corrupción, pero lo tiene y se puede debatir sobre una base. En el caso de la reducción de la violencia, López Obrador no ofrece nada nuevo ni siquiera una narrativa propia.

López Obrador estará en la boleta presidencial en 2018, como ha estado desde 2006. Para él, el “timming” es ideal. Una sociedad harta de la corrupción y de los privilegios; cansada del contubernio y la ineficacia de la clase política. Es miel sobre hojuelas para el tabasqueño. A pesar de ello, las tendencias demoscópicas marcan una elección en donde la fragmentación será el signo inequívoco y en donde la capacidad para concretar alianzas puede definir la carrera presidencial.

López Obrador ya ha tenido el viento a favor y errores infantiles lo descarrillaron. Sin embargo, la vida y la política siempre dan una segunda oportunidad. ¿La tercera será la vencida?

Tapatío

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