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Lunes, 18 de Diciembre 2017
Suplementos | Segunda parte

Entre cuarentones y veinteañeros

La máquina del tiempo

De nuevo a casa, ya fuimos a la peluquería, o sea a “El Sillón”, pero de nuevo a la regadera y esta vez, el atuendo es de gala: camisa con cuello como de sacerdote, pantalón de mezclilla -Jordache o Sergio Valente como en una ocasión ya habíamos dicho-, por supuesto calcetines blancos y loción, mucha loción: Vetiver o Aramis según el estado de ánimo. Y a instalar los espejos de nuevo en el coche para iniciar una ruta bidireccional que va del Plantation al Osiris.

En ambas Discos -que no antros-, la pista está iluminada, sobre nosotros gravita una esfera con espejos que proyecta puntos de luz sobre la muchedumbre que baila al ritmo de los acordes de Rod Stewart, Barry Manilow, KC and the Sunshine Band, Tina Turner, Super Tramp o Peter Frampton, envueltos en una nube de humo. De repente nos proyectan una luz intermitente de alta velocidad -estrobos para los expertos pues- que hace parecer que bailamos en cámara lenta pero hay quienes se marean. Ellas vienen con vestidos de camiseta del Patín, mallas untadas con calentadores en tonos fosforescentes y una tiara color metálico en la frente, o bien esos vestidos que se enrollaban por la cintura y uno no podía dejar de imaginar qué pasaría si se les desataba... Eso sí, cada quién baila con su cada cual y aunque podrá haber cambios de semana a semana, nunca veremos que cada quién baile con su cada quién ni a cada cual con su cada cual...
Es la una y media de la mañana, hay que salir zumbados -pero les recuerdo que Patria todavía no estaba abierta, y ni López Mateos ni Lázaro Cárdenas eran utilizadas como pistas de carreras-. Ahora habrá que entrar a casa sin hacer mucho ruido, de lo contrario las consecuencias pueden ser catastróficas. Domingo en la mañana, antes de presentarse a desayunar... Sal de uvas Picot y en la mesa uno evade la consabida pregunta “¿A qué hora llegaste anoche?”. “¡¡¡Temprano!!!”, parece ser la respuesta menos comprometedora y uno se levanta de la mesa para ir -por sexta vez en la semana- a lavar el coche. Apenas empieza la faena cuando descubres que los “baby tornado” han desaparecido de nuevo... Una vez que se nos pase el disgusto, veremos la forma de hacernos de unos “Dino Ferrari” pero eso significa decirle adiós a la próxima quincena. Pero lo bueno es que no perdimos el celular, ¿saben por qué? Simple y sencillamente porque todavía no lo inventan, y por esa misma razón tampoco nos veremos haciendo desfiguros en Youtube ni aparecerán publicadas en Facebook las fotos con todos nuestros amigos en estado de placa de trailer... ¡Hasta atrás!. Benditos años ochenta, lo que sucedía se quedaba donde había sucedido. En fin.

Ricardo santos

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