Lunes, 20 de Enero 2020
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Entre la fe y la política

Por política se entiende toda actividad de quien vive en comunidad y no puede subsistir solo; el ejercicio en la vida pública de los derechos y deberes humanos

Por: EL INFORMADOR

     Desde una perspectiva bíblica, la fe es el sí vital a Cristo; la interiorización adulta de la Buena Nueva, al Evangelio, conectada con el núcleo de intereses personales, con la opción fundamental y las vivencias del creyente; la unión, el seguimiento y la proyección de Cristo como una configuración coherente a sus misterios; la unión de amistad manifestada en el seguimiento de Jesús; y con la proyección de Cristo en toda la vida personal, familiar, profesional y social. La fe es, definitivamente una respuesta comprometida ante Dios y ante los hermanos; en pocas palabras, un Evangelio aceptado y traducido a la vida total.
     Por política se entiende toda actividad de quien vive en comunidad y no puede subsistir solo; el ejercicio en la vida pública de los derechos y deberes humanos.
     Ahora bien, es preciso no confundir “la política” con “lo político” de la comunidad y el hombre, lo cual comprende el conjunto de las estructuras y de las relaciones que permiten a un grupo humano subsistir y desarrollarse con verdadera autonomía y libertad; expresa la relación entre el poder de mandar y de hacerse obedecer; incluye también las relaciones de ayuda, amistad, competencia, enemistad, etc.
     Los puntos de convergencia entre la política y lo político, son, entre otros, el bien común, las leyes de la Nación, la autoridad, etc.
     Esto se entiende; sin embargo, los problemas se presentan cuando no se tienen bien claros y precisos los conceptos, o se tergiversan intencionalmente, como lo señalamos a continuación.
     A la fe se le ha entendido como un sentimiento religioso más, como un refugio alienante, “opio del pueblo”, que agrada y da seguridad. Como un credo ritualista ocasional, una costumbre folclórica y tradicionalista reducida a actos sociales. Así mismo, como el cumplimiento de unas prácticas piadosas o de unas normas cristianas de moralidad. En el otro extremo, se confunde la fe cristiana con una ideología social, política o moralizante.
     También sobre el concepto de política existen interpretaciones equivocadas. Muchos confunden este vocablo con la actividad política partidista, teniendo una visión distorsionada de los deberes y derechos de toda persona humana, con su vocación comunitaria y su capacidad para desarrollar sus potencialidades gracias a las relaciones que puede ejercer en la vida pública, y que comprenden lo familiar, lo profesional y lo cívico        
     Es preciso, entonces, formar al pueblo tanto en su fe, los que la profesan dentro de la Iglesia Católica, como en política; así mismo, aclarar muy bien los conceptos para que se eviten manipulaciones del leguaje.
     Ahora bien, debería ser exigible a quienes participan activamente, de una manera u otra en política, la coherencia, especialmente aquellos que se dicen católicos y que creen que política y moral son irreconciliables, o que piensan que ésta es una actividad contraria a la moral cristiana por su realización viciosa. Y desde luego, a aquellos que se aprovechan de cualquier situación para manipular la opinión pública, para sacar provecho en bien personal o de su partido.
     El Evangelio de hoy nos habla de la Ascensión de Jesús al Cielo, no sin antes haber instruido a sus apóstoles en cuanto a la continuación de su obra liberadora y salvadora de los seres humanos integrales e integrados. Jesús los envía a evangelizar, y evangelizar es un asunto que involucra a toda la persona en todas las áreas en las que se desenvuelve, porque Él no salva sólo almas, salva personas.
      Por ello la evangelización incluye el aspecto político de la persona. Por ello, por el simple hecho de ser persona, tiene derecho de “hacer” política, aunque con la salvedad, establecida en las propias leyes de la Iglesia, en el caso de ministros de culto, de una política partidista.
     Participemos todos, pero de manera madura y concienzuda, de acuerdo a los lineamientos que aquí hemos propuesto.

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx

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