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Domingo, 17 de Noviembre 2019
Suplementos | De FILias y Fobias

Entre cuarentones y veinteañeros

Noviembre a punto de terminar, el invierno se acerca de puntillas

Por: EL INFORMADOR

Noviembre a punto de terminar, el invierno se acerca de puntillas, pero antes que eso suceda, imposible no recomendar a los veinteañeros que se acerquen a la Feria Internacional del Libro que hoy inicia. Me queda claro que es una recomendación inútil, es de todos sabido que estamos frente a una generación que no ha leído más de tres libros en su vida, incluidos el catecismo y la sección amarilla, dejando claro que ninguno de esos dos lo terminaron; investigaciones recientes realizadas por “La araña” afirman que no leen porque temen caer en un estado de coma inducido por el aburrimiento que les produce cada punto y aparte, de ahí su fobia por los libros. Asumo entonces el riesgo de sonar un tanto cuanto patriarcal, pero es sólo en el ánimo de combatir esta actitud pusilánime ante la lectura que han adoptado como distintivo generacional.

Cuando niños, transcurrimos por la existencia aconsejados por los hermanos Grimm, claro que no tienen idea que ellos escribieron Cenicienta, Blancanieves o El Gato con botas, pero no importa, les cuento que después nos embarcamos en grandes aventuras dirigidos por Julio Verne que nos llevó en una travesía de 20 mil leguas de viaje submarino o Viaje al centro de la tierra. Dickens nos hizo felices con su Cuento de Navidad y Mark Twain nos presentó a Tom Sawyer mucho antes de que Lost saliera al aire. Ya menos infantes, Alejandro Dumas nos contó del Conde de Montecristo, -que no es pariente del Duque de Tlaquepaque- y supimos de Los tres mosqueteros, para luego advertirnos de lo que nos sucede hoy, “20 años después”…

La adolescencia nos pegó durísimo gracias a Gibran Jalil o Herman Hesse con Demian y El lobo estepario; Hemingway nos explicó Por quién doblan las campanas; gracias a Irving Stone nos enteramos del chisme completo que llevó a Van Gogh a cortarse una oreja en Anhelo de vivir y Huxley nos propuso Un mundo feliz que aceptamos gustosamente.

A su edad, Gabriel García Márquez nos recetó Cien años de soledad, eso revela po rqué les parecemos tan rucos, -aunque en realidad apenas pasamos de los cuarenta-, Mario Benedetti nos quitó el aliento con La tregua, -por eso nos cuesta un poco subir tantos escalones- y Julio Cortazar nos recordó como jugar Rayuela -lo que explica estas líneas en nuestros rostros que ustedes socarronamente llaman arrugas-.

¿Si les digo que Harry Potter o El Señor de los Anillos primero fueron libros, antes de ser películas se animarían a leer algo? De no ser así, lo único que me queda es la rendición total, no sin antes agradecer a aquellos que nos enseñaron a leer, cuando no a vivir.

Nos vemos en la FIL, ¿a ver quién falla?, si ustedes o yo… -diría el Tío Carmelo-, esta vez con las certeza otorgada por un amable lector que me hizo llegar a mi correo una pizca de memoria, para él, mi agradecimiento por tan fino detalle.

Ricardo santos

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